viernes 25 de diciembre de 2009

Dios lo sabría

La locura es andar
en tercera persona
por un pasillo cargado de laberinto
que vedado nos está palpar con los ojos
y por donde nuestros pasos entretejen otro
por donde también sordamente caminamos.

La locura es una metáfora abierta
(Dios lo sabría, Dios también lo es)
mas ella no es
metafórica,
(no-es-creadora).

La locura
es golpear con todas las fuerzas
el aire que expulsa
el espasmo de un muerto.

La locura no es broma
es una brutal burla mal hecha a la vida
y ésta usa en su contesta,
por los siglos de los siglos,
a los áliens de la alienación:
los de firmes cuerdas,
los cuerdos,
las fieras cuerdudas;
marginando,
machacando,
deshaciendo lo deshecho,
desechando lo desarmado,
lo sólo solo desamado

La locura es hasta dónde puede llegar
un exilio del alma,
es hasta donde lenta, mansamente,
el amor entre el alma y la muerte engendra
las viditas que nos sobreviven,
llenándonos los días
con hojitas de muerte,
ya casi tan
tan muertas.

La Muerte

Día a día el miedo me abrazaba, me alimentaba aburridamente lo mejor posible, había olvidado mis sanos oficios por el ocio del cuidado a mí mismo (tal vez un pie cortado, tal vez un golpe en la cabeza...)
He sufrido los cuidados excesivos de todos mis allegados desde que, más curioso e inocente que temeroso, dirigí la pregunta al oráculo Clepsidra. Contestó, sobre mi muerte: "larga y dolorosa", cerró los ojos y soltó una lágrima.

Desde ese día busqué eliminar mis costumbres para eliminar tan sólo una de la concatenación de causas por las que moriría así, sabiendo con terror que hacerlo podría ser también una causa necesaria para el fin que ciegamente creí futuro.

Sin embargo, hubiese sido ahogado bajo el mar; hubiese sido despellejado por cimarrones, hubiese muerto torturado o perdido mis extremidades atado a caballos, pero no así, ¡no así!, ahora que termino mi testamento, pues sé de mi muerte bella y tranquila (me quedaré dormido), descubro que el fin largo y dolorosa empezó desde la infame sentencia, al fin tan bien cumplida por mi voluntad de morir larga y dolorosamente hasta la muerte.

domingo 20 de diciembre de 2009

Seguración

Tengo gorriones de pechos vacíos,
comunidades de sitios de lugares comunes.
Tengo hemorroides en la cabeza,
atrofia muscular donde a veces circula sangre,
donde otras se sangra, donde otras se sangran, (habitualerías),
y una naricita narcisista,
con fe en la literatura (en mí literatura)
Unos concursos cerrados que todavía pierdo.
Un temo en la punta de la lengua
un yerro perpetuo en el andar
y en la vaina de los labios
tu boca
que me tiembla
pero que ya la escribí.

Con el cerebro revoloteado, leo al amigo Freud (hay que parodiarlo para que no sea tan terrible) y descubro cómo hace Dostoievsky para creer en Cristo. Lo que quiero decir seguro lo pensó, pero no lo vi escrito.

Leemos en Dostoievsky y el parricidio: “el criminal es para él (Dosto) casi un redentor que ha tomado para sí la culpa que los otros habrían de llevar. Después que él ha asesinado, ya no hace falta asesinar”. Ahora bien, ¿qué sucede con Cristo? Oímos que Él se sacrificó por nosotros, que él nos salvó de la muerte muriendo. En Los Hermanos Karamazov, Dimitri, Aliosha e Iván (antes de, casualmente, enloquecer), en boca de Aliosha, son los parricidas: todos desearon la muerte del padre aunque otro, el hijo enfermo y no reconocido, lo haya hecho. El punto de contacto con Cristo es este proceso hacedor, de realizador de la acción que el portador de la neurosis no puede llevar a cabo: matar o morir. Y entre matar o morir (la muerte del padre y la muerte de Cristo) hay un punto de contacto, lo vemos también en el textito de Freud: “tú has querido matar al padre para ser tú mismo el padre, ahora tú eres el padre. Pero el padre muerto”. La metáfora de Cristo se lleva a cabo en la realidad de Dostoievsky: el hijo de Dios (el terrible padre culturalmente moralizador) tiene el súperyo exacerbado, la impresión que el padre hace en ese súperyo lo lleva hasta la muerte. En Dostoievsky sucede exactamente lo mismo, pero con los ataques epilépticos (histéricos), con el castigo que se genera a sí mismo a la hora de jugar de más... Por eso un tipo tan inteligente no pudo correrse de la sumisión de la religión, era un lugar de refugio para no terminar como Ivan Karamazov. En Ivan seguramente está el terror de Dostoievsky a la locura, a la psicosis, ya que justamente este personaje es el anarco nihilista.

jueves 17 de diciembre de 2009

La justicia hace humo

Prohibido fumar, decía el cartel del hospital. El doctor P. apagó el cigarro y entró, ya se imaginaba mofándose de las consultas estúpidas que le hacían en la guardia. Una vez dentro, el primero ya le llamó la atención: “no tengo erección con mi mujer hace añares”. El facultativo reconoció el problema y le propuso un ejercicio al recién ingresado.
Admitiendo el incomprensible comportamiento del doctor P., el paciente comenzó a frotarse las manos cada vez más rápido y más fuerte, a ver si la patología, el porqué de tantos años sin erección con su pareja estable, saltaba de una vez, se elevaba hasta la luz. Pasados los minutos le ardía de la fricción, al docto sólo se le inmutaba la comisura de los labios; a la hora, empezaba a sangrar, el docto, un poco preocupado, nada. Hasta que de repente empezó a salir fuego, ahí el supradicho P. dejó el diario, y con los ojos y la boca increíblemente abiertos, puso la atención sobre paciente, y se la quemó. “¡Pare, deténgase!”, gritaba cuanto lo dejaba la tos a causa del humo, que misteriosamente se elevaba hasta tomar, a vista del doctor, la difusa forma de un pene flácido. Consternado, el doctor descubrió cómo a medida que aumentaba el humo se volvía ese penecillo más fornido y poderoso, tal fue su asombro que ya no quiso que se detuviera el paciente, es más, echaría el diario, su anotador, su guardapolvo, todo al fuego para avivarlo. El pene de humo, fortísimo, una vez terminado, salió volando de la habitación a parar quién sabe uno dónde. El doctor, casi muerto de asfixia, vio cómo el cuerpo del paciente, ahora hecho ceniza, se desplomaba y luego desparramaba por el suelo limpio y blanco de la guardia. Insultó un poco por la mugre, tomó otro diario del servicio, volvió al consultorio, y lo prendió fuego (al diario) a ver qué pasaba. El humo parecía dispersarse por la sala con total normalidad, nada pasaba. Nadie le creería. Juntó con pala ceniza y frustración, prendió un cigarrillo, hizo un círculo con el humo, cuyo crecimiento se hacía demasiado prolongado, tanto que el doctor desconfió, no pudiendo salir antes de que el aro se pose sobre su cuello y se contraiga, sin contar los detrimentos que el pene humeante, al volver y encontrarlo solo, le haría al docto, tan socarrón él, en calidad de agradecimiento por haberle dado vida.





(Lo que escribo con la mano lo borro con el codo)
Comento para los ínfimos seguidores de esto: de ahora en más voy a laburar con una novela "epistolar", la voy a subir acá no con la absurda esperanza de ser leído por mucha gente y que me amen, sino para compromenterme a no escribir otra cosa que eso. Las editoriales me rebotan, yo sigo probando, qué me importa, cuando me muera me voy a acordar que escribí lo que se me cantó y tuve mínimos momentos de satisfacción.

Saludos.

jueves 10 de diciembre de 2009

La estudianta

La estudianta obsesiva de la gramática estructural encendió la poesía dormida en su corazón cuando vio “los que se odian se aman” en el examen sobre el condenable e inconfundible (por lo inentendible) maldito “se”. Al reponerle a ese “se” un “a sí mismo” o un “mutuamente”, estamos ante un “se” objeto directo. Eso lo entendía maquinalmente, no había problema; el ejercicio lo hubiese podido hacer a la perfección si la epifanía no la hubiese perturbado tanto: “los que se odian mutuamente se aman a sí mismos”, “los que se odian a sí mismos se aman mutuamente”, “los que se odian a sí mismos se aman a sí mismos”, y “los que se odian mutuamente se aman mutuamente”. El problema era que ya su pendenciero juego de histeriquear al ser amado haciéndose la odiosa quedaba relegado (junto a toda ella) a la posibilidad del ¼ (los que se odian mutuamente se aman mutuamente). Dejó el examen hasta ese punto, (el cuarto de diez), insultó a la profesora con ademanes (histéricos también) y se fue llorando a los brazos de su ex novio, que ya no la paría más, que ni soportó la idea de ensartarse a sí mismo (nunca mutuamente) con la ahora nueva poetisa.

sábado 5 de diciembre de 2009

Huguito

Dice la historia que Huguito Jauk, de 6 años, solía salir a tomar aire cuando estaba nervioso. Aparte de salir a tomar aire cuando se sentía así, tomaba mucho mate, tanto que un día terminó verde. Tenía el cuerpo particularmente hinchado por la cantidad de mate de ese día (dicen que iba a ver a la nenita que le gustaba en el parque, por eso, de los chuchos, tomó tanto). La gente lo miraba o directamente corría sin siquiera verlo. Tenía el pelo corto y buenos modales, pero se volvió malo porque nadie le hablaba a causa de su verde condición. Cuando por fin se vio las manos y se reconoció como un raro, de otro color, empezaría a gritar ¡vede!, ¡vede!, que era más una súplica que un gemido de batalla. Los médicos nunca lo vieron, todos le escapaban, como pasa con los que viven en la calle. Con los años Huguito se quedaría solo, tomando mate, y se le iría deformando la voz por la forma extraña de la bombilla. Así, el grito ¡vede!, ¡vede! pasaría a un ser un ¡arrrrgg! interjeccional. Marvel, la revista de historietas, lo descubrió hace unos cuantos años por las calles de Villa Luro, asombrados, lo robaron al criollo Huguito y lo arrastraron para Estados Unidos, donde hoy está viejo, encerrado y famoso. Cabe la casualidad que la globalización lo haya devuelto a nosotros en forma de fragil (como lo conocimos) papel.

sábado 28 de noviembre de 2009

Aporía porteña

Mi vida.
Mi nombre.
Se espesa mi nombre cansado de tanto andar entre miedos.
Escapa, ahora soy hostil y extraño:
un monstruo insignificado de olvidado significante.

Pienso:
quizás si extranjero mi cuerpo
lo encuentre al pobre nombre
carcomido, carcajeado.

Decido que no.
Despierto del poema
Yace mi vida a mi lado,
durmiente, serpiente
que descansa próxima al amo para medirlo y devorarlo.
Y confinado, confiado
le doy mi lugar entre las noches.

Hoy mi nombre me fagocita en su rencor
recordándome aquel extravío.

Secuaces ojos lo disfrutan
voces se relamen.

Quizás
si esta vez sí extranjero mi cuerpo,
quizás me perdone y no vuelva
a insultar con esas hartas extrañezas
de seguir siendo yo.

sábado 21 de noviembre de 2009

Arg

Todas las "etapas" de la historia de nuestro país son en verdad un común desprecio a lo distinto, a lo que incomoda. La historia se repite sólo cuando no la oímos, o cuando no hay síntesis hegeliana, y en Argentina no la hubo nunca: lo vemos en la conquista, que fue una masacre; en las campañas, que también lo fue; en el anarquismo, perseguido y asesinado; en el peronismo, que dividió las aguas no sin torturar; en la dictadura que masacró también; y ahora la inmigración o los hijos de la inmigración de los 90´ y el 2000 hace continuar la repulsión. Seguimos exactamente en la misma masacre de hace cien años, sólo que en democracia, en la que, como dice el maestro Bukowsky, en lugar de masacrar a los distintos, los olvidamos, pero la destrucción es la misma.
Y no es sólo la historia argentina: como los atenienses de las polis donde sólo unos pocos eran ciudadanos, donde la dialéctica platónica hacia el Bien sólo podía darse entre ciudadanos de un mismo "nivel" (con las mujeres no puede ni hablarse, eso quiere decir), como los "hombres libres e iguales" de Estados Unidos. Así es la situación de los marginados de hoy. Recuerdo: siglo XXI
Volviendo a nuestra idiosincracia, ¿por qué todo esto? En Manual de las Zonceras Argentinas, el maestro Jauretche amamanta su idea de que la culpa es de Sarmiento por su Civilización o Barbarie, yo creo que los únicos espejitos de colores que nos estafaron fueron los de creer que éramos Europa, ¿quién tiene la culpa de que nos creamos Europa?, ya sabemos, los políticos que miraron y construyeron hacia ella. Pero lo increíble (o no tanto) es que ese sentimiento esté tan arraigado hoy en día no en los políticos, sino en el pueblo, en nosotros, los clasemedia. Nos creemos Europa por no creernos Latinoamérica, y lo terrible es que estamos en ningún sitio, y aquí viene el desarraigo tanguero. Es así que quien insulta a los supuestos inmigrantes (siendo todos latinoamericanos) por demorarnos el turno del ginecólogo o por cortarnos el puente, vive el peor desarraigo de no sentir sus raíces: un continente masacrado, que se olvida de los excluídos; olvidando esas raíces el argentino termina siendo parte de las mismas hojas marchitas excluyentes. Cierto, cierto es que no se puede uno salir de sí mismo, pero cuando queremos matarlos, queremos que vuelvan a su país, olvidamos que somos igual de latinos, sólo que en un doble problema, por ser latinos tercermundistas dentro de la Islita de Capital Federal (¡que ahora que la fantasía de la Isla se cae a pedazos con la llegada de "la negrada" queremos que haya más seguridad en lugar de sentarse siquiera un segundo a pensar qué hacen mal los políticos latinoamericanos, nuestros políticos!) Nadie, nadie, en su estupidísima ignorancia se pone a pensar que (se repite) como también somos latinoamericanos, lo que se esconde por la puerta se meterá siempre por la ventana, siempre que el político de este continente omita el cuidado de la vida, sea en el país que fuere, ésta ausencia se meterá como pus (no el pueblo, sino el olvido) por las orejas y la boca a quien sea.

Pensemos, para hablar en clave de clase media, en el Festival de Mar del Plata, que ahora peligra porque los films argentinos participan en el exterior y no pueden entonces exponerse en el supradicho festival. Podemos criticar el capitalismo de los directores, pero el mundo es así, no sólo ellos; lo que mejor podemos hacer es pensar que ese ejemplo sirve para meditar sobre esto de que somos latinos, de que aunque hagamos grandes films, no podemos verlos, de que aunque tengamos grandes hospitales, tenemos que esperar a que sean usados por "los inmigrantes". No somos Europa aunque tengamos las construcciones de París. Pedir más seguridad es encarcelar gente que es presa de un problema que no es ser negro, es ser excluído. Esto es demasiado evidente, pero los egoístas y peligrosos comentarios sobre lo que se piensa de los cortes de ruta hace creer que no.

Si no se da una síntesis cualitativa, se sigue en automático porque el pueblo no tiene tiempo para ponerse a pensar en tesis antítesis y síntesis hegelianas. El político, el modelo de político de hoy, sí tendría el tiempo para pensar en nuevas posibilidades, pero no lo tiene porque está pensando en la universidad privada de sus hijos. Es la crisis del hombre, no de un sistema lo que genera esta especie de gestación de una guerra civil (que no se dará porque lo único que importa hoy es la indivualidad). Hasta el hombre de izquierda, hasta el anarquista no puede no insultar a los que le cortan el puente, porque todos tenemos el germen del hombre-cosa sabatiano, del hombre objeto, donde el tiempo y la ansiedad es rey. Estamos en la pus, somos la pus más expuesta que va a reventar o va a morir en sí misma.
El político aunque sea ajeno al pueblo no es ajeno al momento capitalista donde el hombre es objeto, donde los vínculos están rotos y no hay pasión por las ideas; El Político en su Spa Platónico (porque las caras de turno son lo mismo) se preocupa por su bolsillo y le conviene, a través de los medios, generar enemistad entre los argentinos recién llegados y los que ya estábamos.

A nosotros, esos que ya estábamos y a quienes "aquellos" vienen a "molestar", nos corresponde preguntarnos por qué en su país los inmigrantes no pudieron salir adelante (porque sus problemas también son nuestros, más allá de la ex Islita porteña), nos corresponde hacernos cargo de que ante esta situación de marginalidad hacia ellos (y potencialmente a usted, sólo nos diferencia la cuna) si nosotros no hacemos nada, el político no lo hará nunca; o nos corresponde seguir balbuceando, creyéndonos eternos tercermundistas de elite invadida.
La historia de América tiene en común el desprecio a lo distinto que genera incomodidad ¿Qué nos parece raro del desprecio actual? La historia se repite cuando no hay síntesis histórica, y en Argentina, con leer a Pigna ya te das cuenta de que no la hubo nunca: la conquista fue una masacre, las campañas también, el anarquismo fue perseguido y asesinado, el peronismo dividió las aguas, la dictadura masacró también, ahora la inmigración o los hijos de la inmigración de los 90´ y el 2000 hace continuar la repulsión. Seguimos en la misma masacre, sólo que en democracia, como dice el maestro Bukowsky, en lugar de masacrar, sólo se olvida, pero la destrucción es la misma ¿Qué nos horroriza de nuestro horror? Borges, con eso de que la amistad es el eje de la idiosincracia argentina, también dice que los amigos se forjan en parentescos sociales, y todo lo demás no debería existir, como los griegos atenienses de las polis, donde sólo unos pocos eran ciudadanos, donde la dialéctica se daba sólo entre ciudadanos de un mismo "nivel". Éstos vínculos, aunque falsos y endebles (porque la envidia es parte de la idiosincracia argentina, nacida de la envidia a Europa) son fortísimos, lo demás "no debería existir".

¿Por qué ésto? En Manual de las Zonceras Argentinas, el maestro Jauretche amamanta su idea de que la culpa es de Sarmiento por su Civilización o Barbarie, yo creo que los únicos espejitos de colores que nos estafaron fueron los de creer que éramos Europa, ¿quién tiene la culpa de esto?, los políticos que miraron y construyeron hacia ella. Lo increíble (o no tanto) es que ese sentimiento esté tan arraigado hoy en día no en los políticos, sino en el pueblo. En la clase media. Nos creemos Europa por no creernos Latinoamérica, y lo terrible es que no estamos en ningún sitio, y aquí viene el desarraigo tanguero. Es así que quien insulta a los supuestos inmigrantes (siendo todos latinoamericanos) por demorarnos el turno al ginecólogo, vive el peor desarraigo. Cierto, cierto es que no se puede uno salir de sí mismo, pero cuando queremos matarlos, queremos que vuelvan a su país, olvidamos que somos igual de latinos, sólo que en un doble problema, por ser latinos tercermundistas dentro de la Isla de Capital Federal ¡Que encima, ahora que la fantasía de la Isla se cae a pedazos con la llegada de lo´ pibe´ chorro´ queremos que haya más seguridad en lugar de sentarse a pensar qué hacen mal los políticos! Nadie, nadie, en su estupidísima ignorancia se pone a pensar que lo que se esconde por la puerta se meterá SIEMPRE por la ventana, que siempre que el político omita el cuidado a la vida, ésta se le meterá como pus por las orejas y la boca.

Pensemos en el Festival de Mar del Plata, que ahora peligra porque los films argentinos participan en el exterior y no pueden entonces exponerse en el supradicho festival. Podemos criticar el capitalismo de los directores, pero el mundo es así, no sólo ellos; lo que mejor podemos hacer es pensar que ese ejemplo sirve para meditar sobre esto de que somos latinos, que aunque hagamos grandes films, no podemos verlos, que aunque tengamos grandes hospitales, tenemos que esperar a que sean usados por "los inmigrantes". El pueblo tiene responsabilidad, pero no tiene culpa, si no se da una síntesis cualitativa, es decir un cambio, se sigue en automático porque el ser pueblo no tiene tiempo para ponerse a pensar en tesis antítesis y síntesis. Sí el político, que hoy por hoy no tiene tiempo porque está pensando en la universidad privada de sus hijos. Es la crisis del hombre, no de un sistema. Por eso las izquierdas fracasan, porque en el fondo sabemos que ellos también tienen el germen del hombre-cosa sabatiano, del hombre objeto. Estamos en la pus, somos la pus más expuesta, que va a reventar. Creo que todos en el fondo esperamos que reviente "por sí solo".
El político, el maldito, el peor político es en el momento capitalista donde el hombre es objeto, donde los vínculos están rotos y no hay pasión por las ideas; El Político del spa platónico (porque las caras de turno son lo mismo) tiene la culpa de la inmigración que viene a ocuparnos los hospitales, que nos cortan la calle a nosotros, que no sabemos hacer nada para mejorar, a nosotros, que nos corresponde jodernos, joder al político que nos está jodiendo la vida, o callarnos la boca y seguir creyéndonos tercermundistas en lugar de progresar medianamente de acuerdo.

viernes 20 de noviembre de 2009

El Escritor

Era escritor y conocido en la jerga. Le encargaban nouvelles, reseñas, biografías breves, pero una cosa que verdaderamente no soportaba que le pidieran era el cuentito hiperbreve. "Es la expresión literaria del capitalismo salvaje, un rápido y efectivo polvo de nada, donde los personajes no tienen una vida", decía mascullando entre dientes mientras escribía en tres renglones vida y muerte de sus personaje, con quienes no se vinculaba. El problema nacía de que era lo mejor que sabía hacer, y en el fondo, lo sabía.

En sus sueños, los personajes muertos le recriminaban brevemente (pero eran muchos) el no haberles dado un lugar en el mundo, una vida. Cierta noche despertó entre gritos fuertes y cortos, vio la lista de editoriales pendientes junto a la cama, la hizo un bollito, harto, y al tacho. Comenzó a escribir novelas de cuatrocientas páginas, pero los nuevos personajes, siempre cansados por falta de ejercicio, le rogaban muerte o se suicidaban a espaldas del narrador. No se hizo esperar el fracaso editorial de ésas novelas ni de su intento de vuelta a la brevedad. Y él también, personaje más que narrado manejado por la críptica literaria, se cansó, no sin tener antes la misteriosa sensación de que en cada uno de sus cuentos breves pudo haber cabido su vida. Entonces, cuando se dio cuenta de todo esto, se fue a mis espaldas. Quiero decir que se murió.

lunes 9 de noviembre de 2009

Culpa

Mis huesos sin culpa.
El boca de mi andar, plato flato traboso tramposo de río causaloso,
menos ¿Fui yo mis pies pues?

El tiempón, tampón en la clepsidra
tampoco.

¿Qué sucede entonces entre los pozos cardinales de la vigilia?
¿Quién me anochece de tanto acto de tanto tacto que me hace actor?
Quisiera ser inocero
pero algo habrán hecho yo y caminar,
y esta sensación a pensar, a persona,
a culpa fábrica trabada en mi lo que nombre al yerro mansoquista

de ser
doblemente idiota.

viernes 6 de noviembre de 2009

hurgan basura
lejos un sol terrible
me arden los ojos
Quisiera poder criticarle a Sábato que el arte no cura, que la locura no se va escribiendo, pintando, etcétera, pero quién soy yo para decirlo. Él sí pudo, trató de matarse, fue un fuerte neurótico obsesivo según es fama, tuvo depresiones; y él salió así, escribiendo clásicos de la literatura. En su vida probó el diván ¿Quién soy yo para decir que está equivocado, que la ciencia sirve?, si él fue vivo ejemplo de que sus ideas pueden ser llevadas a la práctica, cuando ni siquiera tengo práctica porque no tengo ideas. A veces pienso la herejía, "qué viejito lindo e inocente", el viejo ese la tiene (el día que tenga que usar pasado voy a llorar mucho) más clara... más que los que lo putean y en su puta vida lo leyeron, como el tarado de David Viñas, ay mi dios... Volvé a escribir Sábato, te extrañamos, te necesitamos.

sábado 31 de octubre de 2009

Que reviente

Yo no sé si alguien habrá pensado qué pasa verdaderamente si el mundo "se hace mierda". Hay dando vueltas un sentimiento moral de cuidar el planeta, cuidar nuestra casa, pero nadie piensa en qué nos merecemos los seres humanos. Una vez en la puerta de la facultad escuché una charla entre supuestos físicos que decían que lo que estamos "haciendo" es acelerar un proceso que iba a darse en algún momento, y que en cien años esto se va todo el cuerno. Ojalá así sea. Yo estoy harto del hombre, no como humano, no como persona, sino como ser. Todos los ecologistas y los que protegen su moral sobre el planeta (no al planeta) huelen la sopa podrida y no saben que ellos están tan inmersos como cualquier otro. No es el problema de un sistema capitalista, no es el problema de que no se tome conciencia, es el problema de una especie, de un género humano que en todas sus humanidades, en todas sus generaciones, ha hecho diversos tipos de atrocidades con diferente nombre. El Mal, como ya dije en un cuento, trabaja así, se enmascara de otras formas para que sigamos cometiendo exactamente el mismo patrón de errores (cagarnos en el otro matándolo, desapareciéndolo u olvidándolo, es lo mismo) de distinto modo. El ser humano MERECE desaparecer, ¿qué hay de malo con eso?, ¿somos tan importantes para el Logos acaso? No le estamos haciendo un mal al planeta, sólo aceleramos un proceso, nuevamente no somos tan importantes. El planeta va a resurgir de sus cenizas, el planeta no sufre nuestros desperdicios ni nos necesita como sus salvadores. Creer que le hacemos un mal es subirnos al pedestal de los mismos que supuestamente "lo destruyen". La Naturaleza va a renovar la vida siempre que pueda, cuando no estemos (ojalá pase) muchos seres vivos van a seguir, eso sí, es mucha más armonía y satisfacción. No hago apología de la contaminación, sólo pienso en términos reales, sin tanto lugar común, sin tanto moralismo estupidizante. El hombre no vale la pena y no depende de él la salvación, es más, sería más sano para el mundo que el hombre desaparezca.

En mis valores está la idea de que también el humano es infinito, no puede definirse cuánto puede aprender, cuánto puede crecer, pero demostró ya demasiada ceguera. Un hombre que camina al abismo y que nació con algo que le tapa los ojos es capaz o no de saber que tiene un trapo. Yo ya siento que no es capaz, que el fin de la estúpida necesidad de Autoridad, de Estado en lugar de libre individualidad, es imposible. Si sigue esta necesidad de autoridad y el hombre no puede reconocerse como individuo autónomo en armonía con el todo, entonces, ¡que reviente! Si su pulsión de muerte lo esclaviza, ¡que reviente!, qué carajos, no valemos tanto.

viernes 30 de octubre de 2009

Yoliloquio

Entre yerros y chasquidos (flaqueza)
para el entre y la salida del
centro del poema suelto nada.

Yo se atribuyó el destruyo de pensar en mi fragilidad
¿mas dodónde descansarsarto de tanto
tartamundear entre palabras?
Si de nombrar al verbo se trata,
yo me trato sin vicio ni cura:
me siento mal de sentir mal,
entre mis redes enchidas de
voces vagas, bocas varias.

Entre los yuyos de errar
y los bosques salados del poema
que no sale, triste
de oir la doña que llama al
desesperado despertado, con su color
a dolor inflamado

triste
de dónde el yombre,
de dónde el hombre
y el yo de nombre que
en un lugar de la Mancha
más, más negra, te buscaba entre las letras.

miércoles 28 de octubre de 2009

La Cosa

La Cosa, hablo del término la cosa, del que no termina nunca. Es como la gelatina: está ahí, quieta, no molesta a nadie, pero cuando un vientito sopla ya se empieza a mover, se empieza a descontrolar. Y donde no hay control hay caos, donde hay caos supuestamente no hay "nada", donde no hay nada, algo debe haber, si no no podríamos decir que hay "nada"... Entonces hay algo en "la cosa", y ahí viene el descontrol cultural, gutural. Si digo "me gusta la cosa", madre mía el empantanoso terreno en el que me meto. Si digo "no me gusta la cosa", estoy, por agregarle un no, diciendo algo totalmente distinto... no me gusta la situación. Lo social sobre la cosa es un claro ejemplo de que el lenguaje es una invención malévola y traicionera.

La generalidad es (se comparte con Husserl) particularidad más palabra. Me imagino UN perro y le agrego la palabra para generalizarlo. "La Cosa" es un término que vuelve sobre sí mismo, dando carácter de abstracción. Si podemos hablar de la cosa es porque es generalización, no podemos hablar particularmente de una cosa, sería inentendible para el otro, también hablando de la cosa, en caso de que sea un particular, estoy dando por sobrentendido que el otro podrá llegar a entender de qué le hablo, si no no diría cosa. Pero el significante no tan preciso nos dispara para cualquier lado. Ponti dice que fenomenológicamente la distinción significante/significado no tiene sentido (un ciego usa lo que le dicta el palma que usa su bastón para saber qué pasa afuera, la palabra más que significante es una herramienta, parte del significado), en éste caos La Cosa sería una herramienta para llevarnos al caos. Es decir que el significado de Cosa es caos, luego es que encontramos algo en la cosa, luego de la indagación, de la interpretación.

sábado 24 de octubre de 2009

Más Eternauta

DEL ETERNAUTA, PÁGINA 143, “CASCARUDOS”

Juan había descubierto el chirrido de los cascarudos, aquel sonido extraño característico de éstos. Luego, cuando es atrapado por el Mano, oye cómo los Hombre-robots también hacen ese mismo chirrido, entonces Juan: ¡conserva forma de hombre, pero es un “cascarudo”! Hay un problema de lenguaje; o más que un problema, una manifestación de que el hombre, ante lo que no conoce, esgrime sus posibilidades de forma subjetiva y arbitraria; cosa inevitable si las hay. Podríamos pensar que el hombre-robot desde aquel momento, por este acontecimiento azaroso, pudo haber sido llamado cascarudo para siempre.
Así, de hechos fortuitos y no de otra forma es cómo nacen, crecen, se reproducen y mueren las palabras que nosotros utilizamos en el arte, en la técnica, en las ciencias más duras y objetivas, todo creado porque un día unos hombres que no comprendían el mundo lo cascarudiaron todo hasta hoy.

DEL ETERNAUTA, PÁGINA 39

“Pasamos cerca del cuerpo inanimado de Polsky, nuestro infortunado amigo. Como buen hombre de ciencia, Favalli sabía concentrarse en lo que realmente importaba”. En líneas generales, Juan nos está diciendo que al profesor se le puede estar incendiando la casa que va a seguir preocupado por el Universo.

domingo 18 de octubre de 2009

Qué manera de hablar y no hacer nada. Las palabras como se pierden. Y yo sin hacer nada. Hasta esto es una mentira inútil. Tanta pena por los marginados, los dementes, los linyeras desquiciados. Tanta pena para qué. Una paja mental cómoda.

Zenón

Camino por la última vocal que un muerto no dijo,
masticando el cuerpo del hambre
del inútil movimiento de este desértico
gritante y gigante.

Camino impotentón por la sombra que me proyecta,
cual valor de un signo muerto de miedo
que no se le atreve al atreverse al rencor, al oprobio,
al nombre circular y estático
de aquella presente, no olvidada:
de ella, violenta inmovil olvidante.

sábado 17 de octubre de 2009

En el aire vive muriendo lo nuevo. Del aire se rescata una mísera porción del infinito y lo trae a la ciencia, al arte, a la técnica... Miren el aire atiborrado de significado buscando significante, el aire cargado de futuro. No es que aprender sea recordar, no está todo dado en el individuo, está todo dado en el aire. No es una metáfora: el aire es lo que está en el medio, entre nosotros y las cosas. No lo vemos pero existe. El aire es el No-Ser que constantemente se está sucediendo sin que lo sepamos. Era obvio para Parménides que el No-Ser existe, pues puede nombrarlo, pero el nivel de existencia/no existencia era otro. En éste error se cae siempre, en no interpretar qué quiso decir el autor. El No-Ser no puede ser nombrado es una contradicción tan evidente que no creo que Parménides haya cometido tal error. Lo que quiso decirnos es que hay una luz que no veremos nunca pero está. Veamos: en un nivel de cognición lo cognoscible y lo incognoscible están en un mismo plano, lo incognoscible entra en el Ser, entonces lo que no puede conocerse en realidad está dentro del Ser, entonces todo es conocible, por eso todo es Ser. El No-Ser es el color negro de una parte del ente, pero por tener un color distinto no deja de ser ente. Eso creo que fue lo que quiso decir. Veo en el aire el vértigo de todo lo posible, de todas las cosas hechas y por hacer. Desde otro plano se toma a Parménides: desde el lenguaje, desde la refutación...
Por otro lado, puede pensarse que usa a la Diosa como "licencia poética" para caer en contradicción con el colchón de ser un Dios el que cae en ella.

martes 13 de octubre de 2009

Los cristianos suelen apelar a razonamientos que logran encerrar en la refutación a una parte de la teoría, como el psicoanálisis con el inconciente (si te resistís a la teoría es la resistencia inconciente de ésta, estás adentro y no podés no estarlo). Apelan a la dialéctica del Bien y el Mal, de la Libertad..., Berdaieff, en su ensayo sobre Dostoievsky, interpreta que éste nos quiere decir que todos poseemos la Libertad de decidir entre el Bien y Mal, pero una vez elegido el Mal, perdemos Libertad, pero si elegimos Bien, llegaremos a la Libertad suprema, y que para llegar a ésta, primero debemos pasar por el Mal. Entonces el ateísmo, el agnostismo, es una forma de Mal que nos llevará hasta Dios.

Ahora, podemos contestar que ese razonamiento pertence a la lógica, a la retórica, a la sofística......, y que lo cristiano no puede salirse de ésta última, sobre todo.

Lecturio de Tratado de la desesperación

La verdadera desesperación es no poder morirse. La verdadera enfermedad mortal es esa. Y nace de no poder salirse del yo, de no poder ser otro o ninguno, es decir no ser. Así la desesperación ataca al yo desde el yo, y como (Spinoza) todo quiere permanecer en su ser, la desesperación no se suicida en el yo, sino que ataca pero se sustenta justamente en el ataque al yo que la alberga, sin matarlo. Cual tortura militar. Verán que este tipo no es joda.

El yo se forma a partir de la relación entre infinito y finito en el ser. El infinito es Dios (pero puede ser muchas otras cosas, pienso yo) y el finito la carne (aunque no lo dice explícito). Es decir, la relación es otra cosa aparte de infinito y finito. Tal es el yo.

Existe una dialéctia heraclítea de opuestos entre infinito y finito. Ambos polos son opuestos y se anulan. Así el yo trabaja bien y deviene en sí mismo, es decir crece, se mueve en un mismo punto sólo si finito e infinito están en igualidad de "intensidades" (la palabra la agrego yo). Ahora bien, si existe más infinito que finito, el yo se pierde en la infinitud y deviene en desesperación, y si es lo finito lo que crece, también deviene en desesperación, ya que el ser está castrado emocionalmente, sería el típico hombre mundano que escapa a lo infinito, a Dios, a la Idea de anarquía, a lo que fuere.

La imaginación ligada a lo infinito: todo es imaginación. Pienso que el Yo (Freud) es una ilusión, es una fantasía muy arraigada al ser. Los conceptos (Nietzche) también lo son. La imaginación juega un papel preponderante en la vida. Y el lugar donde ésta quede será consecuencia de sanidad o de enfermedad. Si yace en lo infinito, imaginen qué pasa.

En los polos de la necesidad y lo posible también se da una dialéctia de opuestos que se oponen y complementan en la medida de que estén a una misma intensidad. Si el yo es todo posible, el lenguaje común dirá que se ha ido de la realidad, pero en verdad de lo que se ha alejado es de la necesidad. Lo posible se vuelve inconmensurable, y cada instante, cada posibilidad es también otra y otra, y así, ese instante hace que, como lo posible es inconmensurable, el yo se pierda y crea que por existir en una cantidad infinita de lo posible, es lo real, cuando en realidad ese yo no tiene necesidades, porque está sobrecargado de lo posible, teniendo en cuenta que estamos hablando del espíritu, que es irracional, no del cuerpo: si nos atiborran de comida, no por eso no vamos a tener hambre, pero si nos llenamos de la posibilidad veremos bosque sin árboles. Justamente el problema descanasa no en no alcanzar la realidad, sino en no alcanzar al yo, de no verlo como algo que necesita. El yo, esa relación, es (también) necesidad. No ver la necesidad es no ver al yo, y viceversa: "el yo se refleja imaginariamente en lo posible. No hay posibilidad de verse a sí mismo en un espejo". Relacionand (y Kierkegaard hace la analogía con el chico), la posibilidad es Ello (Freud), el deseo en sí mismo.
Y acá se pone muy bueno:

Hay dos tipos de descarrilamiento a partir del despilfarro de lo posible:

1) Deseo, nostalgia: donde el deseo hace perder al yo mismo como quien persigue un pájaro y se pierde de los suyos en la noche.
2) Melancolía imaginativa: la angustia, donde en el amor melancólico se busca lo posible de esa angustia, (¿el porqué de la angustia o algo en el afuera que termine esa angustia?), y se cae en esa angustia que intentaba ser explicada.

Dios es pura posibilidad, entender eso hace que se pierda la razón, creer verdaderamente es caer en la locura. Pero a su vez, como Dios es todo lo posible, justamente eso mantiene la fe, la creencia: en la perdición del yo, mantener esa esperanza es la fe. Tal es la dialéctica del creyente pavo. Creo que la desesperación (la potencila desesperación también, ya que siempre podemos todos ser desesperados) acá es un polo, y lo posible de Dios es otro polo que se complementan, la síntesis de ésto es la fe. no sé
Después sigo.

sábado 10 de octubre de 2009

El creador

Vamos escribiendo los caminos con dolor.
Una muestra de uña nuestra en el arado nos araña las espaldas.
Mientras, sin que lo sepamos el poema se va haciendo

Vamos caminando lo que hicimos con dolor,
para sólo saber que no es suficiente,
que erigir el aire a volar es constante:
o se construye o se ahoga y se muere.
Mientras, sin que lo sepamos
vamos haciendo el poema

Vamos otra vez a planear todos los puentes
pues ya sabemos que el dolor se puede pasar sin pisarlo.
Vamos descubriendo los colores
hasta que, sin haberlo siquiera pensado
sabemos que es el poema quien nos está haciendo.

Moneo

Perdí monedas
en los recovecos del
camino hacia mí

El viento nace cada vez

Quién se ha ufanado de haberme violado la mente
enseñándome este extraño ejercicio de las letras.
Quién ha violado mi corazón
llevándome hasta las perfidias,
hasta los oscuros rincones del alma
en un viaje tras un árbol que en su quietud
se mueve avasallante, escapando constante:
inacabable, inalcanzable.

¿Habré elegido yo revolcarme,
hundirme hasta los recónditos espasmos
de quiasmas entrelazados,
habré elegido yo sufrir la vida así,
en lugar de caminar y nada más?

Tu cuerpo está detrás de las letras:
existe y a su vez no,
puedo leerlo
no puedo tocarlo
puedo sentirlo
no puedo vivirlo

no sé vivir.
Y el viento nace cada vez,
reviven él y su nacimiento,

y revientan las estrellas cuando sé
que a ambos, a ella y yo, no sé escucharlos

Ella busca

Cerámica sin nombre
indefinidamente
tu figura de mujer busca desesperada
sin pausa, con prisa (como un
espíritu anhelante sentado en el borde del abismo
a la espera de la brisa)
una fisura entre las piedras de la mediocridad
que los vientos gastan mas no han de cambiar.
Ella busca
la pluralidad de su voz
en otra vos.
Sol que anocheces
el árbol que te oculta
es como todos
El sol se esconde.
Tras las ramas de tu árbol
hay nuevas sombras.
bla
La tierra anhelante de palabra y una gota
tan tangible como irreal.
Las piedras, los sonetos, los mares, lo seco,
la búsqueda desesperada del aire por una voz que lo llene.

Todo sueño, toda soñada sombra y su luz,
toda unión y todo encierro.
La bailante pesadilla del no verbo,
y el no color de la pintura. Y los fuegos de sol
y los soles de fuego en su canción
ultrajada por la ausencia de palabras
que nos nombren como nos nombra lo eterno
y la muerte

Ser descubierto

El vidrio mira
la luna que me observa
usan mis ojos

viernes 9 de octubre de 2009

Nunca pude dejar de preguntarme por el principio de todo, preguntarme por qué, cómo, cuándo, comenzaron las leyes del mundo. La pregunta va mutando, hoy me carcome esta: ¿cómo se adquiere la capacidad de reprimir malos recuerdos, vivencias traumáticas, a la madre, lo que fuere? Cómo. Obviamente podemos ponernos biólogos, psicólogos..., ahí se comete el error de creer que explicar el hecho es explicar la genealogía, o que preguntarse por ésta, una vez descubierto el hecho, no tiene sentido, cuando en realidad no comprender la historia es no comprender el presente, o por lo menos a mí me genera una inquietud vertiginosa. Estar medio loco sirve: uno necesita de la filosofía, necesita del arte y la ciencia para poder dar explicaciones y no irse para el otro lado en el vértigo. Cuando Sábato (me) dijo: "el Universo es demasiado vasto para nuestros cerebros", me tranquilicé, si él no entendía, menos yo, un adolescente conflictuado
Por otro lado, ¿qué es lo que nos ata a la cordura?, para una persona sana esta pregunta no se entiende en su sentido, porque le sale solo. Para alguien que roza entre uno y otro lado, es llamativo que algo abstracto nos separe del resto.

miércoles 7 de octubre de 2009

Kierkegaard

Eterno de sí
en la enfermedad mortal
de no morirse

sábado 3 de octubre de 2009

De circular

–dije, orgulloso de mi boca cómo se nombra el devenir que deviene –dije del terror lo que me nombra nombre, es decir del nombrar que avasalla el decir –dije sobre (debajo) mi miedo sin saber atreverme ido de las redes del poema; es no poder hablarte, nombrarte de cuchillos por los ojos en mis dedos. Miedos –dije sin salir de las paredes de los otros, como todos decimos que digo –dije oculto en un vértigo círculo infinito tal vez me salve del horror del afuera –dije y por fin preferí ser libre de mi voz y del poema –dije

viernes 2 de octubre de 2009

La Doña

Virtud y Vicio, Odio y Amor, Guerra y Paz, Indiferencia y Acción, Ansiedad y Calma, fueron así, en parejas, de la mano y preocupadas, a ver a su madre enferma.

Doña Alegoría yace en un trono marchito de flores, tiene las manos de mujer gastada, quisquillosa, amargada y algo loca y olvidada. Amor quiso abrazarla, pero le corrieron la cara; Odio y Guerra la incitaron a vengarse de Hombres, su antiguo amor, y destruir a Postmodernos, los que la olvidamos; mas no había presupuesto ni fuerzas para ello (dijo Paz). Guerra lanzó un grito de Tristeza por la cara de Paz; Ansiedad largó a correr y, llevándole puesta a la Reina, la mató.

Postrada doña Alegoría, con los huesos partidos, las alegorías decidieron separarse. A veces alguna seduce a Hombres, pero como no todas pueden, Paz, Calma, Amor y Virtud formaron un gremio para no ser olvidadas: Sindicato Alegórico Literario de Personajes, eSeAeLePé; no sin estudiar minuciosamente los tiempos modernos para adaptarse, descubriendo con sorpresa que para seducir había que hacer lo mismo que antes al revés. Como buen sindicato, embelleció su cárcel, pero no liberó. Ahora forman parte de parodias en cuentos breves mal ejecutados, a propósito, para darles un espacio más denigrante posbile a esas Viejas Dictámenes Edificantes.

Yerba 1

No sé evitar esta ansiedad de una vez aprendido algo, pensar sobre ello, darle vueltas, retorcerlo. Pienso en eso de que el miedo a la muerte nos hace ser obsesivos. Nos obliga a tenerlo todo "controlado" ¿Y no es eso lo que limita a varios a leer?, leer es suspender el juicio, es dejarse llevar por la palabra, ¡encima por la palabra del otro!, ¿Quien sabe si la palabra del otro no nos mata?, ¿quien sabe si el arededor, cuando estábamos apacibles dejándonos llevar por el mundo dentro del mundo, éste segundo no explota y nosotros no estamos ahí para protegerlo. El puto "miedo a la muerte", ese terror a dejar llevar la vida, está hasta en las mínimas cosas.

La caja negra

–Tápenlo por dios… ¡Tápenlo! –gritaba en el funeral, pues verlo un instante (donde el espacio parecía reducirse y tomar un extraño gusto a tierra) le implicaba luego gastar infinita energía para olvidar la imagen. Y creía que si no olvidaba, el vértigo del recuerdo lo rozaría sin tocarlo físicamente por el resto de sus días, como un cuchillo que acaricia los ojos dulce y mansamente sin matar.
Acorde iba popularizándose el caso, crecían las ofertas de tratamientos de cuanto profesional de la salud buscara una portada. “Debería internarse", "no puede seguir así, sufriendo", "ya pasó”, “con eso no va a volver su hermano”. La conclusión recaía siempre en que era extraño que de la sangre no recordase nada; apenas un vago anhelo, una vaga sensación a persona; tal como en los sueños donde no vemos el rostro real de lo soñado mas sí la sensación de que esa mezcla arbitraria de rasgos es alguien. Pero la sangre del hermano no estaba en la memoria. Sólo repetía el hecho: "¡lo mataron por la billetera... dos inmigrantes!", y en cada repetición sentía (y ellos no lo sabían) cómo un manso rencor se iba alimentando de todo a través de la mirada.

Luego de dejar los vanos tratamientos dedicó la vida al dormir. En sus sueños posteriores al crematorio, incomparables a las pesadillas que no recordaba pero a las que les sentía el gusto a tierra cuando se le avecinaban, mares rojos nacidos desde ninguna parte lo aterraban y ahogaban. Su ser soñado sabía nadar (no él en la realidad) sin embargo no ahogarse era imposible, ora por el espesor de la sangre, ora porque algo lo empujaba no desde el cielo, sí desde las profundidades. Éste sueño era recurrente, pero con la variación en un ínfimo aumento en la intensidad del rojo, en la sensación de lo que para el sueño era el ahogo, en lo que lo arrastraba al fondo. Las noches se sucedían entre mares, hasta que una, agitado, despertó, creyó ver sangre alrededor y escrutó sus manos. Sabía que la locura lo abrasaba. Intentó una vana lucha contra la realidad, buscando herirla o aplazarla en el dormir. Sólo consiguió como un lapsus, un segundo sin tiempo de donde se supo de regreso sin recordar haberse dormido ni despertado. Desde ese "sueño" irreconciliable con la memoria, cual rosa de Coleridge, contrajo un odio inexplicable y comenzó a oír un difuso pero creciente ruido a martillazos. Olvidando los ruidos (que no cesaban) mas no el odio, ensombrecido, con los ojos entreabiertos fue hasta la cocina, abrió la heladera azul, puso veneno para ratas a toda la comida y mansamente lo tiró a la basura, a la calle. Así empezaría.

Permaneció un tiempo indefinible apretando los vidrios de la mesa, con la espalda encorvada y la cabeza mirando hacia aquella. Algo le hacía apretar el vidrio. Vio en él esa sangre que lo atormentaba en sueños sin descubrir que era la suya: como la de su hermano, su sangre ya no era de nadie. Hasta que un dolor en el pecho, medicamentos que necesitaban receta conseguidos con gritos y cansancio, y salió.
Tras el velo de la medicación, Buenos Aires le parecía distinta. La gente no era maldita, sólo ignorante: "si supieran este dolor, no matarían". Un viento frío de calle Corrientes en la madrugada le ayudó a contener las ideas. Entre carteles frívolos trató de reconstruir los hechos con orden: pericias, denuncias, trámites burocráticos, indiferencia, la búsqueda desesperada en los medios, más indiferencia, los sospechosos, los liberados, las sórdidas burlas.
El mal recuerdo oscurecía el amanecer cuando una chica morocha que andaba en sentido contrario por la misma vereda cruzó una mirada con él. Se dio vuelta a la par de ella. La siguió. Los ojos abiertos, los puños y la boca cerrada y un hormigueo seco en el paladar; el curvo movimiento de la chica que oía asustada pero ansiosa, con los ojos cerrados y una sonrisa, la llegada de ¡por fin! un valiente seductor. Los pensamientos de cómo matarla lo obligaban a sacudirse la cabeza como piedras tiradas por un engendro que se incrustan en una oreja no pudiendo salir más. Llegó, entre el sudor de los rumiares, imaginaciones, y el rojo del semáforo, a la par de ella, quien había estudiado mentalmente su papel de señorita asustada para seducir al extraño mas no previó que jugaría ese papel sin ninguna histeria necesaria. Él sólo la miraba, no sin odio, no sin desprecio. Dos cuadras así. Ni una palabra de ambos. Ella, ya desconfiada, para llegar al hogar, tenía que doblar en una zona oscura, pero siguió sin torcer por calle Corrientes por temor. Él la seguía a una distancia digna de ser su amigo o amante…, pero el andar luminoso, esbelto, felino y bello de la chica y el tozudo y torpe movimiento atropellador del otro daban la impresión de un contraste insalvable, de una disonancia terrible. Siguieron así hasta que la chica, temblorosa, pudo decir:

–¿Qué... qué querés? –al decir esto vio cómo los ojos y la sonrisa perversa se volvían gigantes en su acompañante, y escuchó:
–Prostituta… ¡Puta! – oído el insulto, lo miró fijamente, más desilusionada que indignada.
–Qué enfermo que sos... –la chica apuró el paso. Y él también.

Siguieron caminando. Ella no llamaba a la policía, con lo que él dedujo que sentía un negro placer en la persecución. Se le acercó, le susurró algo al oído e iba a levantar la mano cuando algo lo sacudió: un ruido a martillazos demasiado fuerte, demasiado cercano. Sentía que era para él, como si alguien hubiese querido traerlo a golpes a la realidad. Soltó a la chica antes de tocarla siquiera, y como estacado, como clavado en un punto fijo sin poder mover ni músculos ni pensamientos, vio a un albañil martillando en el segundo piso de una casa en construcción. Vio a la chica de blanco torcer en una esquina rápidamente, llorando. El albañil, de tonada andina, pedía más clavos. David, de creciente fastidio, dio media vuelta y volvió a su apartamento, acompañado de una extraña sensación a deber incumplido.
Ni bien abrió la puerta, el teléfono empezó a sonar. Sonaba para él, la cama era para él, el martilleo, la chica, la mirada, todo apuntaba infinitamente a su finitud. Buscó las pastillas, no había, alguien las había robado, el teléfono dejó de sonar, un mensaje, no, nadie habla, cuelgan. Y la desesperación de no poder morirse, los martillazos fuertísimos... hasta que la nueva avalancha de pensamientos se le detuvo. Paz. Silencio breve.
Pero la intranquila calma daría lugar a un nuevo incesante zumbido agudo, como quien oye el sonido más fuerte durante días para yacer luego en silencios desérticos. Sólo eso oía, los martillazos del afuera desaparecieron.
Doce de la noche y el zumbido persistente. Sabía de su desquicie aunque no podía escuchar pensamiento alguno: todo su ser se sucedía en un espectro más lejano que su conciencia. Necesitaba aire, recordó la ventana tapiada con madera vieja por recomendación de un médico amigo. Tuvo que salir. Dobló por Rodríguez Peña con el corazón agitado; sudaba, temblaba levemente, y todo sin saber ya el porqué, pues zumbido era lo único percibible. Bajó por Peña hasta Rivadavia. Vio puesteras inmigrantes reír, y rió con ellas, rió perversamente y las alejó de miedo. No quería eso, reía de la absurda pero creciente idea de odiar extranjeros por haber sido sólo dos (y no todos) los asesino de su hermano. Fue a comprar cigarros tratando de no mirar a quién, pero al no poder evitarlo, la sospecha se impregnó en la piel del vendedor. Pidió el box y comenzó diciendo en todo desconfiado:

–Así que dos pesos… –él no pensaba nada, pero no pudo contenerlo más–, ¿te cuento?
tendrían que meterte en un camión y mandarte de nuevo a Perú –no muy sorprendido contestó el vendedor:
–Soy boliviano, señor, ¿y a usted siendo blanquito lo educaron tan mal?, ¿no tiene familia a caso? Si la tuviera, ¡pobre de ellos!, váyase, haga el favor…

David, boquiabierto, supo que tal mensaje era una burla más de los asesinos, como las del juicio, supo que era un sórdido recordatorio de la muerte de su hermano en manos de los malditos de color. Una vez descubierto el asesino, salió del kiosco a gritar lo que la chica no. Así se acercó un policía, intentó tranquilizarlo, tomó los datos de acusado y acusante y los dejó. Indignado, nuevamente boquiabierto, decidió regresar al departamento para buscar algo con qué matar al asesino. Volvió a oír por Corrientes los martillazos de la construcción. Los albañiles le gritaban cosas a una chica ¡Cerdos!, les devolvió David, ¡Maricón!, le respondieron. El sonido de los martillos no lo dejaba oír las risas de los obreros en receso. A cinco cuadras de caminar se dio cuenta de que iba en sentido contrario; retomó borracho de rencor, de martillazos y zumbidos. En la vuelta, uno de los albañiles lo reconoció, bajó y le dijo algo al pasar. David se detuvo, el injurioso vio locura en él, se alejó. Mansamente, David volvió al departamento hasta el cuchillo. No prendió la luz. El sonido del martilleo retomaba vigor a medida que, tanteando, se iba acercando a la cocina. Recogió el cuchillo de un estante de madera y salió. Hizo algunos pasos ya fuera no queriendo regresar, pero la convicción de que había olvidado cerrar lo obligo. Había cerrado pero dejando la llave adentro; quiso abrir con una copia mas la puerta estaba como trabada. Golpeó con el hombro y abrió (algo sonó a madera partida). Dejó las luces apagadas, deambulando chocó con una botella; apuró ese whisky para envalentonarse. Ya ebrio del todo quiso salir nuevamente. Sin recordar haber cerrado la puerta intentó abrirla, pero algo la trababa. Probó mover los pies borrachos alrededor para ver si había algo en el suelo que impidiera abrirla. No. Probó con fuerza y maña. No. Intentó encontrar el interruptor de la luz cuando pasando la mano por la pared sintió un espesor inusual. Sin prestar atención a eso, siguió buscando el botón de la luz, pero al encontrarlo y prenderlo se aterró al descubrir que era el único lugar que no había sido tapiado con madera. La luz iluminaba cada rincón de la casa, cada milímetro, cada ínfimo espacio, hasta puertas y ventanas (todas cerradas). Ni un rincón sin estar cubierto desprolijamente pero con muchísima madera vieja, oscura.

Apagó la luz; cansado, se sentó en el colchón duro, sin querer pensar más. En la misma posición lo encontraba la oscuridad a cada hora. El martilleo crecía, quiso morir sin poder. El aire empezó, a causa del hermético encierro, a faltarle, y sin deseos de volver a salir ni seguir, fue una desesperación animal lo que lo movió a intentar arrancar la madera. Extrañamente esa madera vieja y enmohecía resistía, resistía tanto que uno se cortaba las manos al intentar arrancar el más mínimo trozo. La sangre brotaba. Luego de tantos intentos fallidos, supo que el albañil inmigrante de la construcción (movido por su par el kiosquero), le había hecho eso para que no declarara. Supuso que lo había hecho bien, pero que no había tapiado con buena madera el techo a falta de recursos materiales o intelectuales. Comenzó entonces a lanzar insultos a sus perseguidores y con fuerza hacia el techo cuanto encontraba, movido por la esperanza de que su ario vecino, una vez rota la madera, lo oiría y salvaría.
Las cosas, inútiles, volvían al suelo una y otra vez sin dejar marca. Desencajado ya, balbuceando gritos, daba su cuerpo contra las paredes en vano (lo sabía), hasta que arrastrándose por una pared, lloró de miedo acurrucado. Con las últimas fuerzas y lágrimas injurió el color de todos los asesinos de su hermano y dio un golpe débil a la madera. "¡Negros, negros!" Ahí sintió un crujido que devino en muchos provenientes del techo. Oyó un ruido en el centro del departamento, fue hasta allá. Sintió un baño húmedo de tierra caerle; sintió el zumbido de una mosca, sintió como sus uñas y cabellos que crecían mansamente. Sintió la tierra ahogándolo hasta volverse todo verdaderamente negro.

jueves 1 de octubre de 2009

Pensando chanchadas en el colectivo

La necesidad de ocultar está en las vísceras. El inconciente está ahí. Todo acto de escritura es un juego peligroso con lo visceral, con la madre que intenta la expresión, y en ella lo inconciente como un sueño, busca su lugar. Symns nos dice que todos los problemas parten del incesto prohibido, yo creo que sin incesto prohibido, sin una fuerza que quiere mostrarse y lo hace de otros modos, sin ella, la ebullición materna, Symns no podría ni escribir literatura ni hablar sobre tema alguno.

...
(esta sí que es buena)

Es increíble la capacidad psíquica del ser humano de reprimir, pero es parte de la Naturaleza, la Ley le pertenece a ella, no a nosotros. El hombre intenta imitar su capacidad de ser Ley, no lo logra, el hombre es una mala fotocopia, una traducción errada, una parodia, un intento fallido de imitar las Leyes naturales
¿Cómo sabe la naturaleza que nuestro dedo meñique es inútil?, ¿cómo sabe la distinción humana de lo útil a lo intúil?, eso le pertenence a la Naturaleza, nosotros imitamos esa ley, tontamente.

La Naturaleza no razona, no establece relaciones lógicas, nosotros copiamos lo que vemos en la Naturaleza, y ordenamos en función de una razón.
El animal imita también, pero al no ser conciente de ello, no busca ser mejor imitador. Es la cantidad, no la cualidad lo que nos diferencia en este aspecto de razón y establecimiento de orden, de leyes.
Mi perro realiza abducción: "si no me abre la puerta, posiblemente no preste atención o está lejos o ambas; ésta explicación, como es posible, puede ser cierta, entonces ladro más fuerte". Sin la abducción no se explica que justo ladre más fuerte, y no que, no sé, se haga pis. Y encima esto es una meta abudcción (Eco), ya que se aplica a la realidad y tiene resultados correctos: ese, mi amo es quien no me abre, ese, mi amo, sé que sabe que si ladro más fuerte me abrirá. Vemos que la abducción se aplica sobre sujetos, no sobre meras impersonalidades. Sin hablar que ellos manejan signos, ellos saben que nosotros sabemos que un ruido más fuerte nos llama la atención, entonces manejan eso. Sin tampoco comentar que dos veces que lloré tirado en la cama mi perra me vino a hacer compañía, ¿es puro biologisismo eso?, si lo es, nosotros, evidentemente, también.

sábado 26 de septiembre de 2009

¡TÍÍÍ!



En realidad es justamente como decía Sábato, la novela y el cine son dos cosas totalmente distintas. Cada uno tiene sus yeites. En la novela, la María está mucho más escondida, es más enigmática, como debe serlo el verdadero rostro de una madre, escondida en el velo de la maternidad. En el film, hace falta que sea un film, está bien.

Motivo

No soy más que un personaje que escribe desesperado para dejar de serlo, para algún día llegar a ser la tan anhelada firme sustancia creadora de accidentes, y no éste mero accidente creado a cada segundo por las infinitas circunstancias que Alguien, tal vez por mí escrito, dictamina.

miércoles 23 de septiembre de 2009

a

Tiene que haber una vanguardia sincera de genios, de abogados, médicos, escritores, filósofos, músicos, físicos, matemáticos... No quiero decir que sean académicos (un título es accidente de sustancia), quiero decir que tiene que ser gente apasionada por prepararse, por tener armas para defender lo que cree. Tiene que haber alguien capaz de meterse con la realidad, alguien capaz, capacitado, capacitante. Los partidos, sin ideología sincera, no llegan a esto: como no se apasionan por nada ni se instruyen y no saben lo que no saben, llenan el espacio físico (y psíquico en las personas, esto es lo peor) que deben ocupar quienes se vuelcan con pasión a estudiar las leyes, quienes saben que primero deben ser humildes, saberse ignorantes para aprehender, demostrar que pueden (lamentablemente es así) adecuarse al sistema y luego cambiarlo. Seamos realistas: ellos tienen la policía, pujar para que unos pocos se metan ahí adentro no tiene razón de ser. Yo prefiero el juego retórico: toda la política no es más que un juego retórico, con ideas en el discurso más arraigadas que otras. Y para cambiar el juego (otra vez, lamentablemente) hay que jugar, saber jugar para romper las reglas.

No digo que una revolución o lo que fuere tiene que ser hecha por una elite de pelotudos con corbata. Es la intencionalidad en las personas lo que cuenta. Todo se hace por caldo de cultivo: si hay un grupo de personas que se empapa de conocimiento para tratar de forjar un cambio, seguro muchísimas más personas lo harán. Algunos flacos tienen esas ganas de empaparse de realidad, los veo llenos de compromiso, de estudio, de movimiento, de preguntas y ansias desesperadas de respuestas; a otros los veo tan seguros de sus ideas como de que primero está el estómago personal. No sé si éstos son la mayoría o qué, no lo sé.

La instrucción en datos funcionales es imprescindible. No la de unos pocos, sí la de todos. Kant lo vio: "si todas las personas fuéramos racionales no habría conflicto", tomando con pinzas ésto, es cierto. Pero en cierta medida, porque cabe la pregunta: ¿dónde quedan las pasiones inconcientes?, ¿dónde los enfermos mentales?, no todos podemos ser igual de racionales, es imposible una homogeneidad en éste plano, eso sí es utópico. Ya Freud hizo mierda el carácter de Verdad.
Tiene que haber una concientización sincera de que la realidad es una mierda. Sincera, sin ardides, sin subrepticios: uno sabe lo que quiere al madurar, y no tiene nada que andar ocultando: "mi verdad es ésta, te puedo ayudar a que la entiendas y de ahí vos decidís". Yo tengo fe y pasión de que en una sociedad donde la preocupación por el otro es sincera no hace falta Estado. Creo que esa preocupación por el otro es posible, y a no confundir con los viejos valores, esos que imprimieron masacres, torturas, indiferencia, ignorancia. Los viejos valores son una mierda. Quiero hablar de algo que nunca pasó, o que pasó muy poco.

¡Tan lejos está la otra forma! Imaginemos un sistema en el que nuestros valores no son. Uno se resiste siquiera a proponerlo. Hasta lx jovencitx más revolucionarix creería que la anarquía es imposible. Tiene razón pero no, pues confunde por qué la tiene: el ser humano es infinito, es, fue y será capaz de las peores atrocidades y de las cosas más hermosas. Nadie sabe su poder tanto de organización como de cualquier cosa. Yo creo que la anarquía, en alguna de sus formas, es posible; lx jovencitx de turno tiene razón no porque sea "una utopía" (?), sino porque intuye cómo el barco de esa posibilidad se ajela más y más. Termina por afirmar ¡esh imposhible!, pero se apura, en su ansiedad, por poner una firma y un sello en el espacio del aire. He aquí el problema.
Lo que Jauretche dijo: "los intelectuales se suben al caballo por izquierda y bajan por derecha" es por esto, otra vez vagamente choca el ideal con la praxis y ésto se confunde con una totalidad. Pero la idea siempre será correcta porque el ser es inconmensurable, sin embargo la distancia de ésta realidad con la idea hace que parezca imposible. Quiero creer que ni a palos.

lunes 21 de septiembre de 2009

Del veneno la hiedra y del filo la espada.
El filo del corte y el mar del ahogo.

De mi vértigo doler la huida.
Entre árboles ardidos la escondida subrepticia.


La piedra angular del golpe certero;
del goce los sexos, de la caza las garras inocentes.

una perpetua flor de Coleridge,
aparecida en llamas desde mi sueño.


del oscuro rincón donde revientan las palabras,
una estrella valentona, impotentona.

dos palabras en mi boca que estancadas
vomitan balbuceos por los dedos.

Soy
de tu despedida el abrazo.
Sos
esa espalda que decrece.

Sos
quien dejó olvidado un objeto
Soy
un olvidado que objeta entre letras negruras.

jueves 17 de septiembre de 2009

Círculo de viajes

Al problema de que todos le pegaban, sumó el de crecer.

Al de crecer, el de separarse de todos. Al del mal recuerdo, el rencor, al del rencor, el temor a todo, al del temor, el odio, al odio, la locura, a la locura, una muerte, a una muerte, una cárcel, a la cárcel, otra muerte, a la muerte, la exclusión, a exclusión, reinserción, a la reinserción, un odio infinitamente mayor, al odio infinito, una violación, a la violación, una culpa, a una culpa, el exilio, al exilio, otra vida, a la vida,
ver por una ventanilla del tren cómo un padre le gritaba a su presunto hijo injurias mientras le pegaba; a lo visto en ese espejo, otro encierro, otro exilio, otra muerte.

lunes 14 de septiembre de 2009

Me proveí de ésto, te lo llevo imprimido y te lo voy a pegar freído en la cara.

http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=imprimir :

Dobles participios: imprimido/impreso, freído/frito, proveído/provisto

Los únicos verbos que en la lengua actual presentan dos participios, uno regular y otro irregular, son imprimir (imprimido/impreso), freír (freído/frito) y proveer (proveído/provisto), con sus respectivos derivados. Los dos participios pueden utilizarse indistintamente en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica, aunque la preferencia por una u otra forma varíe en cada caso (véase el Diccionario panhispánico de dudas, s/v imprimir, freír, proveer):

Hemos imprimido veinte ejemplares / Habían impreso las copias en papel fotográfico.
Nos hemos proveído de todo lo necesario / Se había provisto de víveres abundantes.
Las empanadillas han de ser freídas dos horas antes / Nunca había frito un huevo.

No debe asimilarse el caso de estos participios verbales irregulares con el del nutrido grupo de adjetivos procedentes de participios latinos, como abstracto (del latín abstractus, participio de abstrahere), atento (del lat. attentus, part. de attendere), confuso (del lat. confusus, part. de confundere), correcto (del lat. correctus, part. de corrigere), contracto (del lat. contractus, part. de contrahere), tinto (del lat. tinctus, part. de tingere), etc. Algunas de estas formas pueden haber funcionado como participios verbales en épocas pasadas del idioma, pero hoy funcionan solamente como adjetivos y, por lo tanto, no se usan en la formación de los tiempos compuestos ni de la voz pasiva de los verbos correspondientes (no se dice *Han contracto matrimonio o *Son correctos por el profesor, sino Han contraído matrimonio o Son corregidos por el profesor). Por lo tanto, la consideración de estos verbos como «verbos con doble participio» carece de justificación gramatical.


Quien condena sin conocer cómo son las cosas siempre merece que se lo condene doblemente. Quien critica la voz "imprimido" no sólo se está mofando de alguien que habló correctamente, sino que él es "eso" que critica, ya que semejante herejía participia siempre fue aceptada por la RAE. Está esa zoncera en los academicoides, ese mito estúpido y ansioso de que la RAE nos vigila, y terminamos obsesionaditos, volviéndonos apasionados de una corrección que nunca nadie nos impuso. Todo al pedo. Hay un espíritu pro académicorrector que no puede terminar bien, ya que las instituciones reguladoras son un espejo de los hablantes, y consultar siempre el espejo en busca de novedades es sospechoso, pues quien lo hace no es un espíritu que busque algo del hombre, sino una porción de éste. Y tal espíritu termina por ser falso: no se puede estar las 24 horas mirándose al espejo esperando que el accidente del reflejo RAE nos responda como sustancia hablante.
No me revienta el mero error de pensar que imprimido está mal dicho, me revienta la actitud de vivir corrigiendo a base de una RAE que para éste hablador corrector no es más que una diosa de la mitología hispana, ya que evidentemente, frecuenta el ritual de corregir sin jamás haber visto a la diosa correspondiente. Con esto puedo decir: no rompan las bolas.

Pág. 245, viñeta 4

Juan anhela el olvido de la incoherente expedición y volver hacia (nunca “hasta”, tal es su esencia de Eternauta) Elena y Martita. Ruega que lo dejen ir, pues una aventura donde de un ejército sólo quedan tres soldados se le aparece estúpida. (Cierto es que lo que lo mueve a desertar es el terror de perder al ser amado más que la racional cobardía). Entonces Franco, el aventurado tornero, al levantar la vista del vulgo, divisa y alerta sobre algo. “Tres finísimos hilos de luz” arguye nuestro héroe Juan, acercándose a lo que en verdad era el cielo desgarrado por un Tigre, símbolo de la muerte, de la humanidad desangrándose.
Si otra vez, y prediciendo nuestra futura crisis educacional, el profesor Favalli no se hubiese equivocado tachando las desgarraduras de ingenuos “cohetes intercontinentales” (provenientes de las mismas potencias que, con la ilustración de Breccia, entregarían Sudamérica), quizás Oesterheld hubiese entendido el monstruo que descubría; quizás López hubiese entendido la terrible verdad que dibujaba.

Pág. x

Lo que Oesterheld no escribiría jamás es que el Eternauta lo visitó una última vez. En ese encuentro, lejos de contar aventuras, le advierte al guionista que será un desaparecido. Oesterheld, corriéndose de la cobardía del ser guionista de historietas, en lugar de denunciar los hechos futuros o prevenirse en el exilio, escribió silenciosamente el guión del Eternauta, introduciéndose deliberadamente él mismo en la historia. Es decir, introduciendo al Eternauta en la nuestra. Luego entraría a Montoneros y haría una segunda parte (con tinte evidentemente subversivo) del Eternauta, sumada una segunda versión de la primera, donde las Potencias ayudan a los Ellos a conquistar Sudamérica.
Según la definición de aquel filósofo del siglo XXI, Eternauta es “condición de navegante del tiempo, de viajero de la eternidad, mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos…”. Oesterheld dos cosas descubrió: como buen escritor, que un accidente o personaje vale tanto o más que una sustancia o autor; y que sólo siendo Germán desaparecido por Ellos, Juan Salvo pasaría del verbo a la carne para buscarlo incansablemente. Nosotros, viajantes ocasionales, evidentemente, no lo vemos.

Pág. 208/209

Franco disparó y destruyó el teledirector incrustado en el cuello del Gurbo con el que los Manos daban sus órdenes. El hallazgo salvó al pequeño ejército, mas sabemos que un descubrimiento que no deviene en otros no tiene sentido.

El Gurbo, súbitamente libertado, se descubrió actuando sin un porqué, así que ante la duda bajó la pata para aplastar a los minihombrecitos que tenía enfrente, pero justo antes de hacerlo, quién sabe por qué razón prefirió atacar a su gurbo compañero.
Inconformes con esta oscuridad, y como sabemos que tal tensión hollywoodesca es impropia del Autor, la explicación de que luego de perder el teledirector (y la hipocresía y la mediocridad con éste) el Gurbo se atrevió por fin a atacar al que muy antaño le había soplado la Gurba, nos parece certera y esclarecedora. Por lo menos más que el pensamiento fibrofácil de Favalli, rebajando Gurbos al mote de “perros salvajes”.
Lo llamativo no es que el implacable profesor se haya equivocado, sino que el Gurbo agredido, con teledirector andando, respondió al ataque sin haber recibido orden alguna del Mano. Inútilmente intentamos explicarnos esta tremenda falla en la ciencia del poema: tal es el poder de una mujer.

jueves 10 de septiembre de 2009

Idiosincrasia y cognición

Me llama poderosamente la atención que haya tanto libro de pedagogía que se encargue de esconderse en el lugar común sin dar ninguna novedad: que los jóvenes vienen rebeldes, que la modernidad líquida, que los antiguos valores de la sociedad (?), que las raíces, que la novedad es lo único importante (¿batallan esto último diciendo siempre lo mismo?)..., todo lo que (sea cierto o no) ya sabemos, como un versito del Himno Nacional del que no entendemos ni lo que decimos en el plano fonético.

Me llama poderosamente la atención que no hay libros sobre el proceso de aprendizaje, no hablo (ya la palabra proceso instará a muchos a pensarlo) exclusivamente de psicología evolutiva, cognitivo-conductual o psicoanálisis; hablo de los procesos cognitivos concientes (de los que todos los individuos sin discusión somos capaces de percibir en nosotros y por ende en el otro) que dificultan o potencian la capacidad de aprendizaje. Es, más que pertinente, imprescindible abordar esta cuestión evitando la mera enumeración de causas y consecuencias, cosa que tanto sucede en la supuesta pedagogía: "los padres no se hacen cargo de los hijos, los docentes no damos a basto con los sueldos", pasando reporte y factura de lo que todos sabemos, aburriéndonos con tanta enumeración infame sin respuesta, que encima cuando la hay, es o utópica, o poco concreta, o retrógrada o más de lo mismo sobre la autoridad. No bombardeo vanamente: creo que la queja es algo que sirve cuando se está pensando en función de una pasión, quiero decir, la pasión que nace desde la intuición (sobre una base rígida de experiencia y estudio) de que estamos quejando sobre algo que se puede cambiar.
En clase, como alumno percibo constantemente que muchos docentes no saben percibir los procesos por los que los alumnos pasan al momento de recibir una información. No entiendo por qué la pedagogía progresista se alaba a sí misma de que tiene en cuenta lo sociocultural en el adolescente si no sabe ver qué consecuencias concretas tiene eso en el momento en el que el alumno, al recibir una información, procesa de forma "correcta", "incorrecta", "distinta", etcétera... No quiero decir que un chico sin recursos económicos va a estar pensando más en su casa que en la escuela, no es tan fácil ni tan poco riguroso, tiene que ver más con el vínculo, con el conocimiento del otro, con conocer primero cómo procesa la información, luego buscar porqués a eso. Hay que aclarar el carácter de correcto o incorrecto, ya que (algo que se olvida muchísimo) cuando nos paramos frente a un aula estamos defendiendo una forma subjetiva de ver el mundo, sólo sujetándonos de que sabemos más que los otros. Distinguimos qué es la realidad al decir qué es correcto y qué no. Veremos más adelante que la docencia está encarcelada en la visión de Parménides, que es una de muchas, como todo occidente; pero más allá de eso, y como también se verá, importante es entender por qué se equivoca, por qué no se equivoca, por qué aprende distinto. No importa el saber, importa cómo llega el alumno, porque el día de mañana los datos que nosotros damos serán adquiribles por los nuevos medios, pero quién sabe si podrán soportar recibir la información sin una mano que los haya guiado en cómo conocer. La labor docente es vital, pero no es la que estamos haciendo. Ya veremos.

El docente se miente a sí mismo, le miente a otros docentes, y le miente a los alumnos. El docente que verdaderamente sabe, es conciente de que no sabe como los demás creen; es conciente de que está ahí parado como una especie de padre que es idealizado por sus hijos impúberes (sean los alumnos niños, adolescentes, jóvenes o adultos); es conciente de que su calidad de verdad no es la que ven en él. Porque así también sucede con el conocimiento, con la realidad misma: el alumno que no conoce la realidad le da un matiz de mágica, de oscura e impenetrable, de quién sabe qué características distantes de lo real. (Cabe aclarar que el carácter de oscura no se refiere al caos al que se llega concientemente luego, por ejemplo, de descubrir que los valores son relativos, sino por el hecho de no pensar la realidad, no cuestionarla, no contrastarla o soñarla en otras posibilidades).

Errados estamos si pensamos que nuestra labor docente es sólo meter información en la cabeza del chico; errados estamos también si pensamos que debemos hacer eso y formarlos en valores para la sociedad; y estamos más errados todavía si pensamos que formamos ciudadanos para intentar crear un mundo menos horrible. Al contrario, señores docentes, progresistas esperanzados y enamoraditos de la humanidad, la terrible verdad es que estamos filtrando a través de las capacidades de aprendizaje de los alumnos. Si el alumno no tiene las aptitudes cognitivas para adquirir conocimiento, es decir, si no tiene un ejercicio adecuando al sistema para captar la realidad como se la concibe en un momento cultural determinado, se lo excluye, así de darwiniano. Y no, no son los políticos los culpables, nadie nos dice que tenemos que hacerlo, quizás por eso o suene descabellado o no se vea, porque no es nadie el culpable: todos somos culpables de todo y por todos, (Dostoievsky); mientras haya un hombre preso, no seré libre, (Bakunin); la lengua muta no gracias al hablante, pero necesita de los hablantes para mutar (Saussure). Esto quiere decir que nadie específicamente es el culpable, sino que lo somos todos, es la actitud y la idiotsincrasia de la sociedad lo que nos hace seleccionar, filtrar, ordenar, para dar el paquete de "ciudadanos" al Estado lo más prolijo posible. En el trabajo de ordenar los roles no hay jerarquía: de eso se encargan todos mismos alumnos, el docente, el personal de limpieza, los directivos…Y éste ordenamiento va desde lo institucional (dividiendo a los niños entre los más y los menos capaces, haciéndolos repetir, separando a los problemáticos o los que tienen problemas psicofisiológicos...) hasta lo individual, dándole a entender implícitamente al alumno en qué lugar está parado. La escuela no se dedica a potenciar las aptitudes cognitivas, se dedica a encausar, a machacarle a uno una falsa idea de sí mismo en la cabeza y, una vez impuesto el rol (por nadie en especial, sino por el modo de organización, es decir por todos), los docentes somos una suerte de alcahuete involuntario (pero no por eso menos efectivo) de quién es, en esta suerte de siniestro simulacro, más y menos apto para el mundo de hoy.

Usted y yo, docente, no somos más que un engranaje de esta maquinaria que valora el saber computacional desde antes que existiera la computadora. La visión parmediana del Universo es lo que nos rige hasta hoy, tal es la forma computalizada del conocimiento: el Ser es y el No Ser no es, lo mismo que A=A. Pero no me confunda con el discurso pseudoprogre, el problema no es la realidad que se enseña, lo que importa para el sistema (no dejamos de ser todos por estar en supuesta tercera persona) es que el alumno demuestre ser parte de la cosmovisión a través de su método de aprendizaje, el cual también forma parte del modo de ver el mundo: si el alumno nos demuestra que es capaz de adquirir los conocimientos (como ya dije, los contenidos no importan, no son más que excusas para evaluar las aptitudes cognitivas que deben corresponderse con la consmovisión parmediana), pasará de año sin problemas. Con la cosmovisión parmediana me refiero a que el alumno, cuando aprenda que 2+2 son 4, no podrá jamás aplicar la cosmovisión de Heráclito, quien afirma que todo está en constante cambio y movimiento, ni se le ocurrirá recurrir a Nietzche para decir que un Idiota hace miles de años inventó esos números estúpidos y ahora, como pasó mucho tiempo sin que nos quejáramos (porque esos números fueron los menos malos espejos que pudimos encontrar para decir la realidad), tomaron carácter de Verdad irrefutable. Salir de la cosmovisión sinceramente hacia otra no sirve para nosotros. Lo que se evalúa tampoco es que el alumno no piense, es más grave: el alumno puede pensar como Heráclito o como Nietzche, pero jamás podría ser Heracliano o Nietzchiano. En la escuela podemos ver a éstos autores pero jamás apasionarnos demasiado con ellos, no podemos internalizarlos, ver el mundo seriamente con sus ojos, aplicarlos a la realidad. Olvidamos que Parménides es sólo una visión de las cosas, más práctica, más matemática y pura y perfecta para la abstracción platónica, pero no por esto más real ¿Acaso creen que el alumno por ser alumno es idiota y no intuye algo de eso? Las supuestas “materias” deberían dejar de existir, ya que todas pertenecen a cosmovisiones o iguales o totalmente dispares, organizada esa cosmovisión en base a la subjetividad de cada docente. La física básica no tiene los mismos fundamentos que la cuántica, hay muchas formas de ver las matemáticas más que 2+2=4.
Los datos deben ser una excusa para explicar y fundamentar una forma de ver el mundo, y no deben ser esos datos presentados como fundamentos. Este es el principal error, creer que un dato fundamenta, cuando hay un fundamento detrás, mucho más subjetivo, del que se construye el dato. (El razonamiento abductivo en la ciencia corrobora totalmente esta idea). El problema es la especialización científica: tanta distancia de la ciencia con el sujeto logra la incomunicación, y la ciencia pasa a ser un fetiche alejado al cual los profesores, alumnos y todos le creemos con los ojos medio vendados. Sólo un gran investigador, un filósofo, un amante del conocimiento, puede ser un buen docente. Sólo alguien que anhele encontrar lo Uno en lo Diverso y descubrir que los Dioses de la Ciencia no existen, o haberlo pensado en esto siquiera, puede tratar de enseñar algo, aunque sea una tabla de multiplicar (si es que quiere decir la verdad más que enseñar cómo hablar correctamente en una cultura determinada, enseñando un árbol sin bosque)

Hay que tener en cuenta que filtrar a través de las aptitudes cognitivas es efectivísimo para el sistema del que somos parte y que forjamos día a día, porque nos muestra futuros inconformismos: la rebeldía en el estudio, tomando de Freire, inconciente o concientemente es en realidad una rebelión a la cosmovisión de un verticalismo mentirosamente necesario, mentirosamente pues la verticalidad viene de tiempos inmemorables y la tenemos tan arraigada a la cultura que creemos falsamente que está en los genes, como ya vimos en el carácter de verdad del Concepto en Nietzche; un individuo si quiere cambiar esto pasa por estúpido: es la idiotsincrasia el problema a cambiar. Nos escudamos en decir que es imposible la horizontalidad, cuando en realidad estamos tan enfrascados en el verticalismo que tachamos de imposible justamente lo que no conocemos (¿no es llamativo?) como posibilidad social, porque toda una sociedad jamás se atrevió a instaurar en el sentido común la idea de horizontalidad, pero misteriosamente la condenamos como una locura (?). Pero no sólo el filtro saca a la luz la rebeldía, sino como ya fue dicho, ordena a los alumnos según sus capacidades sin trabajar en ellas. Hay cosas precarias como buscar distintas formas para explicar, inventar jueguitos y métodos tontos, todo hecho a priori. Es la forma de percibir el vínculo con el alumno lo que tiene que cambiar, no sumar métodos, no ensanchar o poner más bella la cárcel. Para pensar esto podríamos hacernos estas preguntas: ¿no llama la atención la cantidad increíble de datos inútiles que el alumno olvidará a los pocos minutos, los enseñemos como los enseñemos? ¿hasta cuándo seguir, bajo el lema chato de que estamos para enseñar algo distinto que la televisón, rebajándonos al mote de diario?, En palabras de Borges, el diario está escrito deliberadamente para el olvido, ya que sus datos, luego de pasado el día de la noticia, no sirven. En nuestro caso, pasada el funesto ritual del examen, los datos supuestamente aprendidos no sirven para nada, a menos que la materia tenga continuidad en los años, lo cual hará datos potencialmente inútiles y susceptibles de mayor rencor al final de la cursada.

Tiene que haber un cambio o la escuela va a desaparecer paulatinamente, ya que hemos descubierto que no es tan necesario un filtro de las aptitudes: habrá una autorregulación de las capacidades cognitivas, la sociedad sola va a clasificar a los sujetos que no tengan la capacidad de aprehender el mundo, para esto harán algún tratamiento con suerte, o trabajarán de algo que no les exija mejorar su capacidad de aprendizaje (esto es el quid de la exclusión, no me vengan con realismo estúpido de que no se puede cambiar nada si quieren ser docentes). Antaño, bajo el manto de la dificultad para llegar al dato, la escuela parecía imprescindible, pero ahora los tiempos cambian y el dato está para todos. Ya no hay más mentira, descubrimos que el docente en esta idiosincrasia es parte del vil ordenamiento de “los más y menos”. El sistema educativo, los padres, todos inconcientemente orientamos a las personas a un lugar ¿A nadie le llama la atención, más allá de una teoría psicodramática de los roles, que todos los cursos más o menos se parezcan? ¿Puede ser que en todos los cursos haya siempre un "mejor alumno", "un acosado", "un acosador", "un vago", medio curso indiferente a todo... ¿es causal tal desmesurada homogeneidad en algo tan heterogéneo como el ser humano? Haciendo un poco de foco, la luz quema los ojos, ¿no? Pero viéndolo de otro modo, evitaríamos hasta buena parte del racismo, ya que todos seríamos capaces de aprenderlo todo, si hablamos en términos de reubicar las resistencia, las asociaciones, en sí los modos de cognición. Sé que son términos psicológicos, pero el pedagogo necesita de las psicologías, necesita saber los procesos por los que el alumno pasa. El docente es un psicólogo que orienta, que da armas para su desarrollo como individuo en la vida social, con el plus de la adquisición de datos para la laboral. Y para orientar, necesariamente tiene que entender qué le sucede al alumno.
Como docentes nuestra labor no es desaparecer, nuestra labor es ayudar al alumno a comprender más información sobre el mundo en el que le toca vivir y estimular a todos por igual las aptitudes cognitivas para poder conocer el afuera y conocerse a sí mismos en el proceso de aprendizaje, sin cobardía a la frustración. Hay mucho miedo a la frustración, es necesaria la autoestima de saber que son todos igual de capaces de conocer, sólo que unos tienen una mayor estimulación. Se debe adquirir la idiosincrasia y la autoestima suficiente como para ser parte de aquélla, y así poder relativizar el mundo y volver a concretizarlo a voluntad. Poder tomar varias cosmovisiones para poder eliminar la idea de Magia o de Dios impenetrable e incogniscible en la realidad, tal cual a como sucede cuando, de jóvenes, tenemos más de un modelo que los padres (amigos, tíos, docentes...). Esto es madurar, quitarle carácter mágico, oscuro y consecuentemente aterrador al afuera y volviéndolo algo propio, volver al sujeto un arma cargada de futuro, un ser capaz de sentirse digno de modificar y modificarse.
Pero nos topamos con una paradoja: la escuela forma idiosincrasia siendo idiosincrasia: se muta a sí misma cuando muta al alumno, entonces no tiene un punto fijo. Por esto es que (como sucede con la RAE) tanta potencial mutabilidad hace que se sienten bases demasiado rígidas y, cuando son erradas o inadecuadas para la época, es un problema. Sin embargo esto se cura fácil: la escuela enseñe como enseñe, enseñe lo que enseñe, no debe perder jamás la premisa de la enseñanza idiosincrásica y la estimulación de las capacidades cognitivas. Éste segundo eje es el más descuidado y el más importante de los dos, ya que teniendo capacidad de aprendizaje, tarde o temprano el conocimiento llegará, porque ya están las aptitudes, y, con ellas, los deseos de conocimiento. Este es un punto vital, ya que, por ejemplo, es en la baja autoestima donde encontramos la indiferencia del alumno: ¿quién puede sentirse atraído por las matemáticas si se escuda en que son aburridas, que no sirven para nada, etcétera, cuando en realidad son meras excusas, velos para mentirse a ellos mismos todo el miedo al fracaso que tienen encima?, algunos como mucho aluden a cierta dificultad como "falta de capacidad", o eso de que "yo sirvo para las humanidades". Si me contestan que todos tenemos gustos distintos y que no podemos abarcarlo todo me parecerán unos imbéciles e ignorantes. La cuestión de gustos en el conocimiento depende de la época, la tendencia a creer que uno sirve para una cosa y no para su (justamente cultural) opuesto es porque así se dice que suele ser; y así se impone la sociedad a sí misma, sumada la importantísima e imposible de seguir especialización de la ciencia, donde un físico especializado en física cuántica no puede pasar dos palabras con un físico nuclear. La idea de falta de conexión entre el Todo, la falta de lo Uno en lo diverso, de la raíz, es un mal que la escuela debe, por lo menos, presentarle al alumno ¿Cómo hacía Leonardo Da Vinci, los filósofos griegos y tantos otros para estudiar tantísimas cosas a la vez? Quien se siente con las suficientes capacidades para adquirir conocimiento, querrá o podrá adquirirlo en todas sus expresiones. Evidentemente no podremos abarcarlo todo, pero si elegimos un camino, que no sea por "sentirnos incapaces de", cosa que no es cierta, sino por cuestiones de pasión, de sentir que ése y no otro es el modo de conocer la realidad y de expresarse que va más con uno, ya que justamente de esto se tratan la ciencia y el arte, de conocer, cada disciplina a su modo, la realidad y poder expresarla y expresarse.

El alumno primero se siente incapaz, luego actúa como tal. Nunca es al revés.

Es un error resaltarnos hasta machacarnos el cerebro con que la novedad es lo más bien visto de este tiempo ¡Nada más lejos!, la novedad es vista con terror, la novedad es peligrosa: aprender, conocer el mundo, cambiar, irse un poco del común del rebaño ahora que estamos todos tan conectadísimos es terriblemente peligroso como sujeto (sujetado) social, ¿quién puede soportar la novedad de que lo que nos están vendiendo es todo mentira? El término novedad y todos los demás están mal usados.

Repito, el objetivo debe ser enseñar la realidad y estimular al alumno sobre la idea de que él es capaz de modificar esa realidad, pues él es una parte de ella. El docente debe tomar conciencia de que todos somos culpables, no sólo los políticos, los padres, los alumnos..., y debe pensarse, debe pensar en el porqué de su labor, y descubrir que una de éstas (si no se explotan las capacidades cognitivas en lugar de rellenar con datos y valores sociales) es filtrar y clasificar (y hacer que se clasifiquen a sí mismos) en más o menos capaces. Lo que debe cambiar es que el docente debe ser conciente de que su contenido es accesorio, que lo imprescindible es armar al sujeto de potencialidades cognitivas para que así también él se conozca a sí mismo a través de ese trabajo cognitivo (“me equivoqué en esto porque asocié esto con eso, pasé por éste proceso”), por qué se equivoca, qué es equivocarse, si lo que yo entiendo por equivocación luego no puede ser, en otra perspectiva, un hallazgo fantástico, si de una disfunción no puede salir una función mucho mejor que la de los demás...No podemos quedarnos sólo haciendo foro en el barro de ser una autoridad perdida, de cómo poner límites, frustrar para que el sujeto social sea más apto y maduro (ésto último es parte del proceso cognitivo y es importante,pero es sólo una mera parte). Por otro lado, todas esas cosas vistas como un fin en sí no son más que habladuría que nace del pavor docente a recibir una paliza del alumnado o quedarse sin trabajo por incapaz.
También hay una tendencia estúpida de confundir una ingenua individualización con lo necesariamente masivo y tardío. Es obvio que proponer ésto va hacia lo segundo, pues que sólo un docente intente horizontalizar la clase y estimular aptitudes cognitivas y dividir en lugar de materias cosmovisiones, hará que éste haga una gran labor que el directivo no le dejará llevar a cabo más de un mes; lo que quiero proponer es la introducción en la idiosincrasia social de éstas ideas, aunque las sientan imposibles, ya estarán en alguna parte suya y sé que serán tenidas en cuenta, si no es hoy, algún día. Estas idesa me parecen mucho más felices que la insalubre y casi inútil labor actual del docente. Agradezcamos, finalmente la "crisis institucional", porque de ella quizás venga un cambio que sólo se puede hacer con esto de romperse la cabeza para poder modificarla, y laburar ciegamente pero con conciencia de ello como una hormiga en el mundo.
Ésto sería el inicio de una propuesta, no el fin en sí.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Ave Caesar carroñae

Heráclito, entre estiercol y mitología, se sorprende cuando siente que algo huele como él: después de descubrir su tan citada frase, divisa pasmado cómo Cesar Aira, con una piedra enorme atada a la lengua, es arrastrado por la corriente del Kanon. Éste río va tranquilo pero va. El Oscuro sigue desde la orilla al desventurado no sin divertirse con su lengua trunca, que ridículamente estirada, soporta a duras penas los embates del río, sin dejar de hacer aluciones sobre qué le puede hacer con esa lengua a los griegos.
Caesar, con ademanes, blasfemias e interjecciones, parece gritarle que lo dejen en paz, que ha escuchado por ahí el mito -al decir esta palabra el Oscuro se pone sombrío- de que sólo tirándole piedras al Kanon se puede llegar a algo. El de Efeso le presta atención con los ojos abiertos como huevos y no sin sonrisa sádica y tijera en mano, le amaga que le va a cortar soga. Cesar, desesperado por su futuro profesional, intenta defenderse con la palabra, aunque siga con la lengua afuera y no se le entienda mucho:

- Tú que detestabas a Homero como yo a Cortázar, a Sábato, a Piglia... ¡déjame en paz!

Heráclito ya se está tomando a pecho tal insulto a su inteligencia; Cesar notó esto, y no hubo más alternativas que ser sincero:

-¡Está bien!, tú que odiabas el pasado para tratar de explicar el Universo, y yo para ganar fans o lectores pasajeros, ¡si son tan opuestos nuestros motivos, para tí lo mismo serán! ¡Dejadme por favor! -las lágrimas se mezclan con la corriente.

Heráclito se hace el pensativo un segundo, parece sorprendido (a César le brillan los ojitos de esperanza), sin embargo, y súbitamente, estira la mano cargada con la tijera, pero no corta la soga.
Por fin satisfecho, el mal dicho "filófoso del devenir" se va silbando tranquilo.

Cesar sigue arrastrándose en la corriente del río Kanon; su piedra se le pierde de vista y como no es diestro para pezcar, come los peces muertos que logra atrapar por ahí. Sin embargo nada le repugna, pues nuestro Cesar (por magnífica ironía) ya sin lengua, no degusta ni el horrible sabor de los peces muertos ni de las sombrías mitologías sobre cómo ser oportunista. Y se deja llevar cómodo, tras y con la corriente, hasta caer en la cascada de Mediócritas.

sábado 5 de septiembre de 2009

Es errado el concepto de "desdoblamiento" en el escritor y el actor. Nada se dobla, todo se parte como la UCR. Verán, es una explosión de la personalidad. El escritor y el actor tienen la energía del yo latente en la periferia del espíritu, esperando una vasija a saciar. Lo único que puede hacer el Yo invariable del día a día es reunir la energía en un centro y seleccionar, también a duras penas, aquel centro. Una vez distribuida tal energía, no se sabe qué puede pasar. El escritor y el actor se vuelven locos con facilidad por esto, y por esto también muchos son genios, porque son, más que personas, representantes potenciales de cualquiera. En ellos se alberga la posibilidad de todo ser humano (y las posibilidades de cada uno de ellos), siendo el único límite la época, o lo conocido (tal vez). Nada hay de misterio en esto, tampoco en que el precio pagado por ser artista es sólo el hecho de ser infinito y nadie, por lo menos en esos momentos es explícito. En el resto de la vida, más o menos, las energías vuelan por ahí, no están nunca unidas. Vagan en función de las potenciales formas nacidas del anhelo de que tanto universo abstracto se vuelva de repente concretísimo.

jueves 3 de septiembre de 2009

Presidiario

Mauro por lo primero que lloró fue porque su madre no le abrazaba con igual intensidad de un lado que del otro.
Con los años, pero de muy niño oyó la dulce anécdota en boca de la inocente madre, que así imprimió en él la sensación de ser o deber ser por siempre hombre justo y equitativo. Así oía.
La costumbre familiar tenía destinado para él un rol de oír sin participar, sin estar. Mauro recibía arduos discursos nebulosos (porque ninguno era para él pero como el niño necesita ser dicho, los tomaba como su fiel receptor) sin cotejar con la naturaleza, hasta que un día oyó en una de tantas discusiones adultas sobre políticos (no política) para ser un político hay que ser una basura, un despiadado, un frío. Quién sabe por qué esa frase le quedó marcada, a tal punto de que todo lo asociaba a ella.
Cuando un amor lo dejó por vez primera, en su adolescencia, vio cómo lo necesario (ser hombre, apuesto, extrovertido, etcétera) no es suficiente para conseguir lo preciado. Ahí descubrió que la apariencia, para ser del orden real, debe ocultar algo.
Éstas experiencias y las otras, las infinitas, las incognoscibles, tal vez fueron necesarias y suficientes.

Con el crecer supo cómo los políticos, en efecto, mentían; lo veía en su barrio y en las clásicas falsas promesas. Como toda persona más o menos pensante, quejaba que un político mienta no es una apariencia, no es un chantaje: es lo normal. Pero un giro más horrorizó su tranquila jactancia, algo así como una apariencia de segundo orden: la primera, la del político que miente amor al pueblo; y la segunda, la que miente ser un mentiroso porque eso es lo que quieren las personas para no hacerse cargo de nada y troquelar vida por injuria.
Aterrado frente a tal verdad (que descubrió solitario), intentó comprobarla, unido al Partido Demócrata, haciendo primero alarde y luego fama positiva de rufián, malhechor, hombre truculento y mentiroso. Pisaba cuanta cabeza podía, mataba a cuanto (ni siquiera a quien) hacía falta. Evidentemente, y para su pasmosa sorpresa, fue elegido Presidente de la Comisión.
Ascendía vertiginoso, pero nadie sabía que todo era un personaje, que ni bien ascendiera, daría vuelta. Dicen que una muerte de su hijo le valió la presidencia, por lo que el accidente dijo de conmovedor y por lo que calló el accidentado.

Sentado en lo que sería un sillón de Rivadavia, se quitó los pérfidos harapos. Sentía con irónica alegría haberlos engañado a todos. Ni bien lo dejaron solo, luego de unos ademanes, y resolvió darse vuelta empezando por la convencional corbata; pero como tenía tan pegado en la piel el chantaje y la falsedad política, cuando intentó desdoblarse el nudo todo el Congreso se dio vuelta y se le vino encima. Era de ver tal espectáculo, mas desde la plaza nadie lo notaría, como no se notan infinidad nula de palomas en la supradicha Plaza Congreso.
Así Mauro muere aplastado por sus escombros y por un funcionario, que, aunque muerto su complemento indirecto, no para de pedirle la renuncia.

martes 1 de septiembre de 2009

En el extraño universo de Nico, si se lee (el 31 de agosto) que el 3 de septiembre es el examen, la sensación de ansiedad, desesperación y proximindad terminan forjando la idea de que el parcial es, en realidad, el 1......., es decir que era hoy. Y no.

lunes 31 de agosto de 2009

Correr

Encontré que alguien en un diccionario virtual se preguntaba por lo transitivo del verbo correr cuando se refiere a correr una carrera. Se me ocurrieron algunas cosas sobre las definiciones de Correr.

* Sustancia es el objeto, accidente es el adjetivo de ese objeto que no podría ser sustancia. Ejemplo: un auto rojo. Un auto es sustancia, rojo accidente; nadie vio un rojo andando por ahí con forma de auto; aunque pueda ser correcto en un análisis, la ilógica sintáctica no me importa ahora.

1) Correr: el acto de caminar muy rápido, el hecho físico de desplazarse de un lado a otro (o no) no necesariamente por competencia o disputa. Es, evidentemente, intransitivo: corro hacia algún lugar. Puedo decirlo sin objeto indirecto: "yo corro".

2) Cuando se corre para llegar a algo y se escinde la preposición de dativo.
Sabemos que cuando decimos "Correr el colectivo", se correr (a) el colectivo. Podemos pensar que "el" está cumpliendo la función de "al". Ahora bien, este cambio de "al" por "el" sucede porque la meta está en movimiento, y encima es un movimiento hecho por una cosa, no por un ser vivo. Pero también puede verse esto (yo prefiero pensarlo así) como una actitud de complicidad frente al hecho algo desesperante como correr lo que está en movimiento y se escapa. "Correr el colectivo" es algo que nos pasa a todos, yo siento una sensación de complicidad al no leer la preposición de dativo, siento que correrelcolectivo podría ser una sola palabra. Me pueden decir que "Correr el riesgo" y otras cosas más son sintácticamente iguales y la meta no es estática ni hay complicidad. Pero el significado de correr ahí es distinto, no es un hecho físico, es una decisión: "hacer esto", "correr ese riesgo". Acá hablamos de correr algo, físicamente hablando. El hecho de que el colectivo se mueva hace que pueda tener un complemento directo al lado y sea difícil la ambigüedad de Correr: no perseguimos un mate...

3) Correr el mate, evidentemente transitivo, correr el mate de lugar.

4) Cuando sucede esto de "Correr una carrera" se presenta el tema de sustancia y accidente. La sustancia (competencia, disputa de corrida) es intercambiada por el accidente (el hecho de correr). El problema de si es transitivo o no es porque quitarle a Correr las propiedades de accidente y volverlo sustancia sabiendo que el hecho de correr no deja por esto de seguir siendo accidente, confunde. Quiero decir, cuando uno corre (sustancia) una carrera, también corre (accidente) hacia, hasta, tras, a una meta.

Del miedo al pero

El motivo de este escrito (más que una justificación es el comienzo de éste) descansa en la problemática humana de lo inconmensurable. Un famoso acertijo oriental y zen se vincula con lo que intentamos significar: "si un árbol cae y nadie lo oye, ¿hace ruido?". A partir de éste acerjito veremos que su carácter paradojal descansa en lo vertiginoso, lo cual nos obliga a desplazar el dolor de dicho vértigo y condensarlo en la duda, en el "pero" recursivo (pero si no estamos no hace ruido, pero de todos modos lo hace, pero no porque nadie lo oye... un círculo ad infinitum, sin respuesta).

Comienzo por apelar a usted, lector. Pruebe lo que se siente cuando respondemos "sí, el árbol hace ruido". Primero responda y luego siga leyendo. Bien. Al principio habrá respondido con total seguridad, mas luego, a los instantes, algo empieza a carcomer, un ruido, una sensación no elegida y por último la necesidad de decir "no, no hace ruido porque no lo oigo". Sin descubrir éste brevísimo proceso, sólo esgrimimos el arma para protegernos: el pero que ya vimos más arriba. Ahora bien, qué sucede en realidad. Lo siguiente creo que le da sentido: como la matemática, es fama que todo nuestro pensamiento occiental comienza con Parménides, quien nos dice que el Ser es y el No Ser no es, lo cual implica que todo lo que no es percibido o simplemente pensado no existe. Si nos dirigimos hacia la opción A de la paradoja (el árbol no hace ruido) estamos dándole la derecha al filósofo, ya que el ruido no escuchado ni pensado no existe; pero si elegimos la opción B (el árbol sí hace ruido) creamos un vértigo, pues si el árbol hace ruido estamos diciendo que el No Ser sí Es, entonces hay constante y posible "ruido a árbol que cae" alrededor nuestro. Miremos el aire y sabremos que hay átomos con su regressus in infinitum de la física cuántica, sabremos que hay millones de partículas que no vemos ni tocamos pero que conocemos su existir a través de lo dicho por al ciencia, pero como ya conocemos su existir, tales sustancias no forman parte del No Ser. En cambio, el ruido del árbol (lo no percibido ni pensado) si existe, entonces infinidad de sustancias y situaciones Son, existen: todo es posible y está más allá de nuestro pensamiento, sin que lo podamos conocer jamás. Tal es el vértigo, la desesperación. Y hablando de ésta, aquí, tomando a Kierkegaard, la desesperación nace de un yo que, en su relación finito e infinito pone el foco en éste último (hay infinita cantidad de cosas posibles alrededor nuestro que no conoceremos jamás, contra lo finito del individuo que no conoce), haciendo que se pierdan los límites del yo. Entonces dándole carácter paradojal al acertijo es cómo el yo intenta defenderse del caos.

Por otro lado hay que tener en cuenta la angustia de que el ruido exista sin nosotros, y que en consecuencia todo el orbe exista sin la necesidad de nuestro pensamiento ¿Quién puede admitir que el mundo es sin uno? La supuesta finitud del árbol significa en realidad "todo existe infinitamente sin nosotros". Todo es insignificado. Así, cuanto avance el fetiche de los conceptos es vano, puesto que siempre estará latente lo no conocible, como un caballo que corre y corre y avanza y conoce nuevos mundos y cura cada vez más enfermedades por tratar de alcanzar la zanahoria que le cuelga del palo que Alguien le ató a la espalda como para hacerle una Eterna Broma. Nada, salvo el vértigo de que las cosas existen sin nosotros y que hay algo posible y constantemente alrededor nuestro sin que lo sepamos, tiene sentido. Tal es el miedo cuando nos presentan el acertijo del árbol, que nos hace mentir "es una paradoja, no puede resolverse".

Para salvarnos de éste vértigo podemos pensar vanamente que nombrando el caos ya lo estamos ordenando, ya lo estamos conceptualizando. Yo preferiría creer que lo inconocible es alguna ley inmanente que los comentaristas no pudieron dilucidar de los fragmentos de Heráclito sobre el Logos.

martes 25 de agosto de 2009

Caminito

de gramática ergólatra,
de blarro cuajado
de qué dequeísta venís a llorar
torbo broto de tuya pared,
a nombrarte de qué me importás.

Fornicantes faciales facciones fascistas
fabrican tu nombre y decís:
De vez en cuando podría nacer
si eso fuera algo gramatical.

No nacer en el mundo sería mejor que un buen día pudieras catar
el saber de la sangre en la piel
del olor del sujeto que amás.

Ya soltado del alma otro verbo en el mundo no sé
qué sentido tendrás.
Caminito recorres bebés
que caminan cayendo sin pies
como yo que te sufro en zig zag.

Caminito estrechito de ciencias orales.
He venido por última vez
He volvido a olvidarte nomás.

miércoles 19 de agosto de 2009

1000 me miraron

Gracias mami por entrar 15 veces por día como habíamos acordado desde que, hace poquito, puse el contador.

Hablando de eso, recordé lo del contador en la feria del libro independiente, cuando descubrí que la madre de la amiga de un amigo leía esto. Decir que fue agradable no es lo mismo que decir que fue trascendente. Creo que en ese instante les robé el sentimiento que produce descubrir que te lee alguien desconocido a los escritores. Es una sensación rara y hermosa.

Ahora, a estudiar, que la condición necesaria del pánico llegó tarde pero llegó.

domingo 16 de agosto de 2009

Una aventura interior




A le susurró a su casual compañero, B:

- ¡Esto es un error, el mundo es horrible!
- Trabajá y callate –respondió B. Pero A replicó:
- ¡No!, ¡hay que huir! –y empujó a B a un costado. Ambos quedaron solos, a la deriva. B lo insultaba cuanto podía pero misteriosamente cambiaron de color; no se reconocieron y se separaron.

A encontró un laberinto circular muy brillante, y entró. B no quería, permaneció en la puerta mucho tiempo, hasta que unos sospechosos glóbulos blancos lo aterraron y pasó por el umbral.

Los dos recorrieron el laberinto día y noche. Un día B llegó al centro y encontró al Minotauro. Éste, aunque no sabía que enfrente no tenía un animal mítico, sino un espermatozoide, no vaciló en comérselo. Así nació Minotaura, y comenzó la procreación.

A llegó al centro del laberinto recién cuando el Imperio Minotauro estaba forjado. Lo descubrieron y torturaron para que confesara la salida, nombrada en las Escrituras. Pero A, como odiaba a la humanidad tanto como la amaba desmesuradamente, no confesó.
Hartos, iban a ejecutarlo cuando sintieron un breve temblor devenido en terremoto.
De repente una manito gigante arrasó con casi todo (las profecías no decían nada de eso). Pasmado de terror, el Líder Minotauro, antes de huir, quería matar a A; mas cuando iba a hacerlo, un supuesto rayo plateado caído del cielo atravesó al hombre/toro, matándolo.

Así A sobrevivió unos segundos más gracias al nacimiento de un humano y a la aguja inyectada para sedar a la madre, que aseguraba una post parto "guerra dentro suyo". En esos pocos segundos antes de morir se reconcilió con una humanidad que jamás conocería. Y murió feliz.

Basado en la imagen propuesta para el concurso de www.minificciones.com.ar

viernes 14 de agosto de 2009

Barajar y dar de nuevo

- Tomá, cortá... -dice Lautaro, disimulado.
- Sí -dice Claudio, distraído
- ¡Mano no corta! -Lautaro le deja la mano hinchada a Claudio, en ella había un mosquito. Escapó.

- ¡La maldad de los hombres cada vez es más peligrosa! -advirtió agitado, indignado y recién llegado al teatro Alvar (donde hacen las conferencias los bichos) aquél mosquito, Rupito.
- ¿Qué me dicen del dengue? -propuso como tema el Jefe Supremo de los Mosquitos, llamado Papá, onomatopeya de los aplausos que soportó por salvar a sus larvas.
- Marketing para Roche -vaticinó Púpura, el mosquito (mujer) progre, roja de sangre hasta las alas- ¿Y si matamos a los hombres?, somos muchos...
- Pensá que sin ellos se pierde un eslabón de la cadena alimenticia y dejaríamos de existir- arguyó sin creérselo demasiado, Papá.
- ¡Eso dicen de nosotros, si no, nos exterminarían! ¡Anímense cobardes!
- ¡Vamos! -gritó el tropel.

Así la humanidad desapareció, sólo quedaron los mejores chupasangre que, con los siglos, evolucionaron hasta olvidarlo todo. Hace mucho que investigan su origen.

lunes 10 de agosto de 2009

Tratar Accidentes

Muchos escritores enloquecen o se matan al descubrir semejante futuro. Los críticos tememos decirlo, por eso divagamos, pero alguien debe pronunciar esta verdad: muertos sus creadores, ellos son libres.

Ahora mismo, Don Quijote, en nombre de Dulcinea, le está usando los calzones a Cervantes. Raskolnikov persigue a hachazos a un raquítico Dostoievsky, y cuando éste sufre ataques epilépticos, le hace cosquillitas (de lejos parece que se retuerce de alegría). Su enorme Yo Poético le roba el vuelto del almuerzo a Whitman. Borges es un peón de ajedrez que un gaucho se suele llevar a la boca.
Vanamente Dante, el esotérico, al epifanear tal injusticia, usa a Virgilio en su Comedia como guía sólo para que su personaje sea escritor, y así aportar al gremio. Muerto Dante, su Virgilio (no Virgilio, esclavo de Eneas), lo aporrea en el Infierno.

Tan grave, que yo sería perseguido por aquél Dante si omitiera que todos éstos sublevaditos tendrán tanta libertad como piedra en los pies. (De todos modos, si mi temblorosa aclaración no funcionara, en el Rinconcito Para los Críticos del Purgatorio, donde expiamos sórdida envidia y cómoda frustración, sin dudas habrá varios escondrijos oscuros, quizás hasta alguno con lugar).

martes 4 de agosto de 2009

Padre

Aquel día el mocoso supo lo que iba a pasarme. Lo hizo con malicia, con intención. Habrá sido su primera burla a la humanidad.
Se caía, se levantaba, lloraba, reía dos segundos para llorar más, se golpeaba todo y mucho. (Me descubrí tres veces moviendo los pies como si fueran los suyos, como si yo quisiera caminar por él; como pasa cuando miro fútbol, que quiero patear la maldita pelota del morfón de turno). Algo había en los ojos del enano, algo cruel y oscuro sólo cuando los depositaba en mí, como si hubieran sido su herramienta para plantar la sospecha de que algo iba a pasarme, y no tiernos ojitos rojos y mojados de niño torpe y medio maricón. Mi mujer, insensible para captar la realidad, lloró de alegría al ver los primeros pasos de nuestro inocente hijito. Yo simulé a sonrisa nerviosa mi incomodidad.

Lo había olvidado todo hasta que le fantasma volvió cuando vi el título de un diario cualquiera: "El caminar del bebé es una caída controlada". Sin saber por qué, cerré ese diario, y descubrí con terror que mi hijo estaba ahí, esperando, con diez años, una pelota en la mano y un lúgubre deseo de jugar conmigo. Dije "no" con la cabeza y me fui a acostar, casi corriendo. (¿Quién sabe con qué ojos diabólicos habrá mirado mi espalda alejándose mientras sostenía la pelota?).
Pasó el tiempo y todo va cobrando sentido. Perdí tres trabajos, me separé, bebí demasiado, perdí amigos entrañables, mi familia no me habla. Todo tejido por su maldición. Todo por su obsesión enfermiza de que yo vea que sus malditos tumbos, sus llantos, su constante caída devenida en torpe andar; que todo eso es la vida. Que toda la trunca vida es una caída controlada. Pero, ¿por qué a mí?

lunes 3 de agosto de 2009

Goalkeeper

En un seminario que desplomaría su imagen de límpido elitista, Borges deleitó a más de mil oyentes con su experiencia como arquero. No sabemos ni si su historia es cierta, ni si fue contada por él o suma a la larga lista de apócrifos borgeanos. La transcribimos a continuación, a los efectos de una justa difusión de toda la cultura. Albricias.

Es fama que a los primeros arqueros ingleses se los recuerda por su seguridad, por su personalidad, por sus salidas airosas, por su voz de mando al ordenar la defensa, por sus días terribles y heróicos, por sus errores o hazañas... No me atrevería a asegurar que el arquero es el primero en ser olvidado, no. Es más, hace tiempo que se estila apreciar su fervoroso festejo cuando hay gol a favor, relegando a un segundo lugar el clásico abrazo del hacedor del tanto, como si el espectador fuera un Dios divertido al divisar los efectos en China de un pedo en Afganistán. Todo esto es cierto, pero nadie sabe qué oscuridades auguran al que es esperado desde la cuna por el destino atroz de los guantes.
La infancia, como veo todos los aquí presentes sabemos, nos da esta increíble epifanía: uno no puede salirse de quien es, ni de qué le han dicho que debe ser. Puede surcar los límites, puede hasta oler la sal de otras orillas, mas jamás alcanzar a nado la libertad de escapar del yo.

Detestaba el arco más que a mi cuerpo, pero, así como dos desconocidos creen haberse cruzado por casualidad en alguna calle de Palermo cuando lo que sucedió es una cita, el puesto de arquero me esperaba a mí; y yo, misteriosa y sordamente, a él.

Bajo la Santísima Trinidad que es Palo, Palo y Travesaño, yacía aquel tímido cuerpo mío, relegado por sus compañeritos, habilidosos del balompié y bárbaros de la palabra, a la paradoja de Dios: mirarlo todo y estar en el mutuo vértigo de formar pate de ese todo. Me sentía sólo comprendido por mi alter-ego, el arquetípico arquero contrario de turno. Al ver al supuesto enemigo erguido, vestido y hasta sudado como yo, descubrí que algo nos unía. No era el amor al fútbol o la rivalidad. Sí era el espanto. Descubrí que divisar aquel inefable fantasma casi de hielo era ver la terrible verdad del espejo: sólo injuriamos lo que no queremos que se descubra de nosotros mismos.
La terrible simetría se revelaba a mis torpes ojos, escondidos tras guantes de vidrio: ambos equipos, al iniciar cada encuentro, divididos por una línea con infinita cantidad de puntos, eran las piezas de un ajedrez milenario, movidas por Cacho, el DT, que era movido por el organizador Pancho, que era movido por los Dirigentes de un lejano club de Suiza (donde estudié y olvidé el latín) que eran movidos por la cuota que pagaba papá.
Sí, la alegoría del fútbol con el ajedrez puede ser cierta: el rey, ubicado en el centro, en la última fila, y protegido por el cuantioso resto, es el de menor movimiento posible y el más importante de todas las piezas. Muerto el rey termina la partida, vencido el arquero (casi) seguro hay gol, perdición, sombra, polvo y olvido.
No sin terror entendía todo esto, quiero decir, descubría que el fútbol es un espejo, una alegoría humana de lo que no se comprende, de este vastísimo e incalculable Universo. No relataré las injurias, los ultrajes recibidos por ser hombre de letras, un hardleg. Sólo diré que el día que quedamos afuera de la primera ronda por mi culpa, comprendí que el maestro de la metafísica en la tristemente positivista Argentina, Macedónio Fernández, se equivocó al decir que la muerte debería ser el acontecimiento más baladí de la historia de un ser humano. Muerte que yo tanto anhelé en ese momento.
Todavía recuerdo avergonzado aquella esfera circular despistando (o justificando) mi torperza; todavía recuerdo el polvo de la canchita; todavía recuerdo cómo aborrecí a Zenón cuando la impiadosa pelota sí se movió del Nogol al Gol.
Mis ojos ciegos aún ven la escena, y aún ven estas lágrimas, pero tomé la precaución de quedarme ciego para no verlos a ustedes, riendo, seguramente, de esta, mi infamia. Pero en el laberinto de los recuerdos, sé que mi error (entre tantos otros de mis camaradas, porque mi equipo era todo inmerecido) será el más rememorado, el inmortal.

domingo 2 de agosto de 2009

H. G. O.

Tras una lúgubre pesadilla concluida con el rugido de un disparo, en un chalet de Buenos Aires donde no había ninguna luz, Oesterheld despertó y escribió maquinalmente, como si no fuera él, sin pautas ni premisas, la primera parte de El Eternauta: un héroe respaldado en sus pares, un viajante en el tiempo que busca desesperadamente a su hija y a su mujer, muertas bajo manos extraterrestres e invasoras. Sabemos de la obra y de su éxito.

Años después, al despertar ahogado en gritos (sus cuatro hijos, Estela, Diana, Beatriz y Marina, lo oyeron con terror), se levantó nervioso. Su impulso era escribir el guión de la Segunda Parte, pero esta vez, con dos premisas: primero, que El Eternauta no debía sólo rescatar a Elena y a Martita, sino rescatar del olvido del tiempo a todos sus vínculos, a toda humanidad oprimida y esclavizada; segundo, que esto fuera evidente hasta para el más imbécil e ignorante.

Solano López no entendía y veía con desprecio el tono desproporcionalmente político en el nuevo sobrenatural, hermético y hasta oscuro héroe, e intentaba convencer a su guionista de que no publicara. Pero era tarde: Oesterheld ya se había presentado a las filas de Montoneros y había entregado el manuscrito.

Es sabido hoy que por esas dos circunstancias subversivas fue asesinado por la dictadura del 76´. Pero lo que nunca sabremos es que la epifanía de quien divisa su muerte lo invadió en aquella primera pesadilla, y lo vio todo. Héctor así comprendió que debía describir al Eternatura como un héroe en el mundo, un héroe humano, desesperdamente necesitado del otro. Así comprendió que la Segunda Parte y la militancia debían ser las ilusorias tretas para ser asesinado por el enemigo invisible. Así comprendió que de esa forma y no de otra su héroe trascendería las viñetas fatales, tras la huella de su amigo, desaparecido para siempre en el vértigo de la oscuridad. Así comprendió que esa era la única forma para que su héroe, Juan Salvo, estuviera, como lo está y lo estará eternamente, entre nosotros. Así supo, al despertar, siquiera antes de saber su nombre, que El Eternauta no era sólo un héroe de historietas, sino el símbolo errante y encarnado del que busca, del que yace porque alguien no viene.

lunes 27 de julio de 2009

¿Conciente e inconciente?

La literatura, la metafísica, la filosofía, la física cuántica, Zenón, las paradojas, la ciencia, Borges, el barrio, todo se mata por explicar esto: la conciencia y la inconciencia son la misma cosa; la parte es el todo y el todo es la parte, ya que si nos paramos en un sólo punto estamos ante el terrible vértigo de saber que sobre la inconciencia, que la vemos y creemos que por no mirarla no la vemos.

El concepto de inconciente es ingenuo, es como decir que los países (con sus diferentes culturas, diferentes personas, diferentes leyes rígidas) se dividen según sea más o menos difícil llegar desde un mismo punto, cuando en realidad todos los países forman parte del mismo Universo cognoscible.

Los dos filósofos que hicieron algo son los únicos que lo entendieron: Heráclito y Nietzche. Heráclito, al relativizar no sólo los valores humanos (que es lo más rápido que podemos aventurar), sino la obligación que imponen los valores a hacer límites racionales. Al decir que noche y día son lo mismo, no dice sólo algo oscuro y poético, no dice sólo que la única diferencia es la luz, sí dice que los hombres valoran las cosas según la concepción del mundo ¿Y qué hace la diferencia entre Bien y Mal, Día y Noche? La dificultad: hablar de lo oscuro, hablar la muerte... todo se diferencia por lo difícil de la definició, porque es más fácil moverse en la luz que en la oscuridad. Y, con esto, dice algo más terrible: que, al no haber límites en el afuera, tampoco los hay adentro (tampoco los habría entre afuera y adentro, pero ese es otro tema, que, como es más difícil, tengo que limitar).
Por otro lado, en la teoría del Eterno Retorno, Nietzche afirma que, si no hay un comienzo y un fin, nuestros actos se repiten infinitamente en el pasado y el futuro. Ahora voy a articular estas cosas.

Según Heráclito, estamos hablando de lo mismo, según Nietzche, al pararnos en un punto estamos repitiendo nuestros actos infinitamente hacia adelante y hacia atrás, hacia pasado y futuro, hacia sombra y luz, hacia día y noche..., según la física cuántica, un átomo es divisible en electrones, protones y neutrones, y éstos a su vez, en otras cosas tal vez ya descubiertas; Zenón también habla de una regresión hasta infinito, con lo cual no refuta el movimiento, nos hace ver otra cosa más terrible: que diferenciar un lugar de otro no tiene sentido; Borges es una caso particular: repite todas estas mismas cosas, y, al ser un cobarde, se atreve a exponerlas pero no a creerlas, se aleja de la terrible verdad haciendo alusión a que lo suyo es un juego estético de un tema que sólo lo apasiona, por eso obsesivamente expulsa, por eso lo toman por genio.
Todos se refieren a lo mismo: pararnos en un punto hace posible que veamos absolutamente Todo, pero el hombre, por no saber cuándo no escuchar a la razón, forja diferencias innecesarias nacidas de la dificultad ¿Por qué Freud, que lo vio tan bien, no fue más allá y dijo la verdad?, yo me imagino que por miedo, o porque se iba a empezar a quedar sin trabajo, porque a partir de descubrir que inconciencia y conciencia son la misma cosa, se empezaría a descubrir esta verdad, y el inconciente empezaría a quedar más expuesto a la posibilida de ser visto.

Lo que quiero decir es que es muchísimo más difícil que lo que dice el psicoanálisis, porque, en verdad, los límites no están claros. Todo está en la parte y la parte en todo: el yo, atribuído al conciente, en hipnosis puede llegar al inconciente, este es un ejemplo de muchísimos que no voy a enumerar porque me llevarían mucha investigación que no hace falta. No digo que esté necesariamente mal la diferenciación entre instancias psíquicas, está bien para un modelo, para una forma de ver el Universo, está bien para el occidente desesperado de orden, pero no es La Verdad. Lo que explica el psicoanálisis es la consecuencia de una concepción del mundo. Uno es su propio verdugo: si somos educados para creer que existen diferencias entre día y noche, entonces siempre habrá una parte nuestra que será de "la noche", por ser criados en esa idea de que lo difícil merece ser diferenciado, definido. Pero no por esto va a ser otra cosa. El problema es la forma de mirar del hombre, su ignorancia y el miedo que lo lleva a crear Dioses y Mitos como la ciencia y el inconciente, cuando en realidad es ese mismo hombre el creador de su inconciente, luego definido por Freud. Primero el hombre crea, la cultura crea, luego viene Freud a definir lo que el hombre ha creado, pero como si ese inconciente hubiera sido fabricado no por el miedo, sino por Platón ¿Por qué nadie ve esto y lo refuta de una vez? Porque, como sucede en toda la vida cuando no hay cambios, es más cómodo y, si no genera demasiados inconvenientes, se puede vivir. Quiero decir: si una persona puede vivir sabiendo que hay algo en él que no conoce, se ve que no se preocupa mucho. A lo sumo se suicida o lo internan o va al psicólogo veintitrés años. Pero no se preocupa por eso.

Otro ejemplo de que la parte es todo y todo es la parte es todo eso de las ideas paranoides. Cada vez estoy más seguro de que las ideas paranoides son una defensa del "inconciente" (una defensa que estamos haciendo nosotros sin saberlo) para que no veamos una verdad dolorosa. Con las idesa paranoides nosotros, plenamente concientes pero no alertados, nos cegamos los ojos, miramos para otro lado. Todos nos mentimos a nosotros mismos, eso es algo de la conciencia. En el caso de las ideas paranoides se remplaza el significante real con lo primero que devenga a la mente, que, como sabemos bien, no es cualquier cosa: las ideas paranoides siempre tienen un tinte de hostilidad. Esto se puede explicar porque la hostilidad necesariamente requiere ser atendida, puesta en foco, de este modo lo real quedará, con mayor seguridad, desplazado (quién sabe adónde irá) de la atención. Entonces, así como el sueño es el guardián del dormir, el proceso que nosotros hacemos de crearnos ideas paranoides es un guardían de una verdad angustiante, de algo doloroso que encubrimos.

No pudo enfrentar esta verdad Freud, no pudo nadie, quizás algún poeta sí ya lo haya hecho. Yo sólo siento que cuando levanto mi mano todo mi ser la levanta. Yo tengo fe en lo que dice Heráclito y (más o menos, forzándolo un poco) Nietzche: todos los procesos son posiblemente concientes, sólo es necesario el apredizaje, expandir la luz de la conciencia, pero con el Yo estupidizado que tenemos, difícilmente se pueda.

sábado 25 de julio de 2009

El caminar del bebé es una caída controlada

Eso de que el caminar de un bebé es una caída controlada me comió la mente con la idea (perogrullesca) de que no es una condición necesaria ser bebé. El caminar adulto es también una caída controlada. El caso del bebé sería una doble potencia, porque se superponen el plano concreto (el nene que se va a la mierda) y el alegórico, porque el bebé ya está andando en vida hacia la muerte. Por esta pavada se me ocurrió esta peor, pobres japoneses...

adulto guía
un bebé caminando
al otro mundo

Caídas controladas
hacia el retambaleo

viernes 24 de julio de 2009

El mago y la magia

Según mi abuelo, hace muchos años, en un pueblo lejano llamado Númina, había un mago que era el mejor.
Lo más característico de él era su sombrero. De ahí salía todo lo que se pueda imaginar: manzanas verdes, rojas y azules, conejos amarillos, personas rosas, panteras plateadas, magos con sombreros que sacaban a otros magos con sombreros y éstos a otros. El sombrero (se imaginarán) era muy grande. Su túnica, muy larga. Y el mago, muy pequeño. La gente se divertía mucho viendo a ese diminuto ser perdido entre sus ropas. Pero lo más desopilante de su atuendo era que cambiaba de colores según el ánimo del público: azul era triste, rojo era recontra asombrado, amarillo era divertido. Por lo general el color era naranja, a veces tirando a rojo, a veces más amarillo. Al público le encantaba participar del espectáculo cambiando el color de esas ropas. Sin embargo había una prenda que nunca cambiaba: las medias, que estaban siempre azules. Aquellas medias eran mágicas (como todo su atuendo), pero quién sabe por qué era la única prenda que reflejaba sólo el ánimo del que la usaba y no el de los demás. El mago hacía de todo para cambiarles el color: los trucos más difíciles, los trucos más oscuros, los trucos más prohibidos, los trucos truculentos. Y nada. Así que, resignado, no le quedaba otra que tapárselas con la túnica. Al finalizar cada espectáculo, la sala era una mezcla de verdulería, selva llena de animales, colores felices y aplausos interminables. Pero nadie se enteraba lo de las medias.

Su fama crecía día a día. Los fanáticos lo paraban por la calle para pedirle trucos; los otros magos, que antes habían sido sus amigos, inventaban conjuros para enfermarlo que nunca salían bien; los niños le garabateaban la puerta con conejitos mientras los padres creían que eso era parte del espectáculo. El mago se sentía cada vez más solo, envidiado, triste… así que juntó el poco dinero que tenía y se fue a vivir a una casita lejos de la calle principal, para que nadie lo molestara.

Las pocas veces que se animaba a salir, el mago paseaba por la costa de Bañarú, donde sólo estaban las piedras, las flores y el río, que al sentirlo llegar, despertaban de su largo sueño y cuchicheaban:

Ahí va el hombre más duro y fuerte –decían las piedras, que, como buenas piedras, sabían mucho de dureza y fortaleza.

¡Ay!, ¡pero cuánta elegancia y bello perfume tiene aquel señor! –se gritaban unas a otras las flores, que, como buenas flores, eran sabias en perfumes y belleza.

Pero qué hermoso espíritu tiene, fluye calmo, puro y cristalino –decía el río, que, como buen río, sabía del fluir y la pureza.

Ninguno sabía que era mago. Él escuchaba los cumplidos y devolvía sonrisas amables mientras caminaba, le encantaba que lo quisieran sin que supieran de su maravilloso talento. Volvía al pueblo siempre con una sonrisa, como quien llega de unas buenas vacaciones, pero ni bien andaban un poco por la calle principal, volvían los problemas:

¡Hágase un truco Maestro, hágase un truco para mis hijos! –decía la esposa de un comerciante.

¡Sáqueme unas monedas del sombrero ese! ¡Pensándolo mejor, con semejante sombrero, hágame millonario! –bromeaba uno por ahí.

Uno de ropa oscura y encapuchado se le acercó al oído y le susurró con voz misteriosa:

Le doy cualquier cosa por que me diga cómo hace lo del conejo amarillo.

Pero el mago no respondía a ningún pedido, y terminaba siempre corriendo, asediado por sus admiradores, hasta su casa, donde se encerraba y, aunque su magia lo acompañaba, quedaba solo el resto del día.

Una noche, después de un espectáculo fenomenal, un mago disfrazado de niño le preguntó cómo hacía tal truco, entonces el mago se hizo el que pensaba, agarró su sombrero y le regaló un conejo amarillo al impostor, y le contestó “así” con una sonrisa amigable. Era el amor por la magia lo que lo hacía tan buen mago, y eso no podía transmitírselo en palabras a nadie. No por maldad, simplemente no se puede.
Al llegar a su casita, el mago quiso sentarse a mirar por la ventana, cosa que nunca había hecho. Todavía quedaban algunos jovencitos (y no tan jovencitos) en la puerta, intentando conseguir un autógrafo o una manzana naranja; pero la lluvia, que empezaba a ser tormenta, obligó a todos a irse a dormir. Al rato la única vela encendida en el pueblo era la suya.
Como no se veía nada, el mago hizo dos agujeritos para sus ojos en el vidrio empañado y acercó la cara a él. Miró un rato. De repente vio cómo caían gotitas desde el lugar donde había hecho los dos agujeritos para poder mirar. Vio esas gotitas como si fueran sus lágrimas, como si ese vidrio empañado fuese en realidad un espejo de su tristeza. Dio media vuelta, miró la cama, suspiró y se fue a dormir.
Tal vez sin querer, tal vez no, se olvidó las medias azules puestas. Esa noche estaba tan pero tan triste, que en vez de azules se hicieron color arrupo, color de Númina que nosotros no conocemos. Ese color es tan fuerte que le tiñó los pies, y luego todo el cuerpo (porque no sólo sus pies estaban tristes), y enfermó.

Los médicos fueron a verlo al día siguiente, luego de que preguntaran por él los magos envidiosos y sus fanáticos; pero como no sabían que tenía, se fueron.

La gente se preocupó por él unos días, y luego lo olvidó. Los otros magos, felices, ganaban más dinero. Las piedras, las flores y el río, sin él no despertaban del largo sueño, así que no podían preocuparse por su ausencia. Pero nuestro mago no estaba solo.

Si eso seguía así, no iba a poder continuar haciendo magia. De eso se dieron cuenta todos los que estaban muy cómodos y calentitos dentro del sombrero, quiero decir: manzanas, conejos, personas, magos, árboles, todos los que vivían en ese universo cargado de magia. Eran muchísimos ahí adentro, sin embargo nadie se animaba a hacer nada: los árboles quedaban en silencio, el viento soplaba lo menos posible para no hacer ruido, un león se hizo el dormido, una gotita de agua que caía por ahí se hizo la enojada para evaporarse y desaparecer…

Hasta que una vieja varita mágica que el mago había tirado al sombrero porque ya no le servía para nada dijo: 

Basta de hacernos los tontos, nosotros sin él no somos nada, ¡vamos a ayudarlo!, ¡vamos, miedosos!... ¿Algún voluntario?

Reinó el silencio. Todos se hicieron los tontos, silbaban y miraban para arriba los conejos y las manzanas, los perros y las personas, los magos y los trineos…, todos, menos los dos más humildes de ese mundo: un viejo zapato marrón de largos cordones y gastada suela, y un libro en blanco. El zapato se acercó a la varita y le dijo: 

Yo te llevo adonde necesites –y el libro en blanco también dijo:

Yo anotaré lo necesario para que no te lo olvides

La varita se puso feliz, tanto que su punta con forma de estrella volvió a brillar después de mucho tiempo. No tenía ningún plan pensado, pero como todos esperaban que ella los guiara (ya que había sido la única en mostrar valentía), pensó y dijo, medio titubeando:

Tenemos que salir de este sombrero.

Las palabras de la varita quedaron suspendidas en el aire como globos, los tres estaban aterrados, todo era silencio, pero era verdad, para seguir viviendo tenían que salir. Así que muertos de miedo, emprendieron el camino cuesta arriba.
El sombrero era rugoso, eso ayudó al zapato a llegar rápidamente a la cima. Adentro iban, sujetos a los bordes del zapato, la varita y el libro. 
La varita, como no tenía idea de qué hacía falta para salvar al mago, permaneció todo el corto viaje en silencio, preocupada por esto. Sólo sabía que tenían que salir del sombrero para hacer algo.

Llegando al borde, ya se escuchaban los ronquidos del mago. Los tres salieron del sombrero asustadísimos (la frágil varita apretaba los dientes para no temblar de miedo). Al bajar del borde de la cama el zapato preguntó:

-¿Adónde vamos, señorita?

La varita dudó, el libro se dio cuenta de esto y, desesperado y sorprendido, le dijo en voz baja:

Estamos yendo a la mosca. –en Númina quiere decir “vamos a ninguna parte” o “estamos yendo sin pensar adónde”. 
La varita iba a contestarle, pero el zapato, misteriosamente en ese momento, echó a andar. Nadie abrió la boca en todo el viaje, la varita y el libro pensaban que el zapato caminaba a ninguna parte, triste y resignado. Pero cuando éste se detuvo, suspiró aliviado y dijo:

¡Llegamos!, ¿ahora qué?

¿Adónde llegamos? –preguntó el libro, desconcertado.

¿Cómo, no me habían dicho “vamos a la costa”? –dijo el zapato, sorprendido.

¡A la mosca dije! No… –pero el libro no pudo seguir. Unas voces se empezaron a escuchar en medio de la noche:

¿Y estos quiénes son?, no parecen ni duros ni fuertes.

No sé, pero ese zapato huele horrible ¡ay!, por favor… ¡Que se vaya!
Qué temerosos que están esos espíritus, pero son puros y cristalinos… ¿A qué vienen a esta hora de la noche?
Eran las piedras, las flores y el río de la Costa de Bañarú, que sin saberlo sintieron en esos objetos la magia del mago y por eso despertaron.

La varita, el libro y el zapato explicaron desordenadamente. Describieron al mago y, al instante, las flores reconocieron en la descripción a aquél hombre de bello perfume, y dijeron:

¡Oh!, ustedes quieren ayudar a ese hermoso hombrecito, ¡entonces los ayudaremos!, ¿no? –preguntaron las flores a las piedras y al río.

No sabría cómo. –dijeron las piedras.

Yo sí. –dijo el sabio río. Y llamó a la varita. El zapato la dejó en la orilla y se fue con las flores, pero no soportaron su olor y lo mandaron con las piedras, con quienes sí estuvo cómodo. El libro permaneció al lado de la flor durante toda la charla, anotando todas las indicaciones.



Perdón, querido lector. En este punto termina mi relato. No por malo, sino porque mi abuelo siempre terminaba la historia aquí. Al día siguiente me la repetía, inventaba algunos detalles, quitaba otros… 
Aunque como sé que los chicos son el público más exigente, a modo de consuelo puedo escribirte este fragmento de un libro viejo que mi abuelo nunca quiso mostrarme. Una vez creo que me dijo que ahí estaba el final. Y como mis papás me contaron que el abuelo ayer se fue de viaje (no saben adónde, me dijeron que no avisó que se iba) seguro no va a haber problema en que mire un poco el libro. Escribo lo que está escrito en él:

Si es como vos decís, varita, tu mago está solo alrededor de mucha gente, que es la peor de las soledades. Yo, las flores y las piedras lo adoramos, pero no podemos darle lo que precisa para sanar. Él está enamorado de La Magia, es decir: de vos, de ese zapato, de ese libro, de su sombrero... Tenés que saber que si lo salvan, dejarán de ser una varita solitaria, un zapato viejo y un libro vacío, porque él necesita que lo que más ama, La Magia, también lo ame.
Esto dijo el río, y al instante llamó al zapato.

Los tres (varita, zapato y yo) estábamos en la orilla. La varita nos miró y los dos dijimos “sí” con la cabeza. Entonces hizo un par de pases mágicos y todo se llenó de luz. No vi más a la varita, vi a una hermosísima mujer corriendo hacia el pueblo. Era La Magia, que rápidamente llegó a la casa del mago para besarlo y salvarlo justo a tiempo de la muerte.
Aquel viejo zapato sonríe, abrazado a unas piedras, quieto. Yo, un simple librito, ya sin magia, no tengo más para decir
”.

martes 30 de junio de 2009

Tópicas de la truchada

Primero: la gripe porcina es una mentira. La gente que se muere es la que está en los grupos de riesgo en relación a cualquier tipo de gripe. Una gripe común también los hubiera matado. Tipos/as con defensas bajas son el blanco: viejos/as, bebés/as, embarazados/as, el resto zafa. Así dicen los médicos ¿Hay que creerles?, por un lado tranquiliza de por sí creer en alguien, y el contenido, en este caso, también da calma.

Segundo (un axioma del señor Perogrullo): por algunas lecturas propias recordé una vieja frustración. Lo que siempre nos pasa alguna vez: yo enamorado, ella con cualquier otro (el más cara de mono, el más megalómalo, el más lo que fuere). Su cuerpo desfila ante los ojos de los candidatos, los tuyos le miran el amor imposible, un techo sin el piso. Los otros, obreritos de turno, hacen lo suyo: chamuyan, son caraduras, divertidos sobre todo, y ganan; vos, medio muerto medio no sabés cómo, seguís ahí, medio al lado, medio boludo. Te pudrís de estar en la situación proporcionalmente a como te vas pudriendo por dentro de tanta hipocresía, de tanto querer y no tener un cómo o un dónde. Pasaron los años y la frustración la recuerdo como de otro tipo, como de una película irreal o un sueño inofensivo. Tan sólo queda una enseñanza: las niñitas histéricas saben cuando uno se enamora, estan constantemente mirando el amor del entorno (la histérica necesita amor) y se encaman con cualquiera para mostrártelo, para tenerte ahí. Vos pensarás que sos un gil y que todo el resto es superior. Y no, el drama de la vida es estar enamorado y confundir el sentimiento con la persona querida: la persona puede no valer tres mierdas, pero el amor la sube a lo que no es. Sólo cuando entendés eso, se terminó la prisión, y dejás de hablarle, algo resentido al principio, después, feliz, en paz de no ser más un hipócrita.
Ahí es cuando vuelve, medio con ganas, tanteando la cosa, abrazándote un poquito más, pero ya fue para vos. Se encama con otro y otro, te cuenta cosas nerviosa, y no te mueve un pelo. Así volvió a lo que tenía que ser: nada, la histeriqueada no es un vínculo. Hay un sólo error que se puede arrastrar, y es el miedo al rechazo y el sentir que uno es un gil y que lo que pasa alrededor, el sufrimiento, es parte de lo natural, de lo que hay que vivir, sin poder rebelarse ante la idea de ser humillado. Tanto es esto que uno termina por pensar que la pendeja puta (citando a Zamba) no tiene malas intenciones de divertimento personal. Y ese es el motivo ingenuo por el que se es presa de las histéricas, que saben, porque tienen tanta necesidad como agudo el olfato y la mirada.

Tercero: la literatura medieval es una por que rí a. Nadie se sienta a escribir por sentimiento, por pasión ¡Puras tópicas!, la tópica de la consolación, del secreto, del midóns... ¿qué pasa?, ¿hay que esconderse atrás de la fórmula para no mostrar la lágrima?, sé que son pavadas, no me importa la verdad.

Cuarto: los turistas que le sacan fotos al Congreso, le sacan fotos a un pedazo de construcción, ¡a nada más!, ¡y están felices!

Quinto: si querés una verdad, mirale los ojos al afiche del político, y mirá lo que en verdad está pensando mientras le sacan la foto. Separá la sonrisa, la nariz, la luz que lo favorece, todo, de sus ojos. Y ahí la tenés.

domingo 28 de junio de 2009

Diálogos, Dios Satán. Primer encuentro.

Satán prende un cigarro, mas al ver que el mozo le hace señas de que lo apague, hace un gesto (algo histriónico) como quien recuerda algo que debía haber tenido presente, pide disculpas con respeto, saca un cenicero del bolsillo blanco con dibujos de palmeras y restos de pegamento en la parte inferior, lo utiliza y vuelve a guardarlo en el bolsillo del sobretodo gris. Dios parece sorprendido, algo perdido, y casi imperceptiblemente dice:

- Así que dejando vicios.
- ¿Vos tampoco te acordás la norma de los bares de acá?, siempre se me olvida.
- ¿Norma?, ah, el otro día escuché por ahí que tenía que ver con eso de los dogmas… sí… ¡es divertido! ¿Te enteraste de la última?, ¡me suprimieron el limbo! –Dios levanta los brazos, abre los ojos (descubro que son grises) y se echa para atrás, como si intentase abarcar en sus brazos un acontecimiento inconmensurablemente estúpido; Satán lo oye con seriedad.
- No me sorprende, tampoco me interesa mucho, ¿cuándo fue?
- Ay, hace poquito, en un Concilio, hará unos… dos años; bah, nunca fui bueno con eso de las fechas… milenios, siglos, años, meses…
- Los Kalpas también, no me mirés así, te cuento: es lo que tarda… no sé… una montaña en desaparecer cuando le pasás una seda dos veces cada cien años.
- Claro, una medida de tiempo para que el hombre se entere de que medir el tiempo es para idiotas.
- Lo entendiste.
- Y sí… yo no sé cuál es el fin de tanta división, no estudio con ganas y por eso nunca me termina de cerrar la… cuestión temporal, ¿se dice así? –Dios me mira, abro la boca para ensayar unas palabras que no sé cuáles serán, pero Satán, por suerte, se impone y me salva.
- ¡Sabés que a mí me pasa lo mismo!, al final es como aprender el idioma balbuceante de un retrasado mental que intenta levantarse un minón, con perdón de los infradotados, ¿no?, yo los quiero mucho, son cariñosos… –Satán, al terminar su comentario, se vuelve repentinamente taciturno, mira hacia abajo y se encorva en la silla, como soportando un peso.
- Dale, contale, te va a hacer bien –dice Dios.
- Sí, qué sé yo… no sé si quiero que quede grabado eso.
- Tenés que hablar amigo, te va a hacer bien, lo vas a liberar, ¿ya te olvidaste de la terapia de grupo?, si no hablás el muerto que tenés adentro empieza a tirar olor y después se te alejan todos, dale.
- Bueno basta… qué sé yo, en una época… tuve algunas aventuritas como todos hemos tenido, no tengo la culpa.
- Pero te habíamos avisado…
- ¿Me vas a dejar hablar o vas otra vez con esa mierda de “yo te dije yo te dije”?, bah, al diablo esto.

Satán se levante y se va. Pienso que la entrevista termina, me dispongo a parar el REC pero la mano de Dios me detiene, le escucho decir sin mover los labios “se va a prender un cigarro y vuelve, es un tipo difícil cuando está con alguien que no conoce, pero es no es mala gente, es tímido nomás… No escribas esto porque me mata”. Me detengo. Efectivamente Satán vuelve con los ojos inyectados en sangre, y, lleno de olor a azufre y cigarrillo, con voz ronca de ultratumba, dice:


- ¿Alguien… tiene un carilina?... ¿o es una carilina?. Ah, no, acá tengo pañuelo de tela, no se usa más pañuelo de tela, dicen que te enfermás con tus propios mocos, pero es por la época, nadie quiere algo que dure, puro garche y nada más… Uno como padre no sabe qué hacer. Yo fracasé como padre, eso me tiene así.
- Los nietos siempre son un buen consuelo –intenta Dios.
- Sulemita hace muchos minutos que no me habla, Dios. ¿Lo charlamos otro día?


Se hace un silencio incómodo. Satán se enjuga las lágrimas, el hedor desaparece, ya está mejor. Intento una pregunta sobre el Hijo de Dios, improvisada para reflotar la situación incómoda.


- Ustedes sabrán…
- Dios, ¡Dios!, ¿podés bajar un rato del pedo bíblico?
- ¿Eh?, ¿para qué?, ya me quiero ir.
- Te quiere preguntar… contale lo de Jesús –Mi sorpresa fue grande, Satán sabía. Tuve miedo.
- ¿Eso quiere saber?, Buéh…, qué sé yo, ahí va. En ese entonces, bah, como siempre, la gente estaba acostumbrada a ser dominada, tenía ese surco mental bien labrado, entonces, un día, cansado de que me cambiaran de nombre y forma a cada rato y, sobre todo, que me ensartaran a cualquier bizarrada al lado (ese Homero… me cagó la vida… nunca lo pude ubicar), digamos que… “meé en ese surco labrado”. El cuento viene a que fue un éxito, creyeron tanto en mí que me volví vigoroso, joven y fuerte. Y la verdad es que cuando sos joven te metés en cualquier lado –Quiero preguntar en qué época fue esto y dónde, si fue en Grecia con el pasaje del Mito al Logos, o en Egipto, estudié mucho para poder demostrar sabiduría… pero no llego a abrir la boca que Satán se interpone, como decidiendo qué es lo importante.
- La metías en cualquier lado.
- Yo era muy tímido, no hablaba y me pegaban en la escuela cuando decía algo. Descubrí tarde el sexo y como no me sabía vincular no conocía eso de cuidarme. Estaba desinformado, ahora todos tienen educación sexual, tienen suerte… El asunto es que no me había enterado que tenía un hijo hasta que se destapó la olla en todos lados, ¡imaginate el bondi cuando me cayó El Resucitado a casa!, pensé que era un loco, me decía “Padre, por qué me has abandonado”, cosas raras… pero tan mal no me había caído, lo iba a mandar al Purga para hacerlo medicar y fuera funcional, ingenioso y divertido, pero cuando me mostró a los que había sacado del Infierno me asusté, lo hice echar y lo condené a nacer y morir a los 33 años indefinidamente por soberbio e insolente para con las normas establecidas, qué joder, qué tanto hacerse el cocorito, si las cosas están bien, ¿para qué cambiarlas?, ¿no? Después me contaron que era un hijo mío, pero ya era tarde, de todos modos está difícil la cosa para un crío.
- Entonces… ¿Jesús está pasando por aquí?
- Sí, pero nadie lo escucha, siempre anda por los loqueros, o es un linyera, o es el último del escalafón en un partido político condenado al fracaso –Explica Dios con serenidad.
- ¿Pero no hace milagros?, ¿Y… si usted, con todo respeto, anduvo… haciendo de las suyas, la Virgen no es virgen entonces?
- Sin fe no hay milagro, amigo. –Responde Satán, dándome a entender que mis preguntas no son pertinentes–, y la Virgen…, a ver, ¿viste que las gordas por lo general son muy lindas de cara?, bueno esa tipa… pobrecita. Lo gastábamos a este otro pobre con ella, para pasar el rato, ¿viste?, uno se aburre ahí abajo, hace frío y no calor como piensan los ignorantes. Bueno, el cuento viene a que se me ocurrió diseminar el rumor de que el Hijo de Dios era de ella también, y que, por ende, Dios se había comido el caramelito rancio. Todavía con los muchachos nos matamos de risa cuando hablan de la inmaculada joda.
- ¿No entiendo, usted, Dios, no pudo evitarlo y pronunciar La Verdad?, ¿y cómo supo la Virgen que ese niño era Cristo?, ¿Quién es la madre entonces?
- No quiero que se hable más del tema, no me interesa.
- Dale, contestale la pregunta.
- No quiero.
- No te enculés de nuevo, ¡haceme el favor viejo, eso de la Virgen fue una joda y ya pasó mucho!, no se te puede hacer un chiste... Y vos pibe, ¿no te acaba de decir Él que ni se enteró que tenía un hijo?, Dios no se fija mucho en los hombres, sólo necesita, como sea, que crean en Él para seguir viviendo, no termino de entender por qué cuesta tanto que te entre. Perdón…, fui duro, a ver, lo de la Virgen… resulta que antes nos divertíamos paseando a Jesús por el río en canastita a ver si se caía, pero como no se asustaba del deporte extremo no nos causó más gracia, entonces, para seguir con la joda, le dejamos el crío a tu Virgen, el problema es que se encariñó, ¡no lo soltaba!, así que hablamos con ella y le propusimos hacerse cargo (al guachito, en el fondo, le habíamos tomado cariño, queríamos que tuviera casa) a cambio de darle inmortalidad, pero ella sólo quería reencarnar en cualquier otro, era obvio que porque era fea, pero como no aclaró nada la hacemos reencarnar eternamente en algún personaje famoso pero bien feo o fea. Ahora es el tal Jairo, ¿no?
- ¿Jairo el cantante?
- ¿Ese, feo? –Dice Dios, defendiendo su gusto personal.
- No, perdón, –arguye Satán– no lo aclaro porque siempre olvido el apellido… es un jugador. Yo me acuerdo por un personaje de los Simpsons… el payaso…
- ¿Krusty? –Vaticino para tratar de ayudar.
- Patiño… Jairo Patiño se llama…
- ¡Ese es mi Dios!, gracias, siempre que no me sale un apellido me quedo siglos tratando de que me venga, no puedo hacer otra cosa que tratar de recordar, y si me hablan me enojo mucho, la paso mal.
- De nada... me quiero ir.

Están juntos. Sé que hartos de mí. Es hora de hacerlo. Es mi oportunidad. Toco el grabador debajo de la mesa, está en REC, digo que voy al baño. Esto es lo que ha quedado grabado:

- Mi amigo… ya no sos lo que eras. –Es la voz de Satán, pero suena demasiado grave, como si el grabador estuviera repentinamente enlentecido.
- Es que nunca somos los mismos, cada segundo cambiamos, bajamos al río sin ser volver a ser los que fuimos y…
- No no…, ya está, no te tratés de justificar, estás reventado, viejo, feo, bah, siempre fuiste viejo pero ahora estás cansado, o la gente se cansó de vos ¡Así te lo digo!, ¡se cansó! –Dios tarda en contestar, parece que está sintiendo el dedo en la yaga. Intenta palabras, sólo le salen balbuceos, hasta que dice:
- Creo… creo que, tonto y todo, el único que creyó en mí fue mi hijo, sí, el único cristiano fue mi hijo...
- Como el único freudiano fue Freud, como el único nietzcheano fue Nietzche, ¿no?
- Sí, no conozco mucho de eso que hablás, pero quizás hablamos de algo parecido. Yo, el omnipresente, obviamente hago omniomisiones.
- Bueno, tampoco era para que te sientas mal, no quería...
- No hay problema, no estoy mal, pero…
- Mirá, ¡vos pensalo así!, ellos se viven haciendo la cabeza para entender qué es la vida, y gracias a vos aprendieron que el cerebro humano es muy chato para ver el Universo, o por lo menos que no están preparados. Fuiste un buen primer intento…
- ¡Yo no entiendo boludo!, ¡yo no entiendo nada! –se oyen golpes en la mesa–, nunca jodí a nadie, nunca me metí con nadie, nunca les pedí que no se tocaran entre masculinos y esas sandeces, ¡a mí qué mierda me importa lo que hagan!, sólo les pedí que me dieran vida, que no me mataran en su pensamiento. ¡Mirame ahora!...
- Y bueno, pero no es tu culpa, che, dale, no te pongás así… escuchame… mirá, es como el juego de la silla: la silla está ahí puesta, cuando para la música, el primero que se sienta gana, a vos te tocó antes, ahora a la ciencia y a quién sabe qué más, ya, ya… tomá, sonate que te me vas por la nariz.
- Gracias, ya salió del baño y está subiendo.
- El imbécil cree que no nos dimos cuenta, que se dé cuenta cuando escuche esto así aprende. Hola hola, ¿me escuchás?, probando, periodista puto putas putare putaui putatum.
- ¿Qué estás diciendo Satán, no se te entiende nada?
- Ahí viene, callate.


Vuelvo del baño, veo que ambos están en silencio y emulo volver con una pregunta pensada para justificar la demora.


- Hablando de todo un poco… ¿no?, ¿ustedes creen que la vida va a seguir sin miramientos o compasiones?
- Responda usted, Satán, yo ya no sé eso.
- Qué pregunta… poco interesante… Contesto: sí, no quiero ser profético, ese chanchuyo es de los hombres, pero la verdad es que la humanidad se va al carajo. Pensalo así, proyectá un poco, no es difícil conjeturar. El Poema gigante que se está fabricando de hace algunos milenios es cada vez más aburrido. Los versos de hoy podría decirte que están en blanco. La mano está, pero no escribe, quién sabe hasta cuándo.
- Pero si la mano está es porque volverá a escribir –Pregunté, un poco preocupado.
- No, mamerto, vos como hombre tenés pensamiento chato, mirá, que yo use la metáfora de la mano no quiere decir que ésta tenga las propiedades mentales de una persona con mano, ella está ahí, con la pluma, pero puede estar la eternidad sin volver a tocar el papel. Creo que va a ser así. No sé, hablá con él, a mí me mandó a la tierra, yo estoy tan en bolas (o lamentablemente vestido) como vos.
- No me metan en esto, escuchame, yo accedí a esta entrevista ya saben por qué. Necesito platita, platita para que me piensen. Bueno, bueno..., hablo: los valores cambiaron, nada más, vos y algunos otros son sólo una bisagra, ya no van a haber cambios en el orbe, el humano va a vivir en una calma letanía, en una tempestad estupidizada. Y listo, se terminó, ¿ya es la hora?
- Espere Dios, ¿entonces el capitalismo va a perdurar para siempre?
- No, el capitalismo no es el problema, el problema son us-te-des –el diablo afirma con la cabeza–, ya todo está amigo, usted y todos los que "piensan distinto" –Dios hace las comillas con el índice de ambas manos con fuerza y cara de asco, tal vez como tomándome por tonto–, es decir los retrasados que no se adaptaron al nuevo tiempo que propone la Masa Humana –Satán murmura "Mal Humeante", o algo similar– ya se están yendo y dando lugar al último eslabón de la alienación.
- Volviendo a Nietzche. Yo te cuento Dios, vas a ver que es interesante.
- A mí eso nunca me interesó... –sonríe Dios, buscando complicidad en una sonrisa triste y tímida.
- Yo te cuento –prosigue Satán– Nietzche dice que todo el que piensa distinto camina voluntariamente hacia el loquero. Creo que el hombre hizo lo mismo en su historia, o algo así; quiero decir, el muy idiota caminó derecho hacia la alienación, tanto los poderosos como los oprimidos, ¡todos pelotudos!
- Cierto, se acabó el tiempo, me quiero ir, ¿sábado a la misma hora, no?
- Sí, ¿no?
- Sí
- Ah, perdón, me olvidaba, necesito hacerles una pregunta que me estuvo inquietando, ¿alguien me puede decir quién carajo es Maradona?
- Sí, quedate tranquilo que la gente del fútbol es más tarada que cualquier otra, y si le va mal como DT todo eso de “Dios” que le supieron decir va a quedar en el olvido.
- Buéh, no entiendo nada, ¿me quedo tranquilo?
- Definitivamente.
- Gracias.

Dios se levanta primero, nos saluda tímidamente y agradece a la novia de Satán (acaba de entrar y está bastante linda), quien, por la parte de atrás, abre la puerta del bar y deja pasar a Dios y su marido.
Satán me aprieta la mano con solemnidad. Me regala una mirada a los ojos que denota cierta preocupación, como si quisiera regalarme el privilegio de saber que en el fondo es desdichado (tal vez por lo de su hijo, lo preguntaré la próxima vez). De espaldas se ve fuerte, como un cuarentón triunfador de nuestro tiempo. Dios, en cambio, está muy cansado, artrítico, le tiemblan las manos al hablar.
Parecen políticos, parece como si tomaran la imagen que saben que yo venía teniendo de ellos para así conformar mi estupidez humanal. Me siento pequeño. Humano, demasiado humano.

lunes 15 de junio de 2009

La revancha de la Ché escindida del dichionario.

Chénifer y Chavier che juntcharon un día a charlar, chepué de la echuela.

- ¡Chénifer!, cheeee chengo un chefrío chemendo, ¿chabé vo´ chómo che chura?
- Cho ché ché, cholo chengo chejoralito.
- ¿Cholo qué chiene que ver con estcho?
- Nada, chalamón. ¡Achí! ¡cho chambién!, ¡me concha (epa) giaste!
- ¡Chí!, ahora nos vamo´ cha poder dar un bechito
- Chancho, ¡chalí!
- ¡Chichérica!, ¡chamuchera!, meta chí que chí, cha cha cha, todo ¡cháchara!, ¿y chepué?, ¡che comés los mocos!, ¡pucha!
- ¡Cachate!, cho no che quiero, ¡cho estoy con Chaúr che bien!
- Le voy a decir a chu mamá, che te va a chagar chodo.
- ¡Choto!. ¡che macho!
- Choy macho y me bancho
- No, ¡te mato, charado!
Chún, chún, chisparos.

sábado 13 de junio de 2009

La pena máxima

Estaba en mí presente la sensación de que ya había pasado todo un largo torneo inmemorial.
Apenas sí puedo entrever la circunstancia del desarrollo de ese partido, pero sé que era la final. Había hinchada, no la recuerdo pero había. Vívidos están en mi mente la pelota, el arquero, el penal a favor en el último minuto, y yo. Si lo metía ganábamos todo. De muy lejos, mientras me perfilaba y miraba a los ojos al oponente e guantes blancos y buzo verde demasiado fuerte, se escuchaba una respiración profunda que no tenía mucho que ver con la situación, "debe ser la mía, que ya no la escucho de tanta emoción" (como siempre tenía que encontrarle un sentido a todo, también en los momentos más intensos).
Hasta que el arquero y todo lo demás desaparecieron, fuimos la pelota, yo y la respiración. Ahí vinieron a mi recuerdo los consejos de Maradona y todos mis amiguitos de la primaria y secundaria (que aparecieron por la hinchada cuando los recordé), todos decían "no importa adónde vaya la pelota, ¡pegale fuerte!". Apreté los dientes con el odio que les tenía a esas gentes por decirme como tenía que hacerlo, y patié el maldito esférico. No vi más nada, sólo la red inflándose, grité el gol con desprecio a todos los imbéciles que lo creían imposible.
De repente, mientras festejaba y les hacía "sh" a la hinchada contraria, que se vino abajo porque el estadio estaba superpoblado, el pie empezó a doler, y unos gritos de mujer hacían un eco cada vez más intenso en las inmediaciones del estadio Amalfitani. Cosa de un segundo. Todo fue desapareciendo, volviéndose sombra, y abrí los ojos mientras mi boca gritaba ¡gol!, y vi a mi novia cómo se retorcía de dolor y se agarraba la pierna. No entendí, y seguí festejando cinco minutos más.

viernes 5 de junio de 2009

blah

martes 2 de junio de 2009

No importa que la gente sea ignorante, tampoco importa que la gente sepa que es ignorante, lo importante y lo que logran es que la gente no sepa.

miércoles 27 de mayo de 2009

Homo homini bubus

La historia comenzó (por ponerle un comienzo y dejar de hilvanar) cuando descubrimos que el agua en el mundo se estaba terminando y se rumoreaba cada tanto que por ese u otro motivo natural la humanidad iba a desaparecer (siempre se le atribuía al mal uso humano de los recursos naturales esta consecuencia, mas nadie aclaró nunca que lo natural no era un recurso). A la par del pánico por la peligrosa novedad surgieron otras enfermedades que fomentaron a esta: las gripes y fiebres amanecidas de animales. De repente el maldito mosquito que siempre molestaba el sueño ahora también era un asesino que, confabulado con los antes inocentes cerditos y su gripe porcina, eran los principales asesinos de las zonas bajas (gripes asesinas había y muchas pero estas dos últimas generaban tal pánico y estaban tan de moda que las farmacias eran felices de poder ayudar y difundir el peligro inminente).

El terror atestaba las calles. "Anarquía" (¡un único significante atestado hasta el vértigo de los más desopilantes significados!, ¡llamativa magia de la lengua!) por doquier: sexo libre, asesinatos a gente indeseable entre ellos farándula políticos politólogos psicólogos escritores refinados docentes ciudadanos locos putas putos "pakies" novias pendejas histéricas violadores asesinos y los asesinos de los asesinos, que también tenían que morir, ya que eran igual de asesinos. El fuego de Heráclito, encargado de cambiar el mundo constantemente era una chispita del magiclí comparado al de los autos, jets, aviones y barcos, ya en desuso. Recuerdo a la gente estúpida y alienada robando televisores, celulares, computadoras y tantas cosas más en lugar de encerrarse en la habitación con alguna mujer u hombre o lo que fuere a fornicar hasta que las velas ardan junto con la cama, la casa, ellos y sus respectivos sexos.
Yo, como siempre había pasado (ni el fin del mundo me iba a cambiar, pensaba), miraba la fiesta de afuera. Es por esto que no pude comprar los elementos necesarios para salir a robar tiendas donde vendían los mismos elementos para robar tiendas pero, estos últimos, obviamente de menor calidad; el grano ya importante de la pusvalía se hizo tan inmenso que reventó por esto y los empresarios con él. También me perdí el boom fagocitador del sistema, desesperado por intentar hacer que todos seamos ladrones y que, por ende, nadie lo fuera. Pero de ese modo no lograron más que volver el asesinato como una normalidad (quiero decir que había normas para regularlo, se inventó una legislación de asesinos por puntos, premios, y castigos en auto y moto), de ese modo dejó de ser, lastimosamente, una de las bellas artes y bajó hasta el vulgo. De sexo libre ni hablar, las viejas horrorizadas se fueron muriendo por espanto, por causa natural o por causa justa.

La cosa se iba acomodando, cada dos por tres levantaba la cabeza alguno con ganas de comandar a la masa, pero esta, con ganas todavía de hacer las cosas a su antojo, de que el mundo se regule por sí solo y de descargar la mugre de tanto manoseo político, le cortaba la cabeza ni bien pronunciaba algun giro medio retórico como "para todos los argentinos", tan de moda hoy día.
No iba mal. Mi sueño de un mundo sin la necesidad de represión psiquíca ni física, sin más enfermos psiquiátricos ni otros prisioneros, se estaba haciendo realidad. Pero había algo ineludible. Más allá de las muertes por enfermedades y el descontrol vivido por el hombre, la verdad inquebrantable, el motivo olvidado de la catástrofe, era la falta de agua, que ya no era símbolo de la guerra efímera de dos o tres idiotas, sino de Todo.

Un día nos detuvimos casi al mismo tiempo (quien vive en una ciudad termina por estar tan pegado a los otros que no se da cuenta de que es parte de una Masa y que ya no piensa por sí mismo, sino por corrientes). Entre tantos fuegos y gritos yo había justo decidido salir a matar a una vieja usurera a hachazos, pero no había viejas ni hachas ni usureros, de todos modos no hubiese podido, ya que todos habíamos escuchado el llanto de la pobrecita, que decía al pasar, sin gritar, pero con una congoja que frenaba hasta al más fiero "no habrá más agua", "no habrá más agua". Todos escucharon y tuvieron miedo, lo sé, estaba en sus ojos, pero no por eso la gran mayoría dejo de hacer lo suyo, olvidando el problema nuevamente. Creo en mi fuero interno que en su fuero interno querían desesperadamente que se terminara la raza humana, pues algo dentro suyo intuía todo eso como algo ya vivido. Lo bien que hicieron si fue así. Lástima que el ego del hombre sea inconciente y tienda a preservar a la Humanidad; mientras que el Yo, el payayo, dependiente de la cultura de turno, no haga nunca nada interesante; aunque tengo la esperanza de que ese extraño que me han vendido como "bien conciente y ciudadano", llamado "sentido común", nos extermine a todos de una vez.

Mientras muchos seguían matándose, se empezó a rumorear que la emisora del mensaje no mentía, lo cual no era ni necesario, ya que nadie dudó de la joven: a nadie le interesó su advertencia, que es distinto. Pero cuando se confirmó que a los países en vías de desarrollo (es decir, los que ya se veía que no íbamos a volver a tener una organización alienable y esclavizada nunca más) les habían cortado los suministros y les habían reventado las fábricas de agua potable y ríos a bombazo limpio, el pánico volvió. Todas las clases se unieron para robarse lo que podían, se organizaron según afinidades para destrozar a otros, luego esas organizaciones se reorganizaron en base a una única regla: uno no podía juntarse con el camarada al que había traicionado. Por esta regla de convivencia todos se vincularon entre todos muy intensa y brevemente. Nosotros (un grupito de pillos que creyó que la crisis la pagarían los imperialistas) buscábamos intentar devolver el golpe a los aviones extranjeros, pero como nos informaron antes de ejectuar acción alguna que cien chasquibúm no hacen una bomba, desistimos, y empezamos a robarnos y a cuidar nuestras propiedades con el cuchillo entre los dientes como vimos que hacían los demás, pero como no nos salía hacerlo tan bien como ellos, decidimos criticarlos y pasar hambre.
Cuando nos descubrimos sedientos y cansados, en miras a una pronta y resignada muerte, ella, la que nos había advertido de la sequía eterna, apareció por la calle llorando de miedo, pero gritando que quería morir pronto y dignamente, que este mundo iba a ser por siempre una basura. Estaba desquiciada, concluimos. Y como buenos ciudadanos, tan racionales como prácticos, nos importó un bledo su pesar; nos abalanzamos, despiadados, sobre su rostro. Y sólo uno (yo, no sin orgullo entonces), a manotazo de sediento, alcanzó a lamer ese tan invaluable llanto. Parecíamos bestias.

La lágrima, salada cual mar, fue escupida y aborrecida por mi, mas la saliva que había dejado en el rostro de la joven, descubierta y añorada por los otros. La pobre no quiso escapar, había comprendido cómo era el mundo y quería morir como fuere. Ni mustió cuando vio que la horda y yo nos abalanzamos nuevamente. Parecíamos bestias (lo repito). Le lamíamos todo lo que nosotros mismos íbamos depositando, mientras también nos golpeábamos y mordíamos para llegar hasta ella. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Sólo nos detuvo el cansancio.

La joven respiraba, estaba tendida en el suelo, despierta, al parecer sin ningún deseo de venganza ni dolor alguno. Se la veía en paz. (Esto lo puedo decir ahora a través del recuerdo, en el momento sólo me le acercaba -como hacíamos todos, aclarando mi mediocridad con la aclaración- a ver si volvía a soltar una lágrima, para lo cual a veces le pisábamos fuerte la frente o la violábamos sin terminar para ahorrar líquido).

Uno a uno íbamos muriendo; temerosos, los últimos comenzamos con El Ritual: una vez que uno moría (nadie podía matar a nadie, estabamos demasiado débiles) le cortábamos la garganta y le succionábamos la sangre. Muchos nos pusimos amarillos al instante, sabíamos bien el carácter de incompatibilidad de los factores, pero no sabíamos qué hacer para sobrevivir. A la chica no la tocábamos más que para forzarla a llorar, ya que las lágrimas y la saliva del vivo eran lo más preciado. Pero la joven no soltaba nada, estaba siempre igual, impávida, quizás oía con ternura cómo nos moríamos uno tras otro. A mí me tocó a los tres días de enamorarme de ella (ese fue la única medida de tiempo que pude hacer), y no volví a verla.
La muerte no es lo que pensábamos ni lo que pensaban nuestros antepasados, esos tontos religiosos. La muerte no es tal, seguimos igual, con la única diferente de que no podemos soltarnos del Ritual, como si al cruzar esa barrera entre vida y muerte todo lo que antes era adquirido formara ahora parte de nuestra esencia, de lo innato. (Me recuerda al viento con que nuestras abuelas nos amenazaban, arguyendo que si nos hacíamos los bizcos, un soplido furtivo que tocara nuestros ojos nos los dejarían cruzados como una equis). Entonces, para decirlo sin rodeos ni comparaciones poéticas (ya que es lo más normal hoy en día) seguímos, muertos ya, con el fervoroso deseo de chuparle la sangre a los muertos, pero, como todos lo estamos, lo deseamos indiscriminadamente a familia, amigos, enemigos, súbditos, jefes, amores, hijos (sobre todo); y con quien no podemos por incapacidad física, inevitablemente lo reprimimos, de ahí el amor. Hasta que esta Primera Generación se cansa.
No iba a hacerlo, pero esto de las Generaciones lo clarificaré, para entendimiento y gusto del lector.

Por siempre, muertos vivos, la Primera Generación se matará un poco, se arrepentirá luego, dará luz de ignorancia a través de la invención artificial de millones de libros, idiomas e historias, a la Segunda Generación, la cual heredará el instinto adquirido de chuparle la sangre al par, pero como no sabe por qué lo desea, pondrá límites como Contratos Sociales, Mandamientos, Propiedades, hasta que se le destrozará la máscara cuando deje de tener agua y se vea en aprietos que le obliguen a ser como en verdad es. Volverán así a morir, habiendo aprendido de su "vida" sólo el sabor de la sangre, lo cual los llevará al punto de partida.
¿Que cómo sé esto yo? No sé, lector, sólo me interesa que en la ausencia de ella, a quien amé, encontré un poquito de porqué a esta sensación de desarraigo y vacío que tengo; y lo digo por más que sepa que a usted, y a vos también, no les importa. Pues sé bien que intuyen como yo que ella, la que nos amó, es un engranaje más de este, nuestro insoportable ciclo.

martes 26 de mayo de 2009

Diálogos, Dios Satán. Segundo encuentro

El hombre muchas veces se siente pequeño frente a lo que imagina por Universo. No por lo que el Universo es en sí, sino por un pedazo de calle, un pedazo de hojita de árbol que cae... mira todas esas circunstancias irrelevantes y delira con que en ellas está el Todo, el aburrido Todo que no se entiende ¿Cuándo comenzó Todo?, ¿tuvo un comienzo Todo? En este viaje en colectivo, las preguntas que solía hacerme en soledad sé que hoy van a tener respuesta, si ellos lo quieren.

Entro al bar, nunca me había puesto a verlo, teniendo a Dios y Satán en esa primera entrevista no me quedó más por mirar. Pero ahora ellos cobran otro signficado, los siento cerca, ya no hay una Institución que media entre nosotros, ahora ellos, de piel alquilada, son iguales a mí. El bar Británico ya no es lo que era, se volvió marketinero, y no hay tanto loco intelectual y triste; vivo entre esas dos épocas, este bar es el escenario perfecto para mostrar ese cambio, quedará para alguna novela, este no es el momento.
Me siento, me saludan con indiferencia y siguen hablando animosos, prendo rápido el grabador para ganar tiempo, cada palabra suya son, con mucha suerte, siglos de pensamiento humano. La charla es divertida, Satán, con cara socarrona y la ceja levantada seguro le está gastando alguna broma a ese tipo que, con semejante barba, me recuerda al arquetipo de linyera. Escucho "Tinelli", "bailando", "culo". Pregunto con timidez (no dejan de ser autoridades de la infancia que me dan miedo).


Perdón, ¿cómo conocen ustedes eso de Tinelli?

Se hace un silencio, los dos se miran como si lo que hubiese preguntado fuera la peor de las idioteces, Satán, agachando la cabeza y suspirando levemente, contesta, con notoria mala gana:

- Yo paro en una pensión del Once, y milagrosamente tiene televisión. Te preguntarás cómo me gano la vida yo, que tengo pensión con tele y puedo darme el gusto de ver no sólo Tinelli, sino Doctor House, ya que tengo cable y miro el Universal... Bueno, haciendo estas cosas es como uno se gana el pan. A ver, no pongas esa cara de póker, mirá, ¿vos pensás que todos esos escritores malditos que andan dando vueltas por ahí, escribiendo las crueldades que todos piensan y nadie se anima a decir, son los artífices de lo suyo? No, papá, me buscan, en los recovecos de todas las ciudades estoy yo, en una pensión o presidencia, dando consejo, explicando qué le sucede al humano cuando siente angustia y no sabe cómo obrar. Todos esos escritores malditos me preguntaron a mí lo suyo, ellos, solos, no son. Pero lo que los distingue de los mediocres es que tuvieron los huevos y la viveza de buscarme. Contestando a tu pregunta: conozco Tinelli porque lo miro por la tele, pero también conozco todo lo que pasa en el mundo, siempre estoy, sólo que hecho carne. Vos pensá, el diablo existe sólo para el hombre, así que no vale la pena que sea una serpiente, ¡jaja!, serpiente, ¿te das cuenta?
- Buéh, trataron de hacer una metáfora divertida, como hicieron conmigo, ¡divertidos estos hombres!
- ¡Me bardiaron, la puta madre! -Satán de repente está inflamado en ira y da dos puñetazos a la mesa, la gente mira- ¿qué serpiente ni serpiente?
- Una sinécdoque.
- Ah, miralo a él, que no sabía de esas cosas, tenés razón, ésta -Satán se agarra el escroto, repentinamente su bronca pasó a ser una alegría algo histriónica- es una serpiente, pero ésta no es yo.
- Vos te quejás, Satán, pero, ¿te pusiste a pensar lo que a mí me hicieron? ¡Se olvidaron!, ¡se olvidan!
- No molestes con eso, ya está. Disfrutá las vacaciones.

- Éstá bien. Remontando eso de que está en todos lados, usted, Satán, ¿también es omnipresente entonces?, ¿cómo pueden haber dos omnipresencias, dos infinitos?
- No, no, pibe, yo no entiendo por qué no pueden haber dos infinitos, ¿qué entienden ustedes por infinito?, la existencia no es matemática, ¡mezclan todo y mal!
- Pará Dios, no te me enerves, se te va a reventar el bobo. Eso, tomá agua, acá tenés, bien. Dejame a mí. Es fácil, hay que pensar las cosas en relación con la necesidad de la omnipresencia: si yo estuviera en el aire, en las plantas y todas esas cosas, no tendría sentido, no tendría utilidad, la selección natural me castraría de todos lados. En cambio, ser omnipresente a través de un cuerpo en la humanidad, le da bastante sentido a mi existencia. Las plantas no necesitan de mí, son perfectas.
- Tampoco de mí, yo no necesito que un matorral piense en mí y me dé vida. Tergiversaron todo.
- Por ahí necesitás una buena banana.

El clima de hoy es tenso en la mesa, Satán hace los mismos chistes de la otra vez, pero Dios no se muestra compinche, al contrario, está taciturno. Trato de hacer jocosidades que no causan gracia, se efectúa un silencio estremecedor, el baho de Satán, a medida que se acrecienta su incomoidad, se hace más fuerte. Por fin dice

- Lo que no entiendo de los hombres es por qué no pueden andar en bolas, libres.
- La verdad que yo tampoco amigo. Esa biblia.... yo no sé por qué se la agarraron conmigo, escribieron sobre personajes que yo en mi puta vida conocí, esos Adán y Eva, ¡culpables por comerse una manzana del orto!, ¿qué es eso?
- Márketing, puro márketing vegetariano.
- ¿Eh?, no entiendo, buéh, el asunto es que se mandaron toda una autobiografía no autorizada chamuyando lo que hice, lo que dejé de hacer, a quién conocí... Cuando leí los dos testamentos laburaba en un call center, ¿qué te pasa?, yo no tengo tiempo ni edad ni nada de esas cosas de los hombres, yo estoy en un solo punto infinito, trato de decirlo con los rudimentos que manejan ustedes -mi sorpresa fue gigante, Dios respondió a la mueca de mi cara. Buéh, sigo, laburaba en un call center, y siempre me pregunté por qué los hombres no querían trabajar los domingos. Descubrí que gracias a mí.
- Y qué hiciste.
- Empecé a trabajar los domingos también.
- Sos enfermo, ¿no?
- Qué sé yo, me gusta el trabajo, no hay que estudiar qué les pasó o qué descubrieron los hombres a lo largo de su historia, sólo tenés que hablar y vender. Y el jefe está chocho, me paga más y llego a fin de mes más tranquilo. Viste cómo está la cosa. Hay que saber vender, vos te podrías anotar en esa movida y dejar la pensión e irte por unos pocos mangos más a un departamento. Mirá lo que hiciste con Freud, te salió excelente.
- Suena interesante, es cierto. Yo estudié mucho, leí mucho. De hecho, te iba a decir, lo de la manzanita es una metáfora, después te explico lo que es una metáfora, la manzanita habla de que el hombre empezó a buscar el conocimiento, y a partir de ahí empezó a pensar y a dudar de vos.
- Ahá, es decir que había que dejarlos estúpidos para que me amaran, yo no entiendo nada.
- Pero lo entendiste rápido, eh.
- Es que me lo sospechaba, vi cosas así en los políticos.

- Hablando un poco de eso, qué opinan de la política mundial, de los sistemas..

- Pará, pará pará... me acabo de acordar de algo, ¿quién es ese hijo de puta de Maradona?
- ¡Yogador de fúchibol!, dicen que sos vos.
- Váyanse a la mierda..., no sé ni quién es. Buéh, contesto la pregunta. Ya te lo dije la vez pasada. No es el sistema, es el hombre que se va al tacho, la otra vez lo dijimos, no sé por qué volvés a eso, ¿qué querés oir?, ¿pensás muchas pavadas en tu casa?, buéh, el asunto es que el hombre fue derecho a la alienación, tanto poderosos como pobres. Y los bobos inadaptados que piensan distinto van a ir volviéndose locos o matándose o terminando en cana, hasta que todos van a ser una masa de idiotas, que quizá crean en el dios ese del que hablan con lo de la manzanita.
- Puede ser que, estando ya estupidizados, comerse una manzanita sea no tener internet o, en vez de usar Facebook, encontrarse en un bar.
- No entiendo qué mierdas estás diciendo.
- No te me pongas rústico.
- Dejá de tirarme la barba, ¡pelotudo!

- Señores, por favor

- Está bien, está bien- dicen ambos al unísono.

-Quería preguntarles por el comienzo de los tiempos. Entenderán que al hombre le cuesta mucho comprender que antes que él había "otras cosas", y que, por su costumbre de hablar de comienzo y fin, no puede entender que esas "otras cosas" hayan estado desde siempre.

Noté un casi imperceptible gesto de desprecio en ellos, que se miraron y levantaron las cejas, en ese momento noté que comenzaba a ser odiado por mis preguntas mundanas
.

- Bien formulada la pregunta, Satán, contestá vos.
- Necesito ir al baño, voy y vuelvo.

Pero Satán se fue, haciendo un entramado de recorrido para intentar que yo no lo viera, por la puerta principal; miré a Dios, esperando una respuesta, una palabra suya para sanarme. Se sacó un moco, lo pegó debajo de la mesa, no sin mirarme fijamente mientras se levantaba y se iba. Quedé solo tal vez hasta el siguiente sábado, a ver si pueden contestar la pregunta por el comienzo. Y, por otro lado, no dejo de preguntar a qué se refirió Dios con eso de Freud...

domingo 24 de mayo de 2009

Accesorios imprescindibles

El pensar del intelectual
El librillo del literato
El disparo del suicida
El traje del empresario
El uniforme del genocida
El rosario del pederasta
El título del gentilhombre
El desaire del espasmo
El odio del hombre
El hambre de Buenos Aires

sábado 23 de mayo de 2009

Todo vuelve

cae la hoja
cruje bajo una suela
pasó un esclavo

jueves 21 de mayo de 2009

Los forros del Gobierno de la Ciudad no sirven

martes 19 de mayo de 2009

Que no sea el breve humo del incendio

Que no sea el breve humo del incendio,
ni del incendio su agonía, la luz,
que sola y en sí misma es como la Cruz
que de Muerte y Nada saca un compendio.

Que no sea una flecha nuestro imperio
ni el espasmo el aire de este gris enfermo,
pues ni en los sexos ni en palabras mermo
el todo donde de vos yazco ebrio.

Ni a mi vida ni a la tuya ni a esto es
a lo que canto. Tal es mi jactancia
de que el amor abrasó tantos orbes

que te ruego también con la vaina
la empuñadura, el odio y la malicia
me mates de vos, me llores y olvides.

domingo 17 de mayo de 2009

Uirus urbanus

los hombres lloran
las lágrimas de un niño
pero escondidos

La Divina Bar

no la encontraba
descendió hasta los baños
la vio con otro

sábado 16 de mayo de 2009

Buscamos desesperadamente sentirnos seguros. Hay como una potencial nieve asesina dando vueltas, y, cuando estamos fuera, desesperadamente tenemos que encontrar refugio para zafar de esa masacre potencial ¿De dónde vendrá esa idea?

jueves 14 de mayo de 2009

Un instante occidental

un vaso roto
alguien con hambre muere
habrá elecciones

martes 12 de mayo de 2009

Eco

Dio un portazo a la habitación, por fin la casa estaba sola; cerró los puños y empezó a gritar, enervada por la ira.
De repente abrió los párpados en pánico y oyó algo lejano; era extraño, pero el sonido de su grito estaba disminuyendo sin que lo decidiera. Casi le estallan las venas por intentar retenerlo, pero su alarido finalmente desapareció, aunque la intención de gritar, igual de intensa que inaudible, no había cesado. Así lo supo con terror: alguien, dentro de ella, que ya no era ella, seguía gritando.
Tal vez su recuerdo del suceso también la abandonó y alguien se lo recuerde algún día. Es probable que lo sucedido en esa habitación sólo le dejó cierto ahogo inexplicable. Es posible que esa sensación sea esta. Ya no es impropio, sí aterrador: ese grito existió, existe, es este.

¿

Para comerme el asco me muerdo los dientes. Mas luego descubrí que ayer voy a ir volviéndome desde el hambre. Así pues que me fui solo del que fui sólo para decirme, sin cuidado a que me caiga una lágrima al ojo mirón desde mí; mas (¡faltaba más!) antes parar para para siempre ordeñar cómo el piso blanco se va boquiasucia al suelo negro mientras caen la caída y el pobre él: ?

Fiebre

usa barbijo
dobla y ve al gigantesco
porcimosquito

arma bombas de miedo
con barro y mucho humo

sábado 9 de mayo de 2009

Campo de concentración

En el llano del polvo y la derrota sin exilio
llamo al amor a cantar, inexistente
me golpea la cara, yo reposo, a veces
respondo en proyectiles de odio
disparados con armas de miedo.

Como mis ratas vivas
durmiendo entre carnes heladas
especulando esperando
no sin impaciencia
que no se sepa
que no se pase.

De cómo
ella
ello
y todos los vivos y muertos pudieron zafarse
mientras mi nombre sigue siendo este huésped
amormado, amordazado.

viernes 8 de mayo de 2009

Reclamo transparente

Estoy hastiado de ustedes.
Pésimos observadores son los hombres que no ven qué tienen enfrente; y no hablo de metáforas ni de sensaciones ni de cuestiones elevadas; hablo de lo tangible, lo físico. Muchos poetas se quejan de que las mujeres "pasan por (al lado de) mi vida", que el lenguaje no basta y que todo contacto o comunicación es inútil. Pues esos mismos poetas, con esa cara de narigón melancólico y feo (todos los poetas son feos) miran el hermoso paisaje y no ven lo que hay en realidad, no ven lo que en verdad están viendo. Veo sus ojos pasar de un sitio a otro, moverse, ¡llamarse la atención, y me dan asco!, ¿acaso me tengo que poner a rumear?, ¿tengo que ser un macho toro?, ¿alguien sabrá lo horrible que es la función de proyectar otras cosas? Es como si sus amores les dijeran "¿qué te parece ése fulano de tal para mi vida?

blabla después sigo

XII de Crudaísimos

Nicolás desapareció.
Otro Nicolás lo mira sin saber que lo miran o tal vez lo sepa sin saberlo o tal vez no sepa lo que es mirar.
Otro Nicolás cree haber visto al desaparecido pero tiene tanto miedo de que Otro Nicolás lo descubra que no se atreve a emitir juicio de valores y

mientras Otro Nicolás decide esperar sentado hasta la eternidad aguardando que aunque sea una partícula del Nicolás separecido llegue por fin a darle sentido a su vida y mientras Otro Nicolás está perdido pero no desaparecido y mientras Otro Nicolás va a buscar al perdido y encuentra al desaparecido y mientras Otro Nicolás mata de casualidad a Otro Nicolás y todos los Nicolás hacen algo que no entiendo muy bien

Otro Nicolás sueña todo y al Nicolás que lo sueña.
Otro Nicolás sueña con el Otro Nicolás que sueña que es soñado.

Y nadie implora porque Nicolás no despierte
y deje de soñarme.

martes 5 de mayo de 2009

El tergiversador

Era su culpa y a la vez no, como sucede con la locura, tan paradójicamente involuntaria y personal.
Solía evitar los lugares pequeños desde que un anciano le hizo saber sus sospechas a través de la mirada, luego de que un perro se metiera en el bar de turno y comenzara a revolcarse ladrando en una mesa atiborrada de vasos; pero, ¿quién puede evitar urgir un mingitorio en plena via pública?, había que arriesgarse.
Al no haber baños públicos en los parques y plazas de Buenos Aires decidió emprenderse a buscar un árbol solitario, sin embargo calle Corrientes y aledaños son muy poblados en hora pico. Un bar tal vez hubiera sido la solución, mas no era lo pertinente. Recordó que estaba cerca de una vieja dirección conocida.

La compañía TAK fue su lugar de trabajo y vida por tres meses, en honor a la verdad fue el único empleo que tuvo y, ahora, rozando los cuarenta, seguramente vive de pensión hermética y alguna herencia taciturna. No es que sea un tipo incapaz, al contrario, el problema es que el pudor llegó a un punto en el que superó las expectativas. Tuvo que renunciar a aquel trabajo cuando una chica corrió peligro al divisar papeles voladores sin viento alguno, pues frente a esto ella sintió perder el sentido de realidad e intentó saltar al vacío; la chica fue salvada por él, pero tampoco tenía por qué estar el pobre tipo, si no tenía la culpa o la intención, metido en todas las cosas (no me crea usted, lector, tan impertinente como para usar esa palabra tan ambigua arbitrariamente, creo que, por el contrario, su ambigüedad para explicar los sucesos referidos es la más adecuada).
La compañía estaba a unos pasos, cada uno aumentaba los latidos, la sudoración, los tics (por el hecho de estar tan solo se llenó de tics para no pensar en el encierro del espíritu, el problema es que, al yacer en la soledad, tampoco había nadie para calmarle, o para llamarle la atención). Entró. No había una cara conocida, lo cual ya había escuchado por boca de su padre años atrás, y bien por él, ya que el personal de antaño no lo estimaba mucho; generar semejante atmósfera de incomodidad terminó por incomodarlo y (aunque nadie supo quién era el culpable) se volvió un poco paranoico; dejó de hablar, su mente se ocupaba más en pensar qué pensaban sobre él, y así fue como, sumado al malestar general por los acontecimientos inexplicables, se ganó el desprecio de los camaradas. Enflaqueció estrepitosamente, se volvió taciturno, dejó su barba libre… Pero ahora era todo distinto, estaba afeitado, prolijo, sabía que no debía llamar la atención, que si los sucesos inexplicables se daban (había raros días donde no sucedía nada) él, por más que supiera que era el culplabe, no tendría por qué ser adivinado por otro.
Al entrar, un pasillo vacío: era la primera parte ya conocida que no traía mayores complicaciones: podía caerse una pared o un árbol sin que nadie lo viera u oyera. Luego, la oficina: computadoras, vasos, personas. Al cruzar el umbral dudó de si debía correr o caminar bien despacio; corriendo se evitaría una catástrofe pero sería obvio que era él el productor de algún pormenor extraño, y yendo a paso lento algo terrible podía suceder. Sin remordimiento ensayó un caminar tenue, “nadie quiere ser descubierto”, dijo, para justificarse. Cerró los ojos. Al oír los primeros golpes y gritos los cerró con más fuerza, también apretó puños y dientes, pero nada podía hacerse. Alguien cayó, hubo un grito agudísimo de mujer que lo obligó a abrir los ojos. Estaba a un paso de la puerta. Abrió, aliviado.
Ya, por fin, en el mingitorio, estaba haciendo lo suyo cuando oyó la manija girar; alguien entró, se sintió vigilado, decidió disimular antes que apresurar el asunto y levantar sospecha. El tipo se ubicó en el mingitorio siguiente y, dedicado a mirarlo un rato, escrutándolo, se preguntó quién era su vecino; apretó el botón del agua adrede, y dijo:
-¿Qué le parece a usted amigo?, al fin se terminó el agua, esos tipos tenían razón.
-¿Cómo dice? –dijo el, aterrado por la posibilidad de alguna alusión irónica sobre su condición.
-¡Hombre!, ¡que se acabó el agua del mundo!
No contestó, trató de simular seguir inmiscuido en el asunto que lo había arrastrado hasta ahí, el cual ya había terminado, pero lo paralizaba la idea de hacer siquiera un movimiento en falso. El otro se sintió aun más intrigado por el desconocido, fue directo al grano para alivianarse la inquietud:
-No le veo cara conocida a usted, y yo, digamos, no soy un jefe muy convencional, conozco la cara de todos mis empleados, ¿es usted nuevo acaso?, ¿alguna pasantía?
-No –fue todo lo que pudo contestar, luego balbuceó algo más, ininteligible. El otro, desconfiando de su interlocutor, no quiso seguir preguntándole, pero decidió no perderle de vista hasta que se fuera. Sin embargo, empezó a suceder.
Volvió a oírse la puerta del baño cerrarse, ninguno de los dos le prestó atención, uno miraba hacia abajo, incómodo, invadido por los ojos del otro que poco más se los clavaba. Un perfume de la mujer fue lo que comenzó a tergiversar la realidad, el primero en enterarse del olor fue el jefe, pero no le prestó atención, el otro olió un rato después, pero, al saber que algo iba a suceder y al estar así más atento, se aterrorizó por la novedad fuera de lugar. El jefe inspiró por la nariz no sin fuerza al sentir que el aroma recién descubierto persistía, levantó la vista y la cabeza, y la vio, mientras el otro parecía estar ya rezando. Ella se estaba mirando al espejo, maquillándose como si nada, con tal indiferencia que parecía ser que no sabía dónde estaba. El jefe, pudoroso y perplejo, no se atrevió a reprenderla, ni siquiera a llamarle la atención de modo jocoso, pues no sabía si la muchacha estaba equivocada o si había perdido el interés de la separación conservadora. Ambos hombres, habiendo terminado de hacer lo suyo, permanecieron estáticos. Ella agarró su cartera y se fue, como si nada.
Nuestro pobre héroe sospechaba lo peor cuando se escuchó abrirse la puerta del cubículo, ninguno de los dos le prestó atención hasta ver que quien salió y de ahí y se iba era otra mujer, (cabe aclarar que también desconocida para el jefe). “Nos habremos equivocado”, dijo el pobre hombre para tranquilizar la situación, el jefe frunció el seño y negó. Fueron afuera, era el baño de hombres; el de mujeres no estaba clausurado. El pobre tipo cruzó una mirada con el jefe (tal vez invitándole a guardar el secreto para él tan evidente y tan poco comprobable de que su presencia tergiversaba el mundo) y éste se fue a seguir con lo suyo, aturdido por lo extraño de la situación.
El pobre volvió a la calle, ya satisfecho. Ni bien pisó la acera, oyó el choque.

sábado 2 de mayo de 2009

El mito de Narciso

Su novia amaba demasiado a las personas, pero no quería un hijo, decidió entonces forzarla hasta tenerlo.
Un día, mientras penetraba más brutalmente que nunca, descubrió, en el arma con que la amenazaba apuntándole en la sien un reflejo de su rostro, pero deformado, ensanchado en la punta brillante del caño circular. Perplejo escrutó el hallazgo desde distintos ángulos; ella, aterrorizada por la novedad de la pausa, abrió los ojos mojados y corrió hasta la cocina; temió lo peor, pero él, por fin, había cambiado.
Llegada del trabajo por la noche le preparaba la cena y abría la puerta de su habitación no sin miedo, despacio, siempre abdicando; él rechazaba todo con una interjección efímera, ni la violencia valía la pena ya. Pasaba los días mirándose, con un extraño orgullo por haber sido policía.
Hasta que, por fin, un disparo destrozó el espejo.

viernes 1 de mayo de 2009

El César

Golpes tan fuertes
como los pedos de Dios
olió Vallejo

El lector occidental

Fumado leo
los viajes de Gulliver
cómo lo entiendo

viernes 24 de abril de 2009

Diálogos, Dios Satán

- Ya no sos lo que eras amigo.
- Nunca somos los mismos, cada segundo cambiamos.
- No no, no te tratés de justificar, estás reventado, viejo, feo, bah, siempre fuiste viejo pero ahora estás cansado, o la gente se cansó de vos. ¡Así te lo digo!, ¡se cansó! -Dios miró al suelo un rato, daba la impresión de que el pobre venía pensando en esa cuestión desde hacía mucho tiempo, sintió el dedo en la yaga. Vaciló y dijo:
- Creo que el único cristiano fue mi hijo...
- Como el único freudiano fue Freud, como el único nietzcheano fue Nietzche, ¿no?
- Sí, no conozco mucho de esas cosas, pero creo que hablamos de algo parecido. Yo, el omnipresente, obviamente hago omniomisiones.
- Bueno, tampoco era para que te sientas mal, no quería...
- No hay problema, no estoy mal, pero..
- Mirá, ¡vos pensalo así! -se le acercó con ademán amistoso y bonachón- ellos se hacen la cabeza con qué es la vida, y gracias a vos aprendieron que el cerebro humano es muy chato para entender el universo, o por lo menos que no están preparados. Vos fuiste un buen primer intento, lástima lo que hicieron...
- ¡Yo no entiendo boludo!, ¡yo no entiendo nada! -Dios llora, grita, putea un rato-, nunca jodí a nadie, nunca me metí con nadie, nunca les pedí que no se tocaran entre masculinos y esas cosas, ¡a mí qué mierda me importa lo que hagan!, sólo les pedí que me dieran vida, que no me mataran en su pensamiento. Ahora ya me estoy yendo. Quiero decir, a ver, ya estoy más tranquilo, yo todo lo que necesito para vivir es que crean en mí. ¡Y yo también quiero vivir!, pensalo así, si soy omnipresente, omnipotente y todo eso, ¿qué me importaría que creyeran en mí?
- Claro, caradura, por eso todo eso de los mandamientos y tanta basura más, para armar puterío y que se hable de vos, ¡sos un famoso!
- Creo que más de una vez aparecí, ya sin quererlo, nombrado en lo de un tal Rial.

Ambos ríen, la conversación, después de la lágima de Dios, que inundó un poco, se torna agradable, animada, se recuerdan anécdotas de la Biblia, Dios dice cómo fueron las cosas en verdad con Moisés, se oye algo de favores sexuales pero las palabras vuelven a mezclarse y no se entiende mucho. Les hago una pregunta.

- ¿Ustedes creen que la vida va a seguir sin miramientos o compasiones?
- Responda usted, Satán, yo ya no sé eso.
- Sí, no quiero ser profético, ese chanchuyo es de los hombres, pero la verdad es que la humanidad se va al carajo. Pensalo así, proyectá un poco, no es difícil conjeturar. El Poema gigante que se está fabricando de hace algunos milenios es cada vez más aburrido. Los versos de hoy podría decirte que están en blanco. La mano está, pero no escribe, quién sabe hasta cuándo.
- Pero si la mano está es porque volverá a escribir -pregunté, un poco preocupado.
- No, mamerto, vos como hombre tenés pensamiento chato, mirá, que yo use la metáfora de la mano no quiere decir que tenga las propiedades mentales de una persona con mano, ella está ahí, con la pluma, pero puede estar la eternidad sin volver a tocar el papel. Yo creo que va a ser así. No sé, hablá con él, a mí me mandó a la tierra, yo estoy tan en bolas (o lamentablemente vestido) como vos.
- No me metan en esto, escuchame, yo accedí a esta entrevista porque estoy corto de fondos. Bueno, bueno... los valores cambiaron, nada más, vos y algunos otros son sólo una visagra, ya no van a haber cambios en el orbe, el humano va a vivir en una calma letanía, en una tempestad estupidizada. Y listo, se terminó, creo que ya es la hora.
- Espere Dios, ¿entonces el capitalismo va a perdurar para siempre?
- No, el capitalismo no es el problema, el problema son ustedes -el diablo afirma con la cabeza-, ya todo está amigo, usted y todos los que "piensan distinto", es decir los retrasados que no se adaptaron al nuevo tiempo que propone la Masa Humana -Satán balbucea algo, "Masa Humeante", o algo similar- ya se están yendo y dando lugar al último eslabón de la alienación.
- Volviendo a eso de Nietzche. Yo te cuento Dios, vas a ver que es interesante.
- A mí eso nunca me interesó... -sonríe Dios, buscando complicidad en una sonrisa triste y tímida.
- Yo te cuento -prosigue Satán- Nietzche decía que todo el que piensa distinto camina voluntariamente hacia el loquero. Creo que el hombre hizo lo mismo en su historia, o algo así; quiero decir, el muy idiota caminó derecho hacia la alienación, tanto los poderosos como los oprimidos, ¡todos pelotudos!
- Cierto, se acabó el tiempo, me quiero ir, ¿sábado a la misma hora, no?
- Sí, ¿no?
-

Dios se va sólo, la novia de Satán -que está bastante linda- le cede paso a Dios al pasar por el umbral, y se lleva a su marido del brazo. De espaldas Satán se ve fuerte, como un cuarentón de nuestro tiempo. Dios, en cambio, está muy cansado, artítrico, le tiemblan las manos al hablar. Parecen políticos, parece como si tomaran la imagen que saben que yo tengo de ellos, como para conformar mi estupidez humanal. Me siento pequeño, mejor mañana y no hoy, hago la codificación del casette.

Elogio de la Locura

Intempestivamente supo que los perros le hablaban y que podía curarles enfermedades. Un día, en un cuarto piso, descubrió que los militares la buscaban; subió aterrada, mas luego, olvidándose de sus perseguidores, recordó que tenía que llegar al trabajo, pero volando.
En Hospital de Día le preguntamos por el corset.

miércoles 22 de abril de 2009

El día que pasó

Los días, un buen día, se cansaron de la magia inútil de ser divididos por el hombre. Decidieron, en un congreso internacional (días mayas, días griegos, días argentinos y hasta estadounidenses), ponerle fin a la castración y volverse uno, carente de comienzo y de fin.
Para decidir el nombre todos pasaron por el mismo proceso: primero pensaron en llamarse domingo o sábado, días alejados de la vida mundana, luego, mejor, se les vino la idea de inventar una nueva palabra para identificarlo, la cual debía tener algo de todos y, a su vez, lograr que el resultado dejara de ser un día común, ya que el todo es más que la mera suma de sus partes. Pero esa elección de un nombre caducó cuando se escuchó una voz anónima del auditorio decir "¿con qué necesidad darnos nombre y seguir con la tradición de los bobos?", y alguien más dijo "¿vamos a limitarnos a unas letras estúpidas otra vez?, ¡para eso me sigo vistiendo de miercoles!". Todos se miraron con complicidad, decidieron no limitar el ser al nombre otra vez y ejecutar el parricidio de forma total.
Resuelto el nonombre, un lunes, preocupado, dijo que cada lunes es distinto, martes algo parecido, pero domingo, que era el que tenía menos que ver con los humanos, resolvió que "si seguimos pensamos que cada día es distinto y que entonces será imposible ser Uno es porque seguimos creyendo en lo que nos vendieron los imbéciles esos, ¡olvidémolos de una vez!". Todos se miraron entre sí, se oían voces lejanas que "tiene razón ", que "", que "fuera el hombre de nosotros". Por fin en ese día se unieron, olvidando los valores de los hombres para ser Uno, perdiendo así la esencia de ser meros días de calendario; pero lo que no pudieron predecir -y lo que no tal vez, de saberlo, no habrían deseado- es que ellos, al ser otra cosa y perder la esencia, iban a desaparecer.
De esto pasó un tiempo -evidentemente- incalculable. Los animales libres recibieron la noticia con pereza, y siguen usando al sol para dividirse las tareas. Los perros, gatos y demás animales domésticos nunca quisieron al hombre, es más, lo detestan sordamente, pero siguen con él sólo porque hace como que los días aun siguen vivos; entonces el animalito nostálgico le acompaña en ese ritual sin dios, logrando así que la fantasía de las fechas vívidas parezca más real.

¿Qué es de los días ahora?
Tal vez, sin saberlo, los días sabían que iban a morir, pero siempre es preferible la muerte antes de que la circunstacia domine al ser. "Los días", dibujados por el hombre, son todos masculinos, no por el hecho de que se escinda, verbigracia, "día" en "el lunes" (ya que puede tranquilamente ser "la día martes") sino porque simplemente es (era) así para el humano. Seguramente los numeritos de los calendarios estarían hartos de no poder elegir sexo, y eso los llevo a morir honradamente.
Quizás, desde que no son más lo que todavía creemos que son, hayan encontrado de una vez por todas, en la celebración por el aniversario del fin de los días, a una hermosa día, o tal vez uno vestido de mujer, o vaya uno a saber.

miércoles 15 de abril de 2009

La inseguridad de Rolando Hanglin

Todo se centra en la cuestión de la condición necesaria y la condición suficiente. Y el lenguaje también.

Para dar un saludo es necesario pronunciar un sonido que sabemos que será comprendido por el otro como tal, y es suficiente con eso también. Quiero decir que si comprendemos correctamente qué es lo necesario, esto será suficiente. Pero, evidentemente, hay que hacer una distinción: la experiencia. Es necesario, arquetípicamente hablando, impersonalmente hablando, decir "hola", pero en la experiencia humana puede no ser suficiente. El necesario en estos casos remite a la abstracción, al lenguaje del diccionario, en cambio, lo suficiente para la comunicación es el verbo hecho carne. Puedo decir "hola", es necesario decirlo para llevar a cabo el saludo, pero nuestro interlocutor puede no habernos oído, ora porque está distraído, ora porque podemos haber perdido el habla sin ni siquiera habernos dado cuenta, es decir que la suficiencia no necesariamente está obligada a caer en la responsabilidad de un segundo, pero sí en la experiencia de la interacción. Evidente, lo es, sí, el interlocutor es vital, pero quiero decir que no es sólo la no escucha de este lo que produce la carencia de suficiencia.
No estoy con esto poniendo un ejemplo clásico, estoy demostrando que lo necesario y los suficiente también se rigen en cuestiones temporales: primero lo necesario, lo abstracto, lo social que se cree correcto, y luego lo real, la experiencia, la suficiencia o no de lo que se creía necesario. Mas hay otras acepciones de lo necesario y lo suficiente. Y yo, frente a estas, me pregunto, si pensándolas en el lenguaje es tan sencillo, ¿qué sucede con las demás acepciones?, ¿por qué lo necesario no se conecta de esta forma con lo suficiente como sucede tan claramente en el lenguaje y en su temporalidad? Porque las cosas, cuando conviene, no son claras. Y a veces es necesario aclarar, a través del ejercicio de qué es lo necesario y lo suficiente, una mentira estúpida o intencionada.

Veamos el siguiente ejemplo: este Rolando Hanglin dice que para apalear la inseguridad debemos pintar y poner linda Buenos Aires, de ese modo no habrá una sensación de "descuido" y nadie, de este modo, querrá destrozar lo cuidado o cuidable (vaya uno a saber si esta diferencia tan sustancial lo es también para don Roberto). El (no sé si) periodista se ataja a través del contenido diciendo que "sería mejor, en lugar de atiborrar la cuidad a policías, hacer calles más lindas", o algo así. Suena bien que no quiera muchos policías, suena bien como un acorde de Do Mayor bien tocado por un nene de dos años y medio que acaba de aprender las primeras notas. Pero no está bien, sobre todo por el método. Me explico:

Como leerá quien quiera leer el artículo, el tal Rolando propone como base para su utopía (él define así, cobardemente, su propuesta) los estudios de unos psicólogos sociales, los cuales hicieron el siguiente experimento: pusieron un auto lindo y bien prolijo a las puertas de un barrio pobre (todo esto no es en Argentina sino que en Estados Unidos), y el auto a los días desapareció habiendo sido desmantelado por los vecinos; luego pusieron un auto en las mismas condiciones en un barrio rico, y el auto quedó intacto, mas luego rompieron un vidrio y el auto se desmanteló también. Con esto arguyen los psicólogos sociales que mantener las cosas siempre en clave de cuidado hace que las personas no tengan tendencia a destruir, ya que es lo descuidado a lo que atacan. Roberto pone ejemplos divertidos y toca nuestros corazones con experiencias de la vida cotidiana, como la de que siempre vamos a la zona de la plaza donde ya hay caca de perro para que nuestro animalito haga lo suyo, lo cual da menos culpa ("una mancha más al tigre, ¿qué le hace?", frase fama para sustentar el razonamiento). Podríamos decirlo lisa y llanamente, a modo de indignación e hinchadura de pelotas por escuchar tanta pavada: ¿qué tiene que ver el culo con el cerebro?, pero no, seamos gente seria así aunque sea los académicos y grandes periodistas de la forrándula, si de casualidad leen esto, escupirán con saliva trabajada, o por lo menos mirarán de soslayo, con interesante tono repugnante. Pensemos lógicamente, utilicemos la razón iluminista que tanto les gusta a los imbéciles que dan tan bien sus cátedras cerradas como conchas atrofiadas en las aulas:

Que un vidrio de un auto esté intacto es condición necesaria y suficiente para que el auto no sea robado en un barrio rico.
Que un vidrio de un auto esté roto es condición necesaria y suficiente para que un auto sea robado en un barrio rico.
Que un vidrio de un auto esté intacto no es condición necesaria y sí suficiente para que sea robado en un barrio pobre.
Que un vidrio esté roto no es condición necesaria y sí suficiente para que el auto sea robado.

Ahora bien, no sé qué razonamiento más habrá hecho Rolando para sacar a la luz que sin el vidrio roto la gente pobre no va a robar el auto. Tal parece que, ora por ignorancia de lo que se está diciendo, ora adrede, Roberto nombra a los pobres, habla de la pena de muerte y de la tolerancia cero, pero de un momento para el otro ¡zas!, olvida todo eso y sólo se remite a hablar de los tipos educados y pudorosos que sienten culpa de que su perro cague en los lugares donde no había mierda. Empieza vendiendo un paquete sobre la pena de muerte y termina proponiendo limpiar Buenos Aires para que los burguesitos no nos animemos a romper nada de lo que está tan lindo ¿Pero Roberto es pelotudo o se hace?, no lo sé, porque quién puede ser tan idiota de creer que, aunque sea una utopía (las utopías son respetablísimas posibilidades de mejoría en la vida futura, son como los mitos: ambos tienen cierto carácter de ficción, pero ambos también son un producto del hombre como testigo de su tiempo, hay alguien que dice algo), se logrará cualquier cosa de ese modo? Verdaderamente es rara, tonta, y/o preocupante la exclusión. Y es raro que un razonamiento tan fácil como decir que porque sea condición necesaria que un vidrio deba ser roto para que el auto sea robado, no es condición suficiente para que pase lo mismo en barrios pobres se le haya pasado. Este razonamiento se lo olvida, y dice algo como que "la pobreza y el hambre no tienen nada que ver (con la delincuencia)"
Yo no me animo a darle monedas a un flaco de la calle, no sé qué va a hacer con ellas, yo no promuevo ningún cambio, no me llevo ningún villero a mi casa, ni lo baño, ni lo educo ni le busco trabajo (si todos hiciéramos eso ahí estaría una buena parte del cambio porque reflejaría el cambio de actitud en nosotros, a partir de ese cambio, ese preocuparse por el otro, el Cambio llegaría solo, quién sabe), pero por lo menos trato de cuidarme en lo que digo, nunca voy a tener la difusión que tienen estos tipos, ni me importa, pero por lo menos, aunque me lean dos amigos, me cuido al decir lo que se me canta.

ACÁ VA EL TEXTO DE HANGLIN

UNA SOLUCIÓN PARA LA INSEGURIDAD.

Todo el país habla de la inseguridad: hay miedo y alarma por los asaltos, violaciones, robos y sobre todo los asesinatos gratuitos que se suceden y en los cuales los ladrones, absortos en la tarea de matar gente...¡Se olvidan de robar!

Tal vez sea sólo una "sensación", como dicen algunos respetables funcionarios. Tal vez, como afirman otros, la "prensa opositora" agiganta el tema para perjudicar a la administración. Tal vez. Pero admitamos que hay un problema de inseguridad (grave o leve) y que mejor sería no tener ningún problema en esa materia. ¿Verdad?

La reacción de los ciudadanos ante esta cuestión depende de su orientación política, su carácter y -sobre todo- las experiencias que les haya tocado vivir en su familia. Unos reclaman "mano dura" porque a los delincuentes "hay que meterles bala". Otros exigen que se resuelvan los problemas sociales de marginalidad y desempleo porque todo el asunto se origina en la violenta pobreza: sólo los padres que no pueden llevar un pan a la mesa de sus hijos salen a robar.

Bien. Sea lo que sea, examinemos la famosa teoria de la Tolerancia Cero, aunque más no sea para ver de qué se trata. En realidad no es una consigna policial ni una actitud ultra -represiva ni un invento de politicos ultraderechistas con alma de sheriff. Para nada.

La historia comienza en 1969, en la Universidad de Stanford (USA) donde el Profesor Phillip Zimbardo realiza un experimento de psicología social. Para estudiar el comportamiento del público, los investigadores dejan abandonado un auto nuevo junto a una vereda en el peligroso barrio del Bronx. El mismo dia y a la misma hora, estacionan otro auto (mismo modelo, misma marca, mismo color) en el lujoso vecindario de Palo Alto, California. Hay que recordar que, en aquellos años, uno de los mayores problemas de los Estados Unidos era precisamente la inseguridad, y se debatía con furia sobre las posibles soluciones, represivas o asistencialistas.

Al cabo de tres días, el auto estacionado en el Bronx había sido desguazado por los vecinos. Se fueron llevando los neumáticos, las ruedas, la radio y el pasacasette, los butacones, los vidrios, los pedales...¡Quedó sólo un esqueleto!

En cambio, el auto abandonado en Palo Alto estaba intacto. Nadie le prestaba atención. La conclusion inicial fue obvia: "En el Bronx hay hambre, marginalidad, escasez. La gente es muy pobre, de manera que no tiene tiempo de pensar si sus acciones son legales o ilegales. En su desesperación, roban lo que pueden. En cambio, los ricos vecinos de Palo Alto no necesitan un pasacasette ni una butaca de auto....¡Todos tienen varios autos!".

Pero el Profesor Zimbardo continuó con su extraordinaria investigación. Introdujo la siguiente novedad: romper uno de los vidrios del auto estacionado en Palo Alto. En pocas horas comenzó el proceso de desguace que había tenido lugar en el Bronx. Vandalismo, robo, destrozos a cargo de insospechables vecinos.

Por lo tanto...¿Qué tienen que ver la pobreza y el hambre? Nada.

Hay algo en la mente humana -concluyó el Profesor Zimbardo -que tiene que ver con el abandono, la suciedad, el desorden. Las señales de abandono incitan a las personas a comportarse de modo antisocial. Recordemos estos términos: señales de abandono.

Cuando usted, amigo lector, lleva a su perro a hacer las necesidades a la plaza...¿No busca un sitio que esté ya abundantemente adornado por otros perros? Esto reduce su sentimiento de culpa. Qué le hace una mancha más al tigre. ¿Verdad?

¿Por qué en las iglesias reina el silencio y todo está limpio? No se trata de que los feligreses sean millonarios. Ni tampoco de que el cura los vigile con una escopeta. Sencillamente, la quietud y el orden de ese lugar generan en el visitante una actitud de respeto. Por eso están todos callados "como en misa". Aunque reconozcamos que también se han saqueado templos en la historia humana.

Resumiendo el hallazgo del Profesor Zimbardo: las calles limpias, las veredas blanqueadas y sin graffiti, los canteros floridos, las plazas enrejadas y cuidadas, el mobiliario urbano sano -y- limpio representan el orden, e inspiran en las personas una conducta sin desórdenes.

Más adelante, dos investigadores llamados James Wilson y George Kelling desarrollaron la "Teoría de las Ventanas Rotas". Estos señores verificaron que, cuando en un edificio se rompe un vidrio y nadie se preocupa por reemplazarlo, ni hay castigos contra el autor de la pedrada, se genera un "efecto indiferencia". Pronto estarán rotos todos los vidrios del edificio. Y del barrio.

Dice una antigua norma metafísica denominada Ley de Atracción: los iguales se atraen.

El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, inició en 1994 la puesta en práctica de la teoría de las ventanas rotas. Aplicó entonces la Tolerancia Cero. Esto es: reprimir con firmeza cualquier desmán, cualquier irregularidad. Por ejemplo: no está permitido abordar a los automovilistras exigiéndoles que compren un objeto perfectamente inútil, o que paguen por un rápido fregado de sus ventanillas, ni circular con palos, piedras o máscaras, ni agruparse en tumulto impidiendo la circulación. Es decir: no está permitido hacer todo lo que los argentinos hacemos constantemente, o toleramos como vacas asustadas.

Una mirada a la carrera criminal de un millón de gangsters permite observar que empezaron a los ocho años (por ejemplo) robando un caramelo, siguieron con un reloj, ascendieron luego a la violación de una muchachita a los 13 años, empuñaron su primer revolver a los 17 y luego siguieron en su marcha consagratoria con asesinatos, copamientos, batallas urbanas, fusilamientos de inocentes. Pero todo empieza con un furtivo piedrazo a las ventanas...

Personas más expertas que yo han señalado que el crimen no tienen nada que ver con el hambre o la miseria, ya que en realidad se trata de una industria. Por lo tanto, requiere capital. Es muy cara una pistola, con sus protectiles adecuados, y el uso de la misma supone entrenamiento, práctica, tiempo de training, no sólo vocación. Las distintas maniobras de un grupo de asaltantes (agrupación de ataque y fuga, cobertura de fuego enemigo, logística, uso de vehículos y armas, cantidad de individuos necesarios para determinada operación, apoyo de retaguardia, copamiento, reserva de municiones, distribución geográfica de los efectivos) corresponde a un manual de tipo militar. El lunfardo acude en nuestra ayuda para demostrar que esta industria se basa en una mano de obra bien entrenada, segura de su IMPUNIDAD (si no, se acaba el negocio) y que sus protagonistas son trabajadores. "Afanar" viene del castellano antiguo: trabajar. Lo mismo significa hoy día en España la palabra "currar". Desempeñar un empleo. Y por ese mismo motivo los gangsters de las películas contratan a un hampón diciéndole: "Te voy a encargar un trabajito..."

Es una industria muy rentable que se basa en arruinarnos a todos nosotros.

Durante veinte años he pasado por la placita de Libertador y Olleros, camino al Buenos Aires Lawn Tenis Club. Siempre fue un sitio indeseable. Oscuro, dudoso, sucio de papeles y excrementos, con el césped arrasado. Hace dos días pasé por allí, descubriendo con sorpresa que aquí también aplican la Teoría del Vidrio Roto y la Tolerancia Cero, cuando quieren. La plaza está iluminada al giorno, con verjas negras que producen cierto respeto instintivo, con canteros rebosantes de flores.

O sea: tal vez no hagan falta batallones de policías armados hasta los dientes, sino -al menos para empezar- una buena cantidad de pintores, carpinteros, jardineros, guardianes de plaza y, sobre todo, la decisión política de vivir en un país decente, ordenado y limpio. Sin violencia en ninguna parte.

¿Que todo esto es una utopía? Hombre, claro, esa es la idea.

viernes 10 de abril de 2009

El Mito de Narciso

Su novia no quería un hijo, decidió entonces violarla brutalmente hasta tenerlo.
Cierto día descubrió que el fierro con que la amedrentaba le devolvía un reflejo de su rostro, pero deformado, ensanchado. Se miraba mucho en él, con gran orgullo por ser policía.
Hasta que un disparo destrozó el espejo.

jueves 9 de abril de 2009

El exilio indeseado

No sé si hacia donde el olvido
arrastro esto de llevarme,
ciego ante tanto nuevo ritual.

No pido la vida nueva,
sólo que este viaje hacia mí mismo
no devenga en esa huída habitual,
que esta incípida libertad no atiborre mi boca
con gusto desesperado a laberinto infinito.

No sé si hacia donde el olvido
la pluma de una paloma
volverá a destrozarme el cuerpo a golpes,
o si un afiladísimo cuchillo
con inocente ternura me acariciará los ojos.

Sin parar de llorarlo,
de llorarme miedo
al futuro vivido
en mi yerro de andar por estas aguas partidas
no sé si habré encontrado
tierra firme.

martes 7 de abril de 2009

El Contrato Social

Iba por ahí cuando una mujer bella, nerviosa pero prudente, le dijo: "me han robado, ¿podría facilitarme diez centavos para el viaje?". Rousseau pensó un segundo. Sacó pluma y hoja. Firmaron. Ella cumplió y lo besó, pero el filósofo pillín salió corriendo sin pagar, olvidándose su pluma tan bañada en oro.